El Caimán de Ciénaga y el Caimán de Plato, dos pueblos, dos historias, dos leyendas diferentes con el mismo saurio

Por: Edgar Caballero Elías|

Antecedentes históricos del Caimán de Ciénaga que se comió a Tomasita un 20 de enero y del Hombre que se convertía en Caimán en Plato para observar a las mujeres que se bañaban desnudas en el río … dos historias, dos fiestas que nos identifican y nos unen, que no deben ser combatidas sino compartidas entre dos pueblos hermanos, dos pueblos que han vivido una tradición común, histórica y culturalmente.

La Danza del Caimán cienaguero y el monumento al Hombre Caimán de Plato.

La Danza del Caimán cienaguero y el monumento al Hombre Caimán de Plato.

 “Nos lo dice el padre Revollo

que ese sí era historiador

el caimán nos lo legaron

para gloria del folclor”.

Muchos y valiosos sin duda han sido los trabajos que sobre la leyenda del caimán cienaguero se han realizado por parte de distinguidos investigadores, tan acuciosos como capacitados.

La verdad es que siempre ha inquietado a los estudiosos del folclor regional y aún a los que no lo son, pero que gustan de las polémicas, los orígenes de la leyenda y danzas del caimán, existiendo, como es de suponer, diferentes conceptos o versiones entre estos por este tema folclórico e histórico.

Siempre que se vaya a tratar el tema en referencia se presentará, inevitablemente, una concordancia con quienes están de acuerdo con el argumento tradicional conocido, y una diferencia de criterios con quienes no la comparten, especialmente en lo que tiene que ver con los aspectos históricos.

Lo que importa, sin lugar a dudas, es que todos estos trabajos seguirán aumentando toda esta documentación de aportes investigativos que de alguna manera siempre serán valiosos porque representan una faceta distinta para cotejar con los anteriores, sin que esto quiera decir que el más reciente planteamiento descubra “nuevos mundos”, ni muchísimo menos sea el dueño de la verdad absoluta o de la verdad verdadera como dirían algunos sobre un tema que, seguramente, nunca se establecerá con total acierto. De manera, pues, cada quien y cada cual sabrá seguir removiendo en ella lo que quiera y lo que no quiera también.

Tampoco vamos a discutir con la fábula o si la niña que se comió el caimán se llamaba Tomasita o no, o si sucedió un día diferente al 20 de enero, día de San Sebastián ¡Ni más faltaba! Y como uno tampoco necesita inventar lo que ya está dicho, basta con transmitir lo que otros ya han dicho de muchas maneras, en diferentes lugares y en diferentes momentos.  No hay una fecha que diga qué tal día de cuál año se iniciaron estas fiestas, que hoy, con el correr del tiempo, consagra esta tradición, que Ciénaga celebra hace ya muchos años. Nos atenemos a versiones orales de los abuelos que contaban cómo la gente se divertía por aquellos tiempos con la danza del caimán que recorrían las calles de Ciénaga para celebrar estas fiestas en los días 19 y 20 de enero. Contamos entonces una historia, con base a otra historia oral o escrita.

La fortaleza de la Leyenda del Caimán viene de sus antepasados

Remitiéndonos a los antecedentes de la historia del Caimán de Ciénaga y entrando ya a un terreno al cual no se nos autorizó entrar –que tampoco vamos a pedir permiso a nadie para decir lo que aquí estamos diciendo– pero que al tocar el tema tenemos que pisar, lo cual no significa ‘invadir’, la fortaleza de la leyenda del caimán viene de sus antepasados, y estos se remontan y se pierden en el tiempo de nuestros aborígenes.

Sin osar de eruditos en la historiografía local, creemos que nuestro sentido común nos orienta indispensablemente a que los orígenes y raíces históricas de la Danza del Caimán, al que los indígenas admiraban y atribuían poderes sobrenaturales e imploraban favores con cánticos y alabanzas, se encuentran en los antiguos habitantes de la región, los indígenas chimilas, que celebraban varios ritos alrededor de ese animal y que a lo largo de La Colonia su presencia fue persistente.

Aquellos indígenas se destacaron por tener su propia mitología basada en las leyendas sobre el origen de la vida, la tierra y los diversos fenómenos de la naturaleza.

En sus danzas usaban sus propios instrumentos como el caracol, el fotuto de la papaya, pitos elaborados en cerámica y en huesos debidamente acondicionados y una variedad percutora en tambores, que utilizaban además para actos funerales, ceremonias religiosas o míticas.

Registra la historia que 1600 años antes de la llegada de los conquistadores ya nuestros aborígenes adoraban al caimán. Los pueblos primitivos tenían gran respeto y admiración con determinados animales de la región donde vivían, considerándolos unos dioses o héroes; así ocurría con nuestros nativos que le rendían culto al caimán, que abundaba en los cenagales, caños y pantanos de la región, sacrificándole niños porque se tenía la creencia que al morir su alma tenía el privilegio de ir directamente al Cielo, que le ocasionaba una mezcla de alegría y tristeza, con cierta complacencia de felicidad que les proporcionaba el caimán que se la comió, inclusive, tenían el “mito” de que los mencionados hidrosaurios poseían poderes sobrenaturales como en el caso de adivinar el futuro.

En varias ocasiones se ha relatado por tradición oral o historia oral que los chimilas  mediante los ritos consultaban su porvenir como también el éxito de sus contiendas a los brujos de los indios chimilas que mediante ceremonias muy particulares interpretaban las respuestas de acuerdo con los movimientos o números de sumergidas en el agua de los caimanes.  Otros, por el contrario, le atribuían cierta nobleza al León, al Tigre o al Águila.

Aquellos rituales, fábulas y mitos, al doblar los años y los siglos y los cambios culturales, se fueron mezclando perdiendo su carácter mitológico y sus costumbres de fúnebre rememoración, para dedicarse por entero a la bien empleada misión de entusiasmar y divertir, conformándose de una manera rudimentaria la historia de esta danza, tomada musicalmente por Eulalio Meléndez (músico cienaguero 1841-1916) valiéndose de la melodía que él oía por tradición oral y compuso, entonces, la melodía original que conocemos del caimán, como lo informara  en su momento el maestro Andrés Paz Barros, uno de sus más aventajados alumnos, que a finales del Siglo XIX retoman los mestizos de Pueblo Viejo y Ciénaga, ya con fines no religiosos, sino festivos, en una fiesta emblemática que nos identifica y nos une con un pasado común, histórico y culturalmente, recogida y dada a conocer por Darío Torregroza Pérez, visionario e incansable soñador que siempre vivió en función de servicio para la ciudad que lo vio crecer a la que le dejó un patrimonio moral, cultural y familiar, incorporándola y adaptándola a nuestro folclor, adquiriendo en su formidable relato folclórico la leyenda del Caimán, vida y nombre.

La danza del caimán aparece en Pueblo Viejo, de acuerdo al profesor Carlos Domínguez Ojeda, sociólogo y acucioso investigador de esta población a orillas de la Ciénaga Grande y del Mar Caribe, “con los versos del señor Lisandro Marriaga un viejo decimero, pescador y trovador legendario.  Los escribió el 10 de febrero de 1864 y algunos de ellos dicen”:

Voy a explicar lo cierto

que el caimán aterroriza – bis

y a las gentes les tiraba

en las orillas del puerto

 

No fue ninguna muchachita

la que el caimán se llevó – bis

Marriaga fue quien lo inventó

con el nombre de Tomasita

 

Esa señora de Santana

y mordida estaba Estebana

que es otra de las pruebas…

 

Y desnuda la acogieron

los Hernández, doy razón – bis

y cogieron un arpón

para quitarle la vida.

 

Son los primeros versos del caimán que se conocen con los que se difundió la leyenda por la región de Pueblo Viejo, de acuerdo al ilustrado profesor Domínguez, que Darío Torregroza Pérez adicionó con historias fantásticas vinculadas a Cachimbero y Las Mercedes, escenarios que existen y pertenecen al municipio de Pueblo Viejo.

Durante los trámites de traslados del Pueblo de la Ciénaga –lo que es hoy Pueblo Viejo– al Pueblo Nuevo, como fue denominado San Juan Bautista de la Ciénaga el 24 de enero de 1751 por los incendios acaecidos en el Pueblo de la Ciénaga, y posteriormente por la destrucción de la península de Pueblo Viejo cuando se conjugaron el mar y la Ciénaga Grande, estrechándose aún más aquel espacio geográfico que ocupaban aquellas familias que obligó en su emigrar que algunos se establecieran aquí, el nuevo poblado surgió. Pero el Pueblo de la Ciénaga, reducido en su espacio geográfico y gracias a la terquedad de una minoría de sus habitantes que no emigró, conservó lo local, lo popular y sus orígenes en la historia nacional. Nunca el viejo poblado de la Ciénaga perdió su cultura y tradiciones, es así como Pueblo Viejo realiza el Festival del Caimán y el Festival del Periquillo, ésta última es una tradición que se remonta al año 1771 que consiste en la burla hacia la persona, que entonces se le hacía al Rey de España porque nunca se sometió este pueblo al gobierno español ni permitieron que se fundara un pueblo intermedio entre la Capital de la Provincia y el Pueblo de la Ciénaga, como una estrategia de defensa.

El Festival del Periquillo es un ritual que empieza a la una de la mañana donde se ridiculiza por medio de un muñeco de trapo que ellos mismos  hacen, y por medio de la actuación, mofarse del personaje que consideran propicio para la ocasión, ya sea el Alcalde, el Personero o cualquier otro funcionario público señalado por su mala conducta o por su mala administración. Ese día las mujeres se toman la localidad, los hombres no hacen nada, sólo a los artistas se les permite su trabajo, que son, precisamente, los que hacen estas figuras representadas en sus monigotes de trapo.

El Festival del Caimán por su parte, lo inician con sus danzas en Cachimbero, como todavía se le conoce a aquel sector de Pueblo Viejo frente a Las Mercedes; recorren lo que fue el Camino Real del tiempo de los conquistadores, pasan frente a las cabañas de Villavel hasta llegar al barrio Pénjamo, terminando su recorrido en la cancha múltiple de Pueblo Viejo, donde se presentan las demás danzas del Caimán de cada barrio o sector.

Aquellas danzas del caimán fueron llegando a Ciénaga cuando Ciénaga comenzaba a ser una ciudad pujante. Los primeros trabajadores de Puerto Nuevo que en su gran mayoría procedían de Tasajera, Isla del Rosario y Pueblo Viejo, traían sus danzas de allá y se concentraban en lo que es hoy el barrio El Carmen y hacían su recorrido por todo el sector del mercado y barrios aledaños.

Esas personas, gentes sencillas y alegres, conformaron su propio caimán, conocido como ‘el caimán de los portuarios’. Gustavo Hernández Ojeda, Antonio Sierra Barranco, Demóstenes Rojas Cagüana, Rodrigo Carbonó, ‘el pollo’ Güaya, Juancho Cabas y Armando Ahumada Miranda, entre otros, eran los encargados de prender las fiestas, iniciando alborozados, los tradicionales festejos del 20 de enero. Todos eran hombres, algunos vestidos y maquillados como mujeres, que era lo tradicional. La mujer apareció en el Caimán cuando el maestro Adalberto Acosta Melo le dio su importancia al integrarla a su danza.

¿Dónde y cómo sucedió la tragedia de Tomasita?

Aún se discute el lugar de aquella tragedia. Hay quienes dicen, por ejemplo, que ésta ocurrió en el Caño de San Luis, un antiguo brazo del desaparecido Puerto de Las Mercedes, cuando su madre se distrajo mientras lavaba la ropa. Este caño recibe su nombre de un pescador llamado Luis Santamaría, que se caracterizaba por salir a pescar solo y se molestaba cuando otro pescador entraba allí a pescar o a cortar leña, creyendo suyo el lugar. Era un caño bastante peligroso por la cantidad de caimanes que allí habitaban, por lo que lo consideraban también protegido por el nombre de su santo porque nunca le pasaba nada.

Otros dicen que la tragedia ocurrió en Cachimbero, que no era un barrio sino un playón lleno de mangles llamado La Punta donde había un pequeño puerto adyacente a Las Mercedes, dedicado también a la sal de espuma, que años antes, durante la gesta libertaria capitaneada por El Libertador Simón Bolívar, había sido el renombrado ‘Fuerte Cachimbero’, donde el General Maza desembarcó con su flotilla desplegándose en feroz ataque, impidiendo el escape realista por la vía marítima.

‘El Rincón de Cachimbero’, como también se le conocía y que para algunos fue donde el caimán se llevó a Tomasita, era una ensenada que quedaba al oriente de Pueblo Viejo donde estaba la Iglesia, tragada por el mar, al norte del Colegio de Bachillerato San José. Esa ensenada, partiendo de Las Mercedes hacia el norte tenía una longitud de casi dos kilómetros y allí quedaba el retén de los guardas departamentales por donde pasaban las mujeres de Pueblo Viejo con el platón en su cabeza para vender el pescado en Ciénaga.

‘Cachimbero’, tradicional nombre derivado del penetrante olor a ‘cachimba’ o tabaco impregnado en la ropa de los pescadores fumadores de “calilla”, un tabaco delgado y largo que también llamaban “paneleta”, era una región por donde también corría un caño de aguas dulces denominado ‘Caño e’ Loro’, donde iba la gente a bañarse y a lavar ropa, desapareció por efecto del mar de leva del año 1948, arrasando con La Vuelta del Diablo, un barrio al oriente de Pueblo Viejo, como también con el San Cristóbal, el viejo hospital de Ciénaga que ya venía siendo erosionado por las constantes arremetidas del mar.

El Pueblo Viejo de hoy, por supuesto, no es el mismo de antaño. Las fuertes y constantes arremetidas del mar le han hecho cambiar de topografía. Las personas mayores recordarán por ejemplo, a quienes lo conocieron en un lejano ayer, que allí existió una gran laguna de tranquilas aguas donde acuatizaban los hidroaviones de la antigua compañía Scadta, la Sociedad Colombo-Alemana de Transporte Aéreo, que no sólo hacía el tráfico de pasajeros entre Barranquilla, Ciénaga y Santa Marta, sino que también prestaba el servicio de correo que lo hacía la ‘Línea del Caribe’ dos veces a la semana.

Inicialmente los hidroaviones acuatizaban en la bahía de Santa Marta y causaban el natural asombro cada vez que llegaba o salía un “aparato” de esos, sería lo mismo como ver llegar hoy los platillos voladores u ovnis. Estos hidroaviones dejaron de acuatizar en la bahía de Santa Marta hasta cuando hubo el primer y último accidente, y sucedió cuando uno de ellos al acuatizar en la bahía el piloto se llevó por delante un poste siguiendo de largo y chocándose al final de su recorrido. Aquello fue suficiente para que los samarios cogieran miedo de aquellos “aparatos voladores” les fuera a caer sobre sus casas, y luego de una manifestación y como consecuencia de ella, se ordenó el traslado al Puerto de las Mercedes en Pueblo Viejo, donde debían acuatizar los aviones.

Muchos años antes, en 1880 aproximadamente, ya Las Mercedes prestaba el servicio de puerto como tal, con la vecina ciudad de Barranquilla. Registra la historia, y lo confirma el Padre Revollo en ‘Sus Memorias’, el muy sonado caso del señor Juancho Díazgranados en el año 1896, cuando pereció trágicamente viniendo de Barranquilla en uno de los vapores que hacían su recorrido por Las Mercedes al caer del buque donde venía a las aguas del río, sin encontrarse nunca su cadáver. Es de anotar que el Puerto de Las Mercedes debe su nombre porque allí vivían tres miembros de una familia, las Badillo Hernández, con el mismo nombre: la abuela, la hija y la nieta.

Algo muy típico tenía entonces Pueblo Viejo y era su mercado público en la plaza del pueblo. Desde las primeras horas de la noche comenzaban a establecerse puestos de ventas allí con vendedores que llegaban de Ciénaga y otros arrimaban al lugar procedente de las riberas del Río Magdalena. Después de las doce terminaba este mercado emprendiendo los de Ciénaga, viaje de regreso portando el pescado y los mariscos, marchando por toda la orilla del mar, descalzos y arremangados hasta las rodillas.

Era Pueblo Viejo entonces, el emporio de la pesca del camarón que entraba por la boca de La Barra a la laguna y se comercializaba en grandes cantidades con Barranquilla y de ahí a las ciudades del interior del país. Abundaba mucho el “chivo azul” o “mapalé” que lo secaban al sol para llevarlo también a la vecina ciudad.  Era aquel un bullicioso mercado de pescado que abastecía toda la región. La Ciénaga Grande estaba sembrada de lebranches, mojarras, sábalos, lisas, robalos, etc., eran especies comunes que en grandes cantidades consumía, no solo PuebloViejo, sino la plaza de Ciénaga que surtía el vecino municipio. La abundancia era mucha y por consiguiente la vida sumamente barata.

La Ciénaga Grande era entonces la más importante de todas las ciénagas del departamento, tanto por su extensión, superior a los 1.500 km2 con una profundidad variable de 2 a 6 metros que le permitía se navegable por buques menores que viajaban a la ciudad de Barranquilla, como por su situación geográfica y por la abundante riqueza de peces que contenía un valor económico inestimable.

Aquella península de Pueblo Viejo se comunicaba por una garganta de tierra con Ciénaga y se podía hacer el viaje en vehículos de rueda, los conocidos y tradicionales ‘carros e’ mula’, como siempre fue su nombre, antes, mucho antes de degenerarlos con los vulgares apodos de ‘cabrilla larga’ y el despreciable ‘traga peo’ o ‘gasolina verde’, y había en el extremo oriente un inmenso bosque de mangle, que era un contrafuerte contra el mar, pero se cometió el gran error de talarlo, no encontrando esta posición el mar uniéndose así con la laguna y convertida la población en una isla.

Pueblo Viejo fue en un tiempo también, antes de la prolongación de la vía férrea hasta Las Mercedes, obra que construyó la compañía del ferrocarril, secando las aguas de la laguna y antes de la canalización del puerto de Ciénaga, no sólo el puerto obligado de los vapores pequeños que entonces hacían servicio semanalmente con Barranquilla, sino que también prestó grandes servicios en la exportación de banano, entonces muy a los comienzos de la industria, en la época en que a causa de un ciclón (1895) quedó destruida la vía férrea entre la zona bananera y Santa Marta, que se exportaba la fruta por allí transportándola a bordo en pequeñas lanchas conducida por un remolcador. Era un puerto un poco seco, por lo que había la necesidad de transportar la fruta de esta forma. Esto fue después del citado ciclón.

Posteriormente, en 1918, el Puerto de Ciénaga, entonces inhabilitado, fue canalizado por el Alcalde Manuel Linero Castillo y se llamó Puerto Nuevo o  Puerto del Carmen, en el barrio El Carmen, que algunos confunden con el Puerto de Las Mercedes, de Pueblo Viejo, o con ‘Puerto Cañón’ que quedaba en el mercado de Ciénaga.

Entonces, aquellos lugares como ‘Cachimbero’, ‘El Caño de San Luis’ y el otro denominado ‘Caño e’ Loro’, adyacentes al Puerto de Las Mercedes y pertenecientes todos a Pueblo Viejo, fue donde gravitó la famosa leyenda del caimán.

Una de las referidas versiones de esta historia cuenta que allá llegaría por casualidad un 20 de enero, día de San Sebastián, una joven madre de apellido Bojato o Badillo a lavar al ‘Caño e’ Loro’, lugar donde tenía su hábitat un enorme caimán en compañía de sus hijas. Muchas fueron las recomendaciones de esta madre para la hija mayor a fin de que tuviera cuidado con la pequeñita por temor al caimán. Por eso, cuando posteriormente se creó en Pueblo Viejo, la danza del caimán, sus primeros versos fueron:

“Mijita cuida a tu hermana

que yo me voy a lavá

que por ahí anda el caimán

que se la puede llevá.”

 

Cuando su madre termina de lavar, al regresar y no ver a la niña, le pregunta a la mayor:

 

“Mijita, ¿dónde está tu hermana

que ya vengo de lavá

y traigo los pechos llenos

para darle de mamar?”

…ella llorando le contestó:

“El caimán se la llevó… el caimán se la llevó.”

 

Entonces la desconsolada madre empieza a gritar angustiada:

 

“A qué santo clamaré

para salvar a mijita

si a San Juan Evangelista

o al Patriarca San José”

 

Ante los pedidos de auxilio todos salen armados de arpones a perseguir el caimán. Era una danza que sacaban en carnaval y se bailaba entre hombres armados con simuladores de arpones, representando lo que significaba la danza: La cacería del caimán. A la cabeza de la danza iba el caimán bailado con destreza por uno de sus danzantes, que era el que llevaba la voz cantante que siempre era un buen improvisador. Musicalmente aquella danza, distinta también en su coreografía y vestimentas, se acompañaba con tambor, pito atravesao y guacharaca. Los versos, cantados en décimas, octavas y cuartillas inspirados siempre en cosas jocosas y reales, mostraban la originalidad de aquel baile.

Con el tiempo Ciénaga creó su conjunto folclórico, copió la danza del caimán de Pueblo Viejo, la incorporó y la adaptó a su folclor variando el formato musical reemplazándolo por el acordeón y el clarinete, modificando la coreografía y los versos, hoy cantados en cuartillas. Le dio su importancia a la mujer al integrarla a su danza, pudiendo así mostrar la alegría y creatividad del pueblo cienaguero y finalmente le fabricó su leyenda que fue producto de la fantástica imaginación creadora del siempre recordado amigo y folclorista Darío Torregroza Pérez, dándole vida a su historia, siendo indiscutiblemente la suya, la más clara y precisa de cuantas leyendas se han escrito: la del Puerto de Las Mercedes, pasando a ser Ciénaga así, la casa de esta ilustre y emblemática fiesta, que hoy nos identifica en el país.

Según su relato, la tragedia se originó en este antiguo atracadero un 20 de enero, cumpleaños de Tomasita, hija de Miguel Bojato y Ana Carmela Urieles, que habitaban en ‘Cachimbero’.

Cuenta la leyenda que para el festejado cumpleaños Ana Carmela salió a hacer las compras con sus hijas Tomasita y Juanita en una de las tiendas de Las Mercedes y se distrajo mientras sus hijas jugaban a la orilla del caño sin percatarse que el caimán las observaba detenidamente. Aquella máquina cazadora con enormes mandíbulas muy poderosas, famosa por cazar y matar seres humanos que detecta en su territorio y equipada con unos ojos en la parte superior de su cabeza que le permite observar a su presa, aguardaba pacientemente atrapar  una de ellas y arrastrarla al fondo del agua al primer descuido que se aproximaran a él.

A escasa distancia de las niñas, la superficie de las aguas de Las Mercedes se rompía ligeramente. De repente, sin aparente motivo, la superficie vuelve a parecer completamente plana como un espejo.

No sabían las inocentes niñas que cuando el caimán desaparece de la vista es cuando más peligroso es, y nadie, absolutamente nadie, está seguro ni dentro del agua ni en la orilla, ya que es un ondulante torpedo que se desplaza con gran agilidad por entre los matorrales y viejos troncos sumergidos que ruedan entre el agua con apariencia inofensiva, y aquel caimán, no deambulaba al azar. Rastreaba su presa callada y sigilosamente moviéndose muy lentamente en el agua evitando producir ondas hasta estar cerca su presa, para entrar en acción y atacar.

Tomasita y Juanita seguían allí jugando a la orilla de las aguas de Las Mercedes sin darse cuenta que las acechaba uno de los más peligrosos predadores de los cenagales. De pronto, los ojos del caimán desaparecieron de la superficie de las aguas de aquel puerto; ya el maldito había decidido su destino. Poco después, de nuevo, sus ojos sobresalen entre las redondas y grandes hojas flotantes más cercanas a la orilla impidiendo ser visibles. Se acercaba lento y silencioso, y sus ojos fijos en aquella criatura, en la tierna e inocente Tomasita.

De repente, la tranquilidad del ambiente desaparece. La superficie del agua abruptamente se rompe en la orilla y Tomasita, la inocente niña que jugaba a orillas de aquel tenebroso lugar de Las Mercedes, trata de correr en desesperado intento para salvarse, pero todo es inútil. Todo fue en un abrir y cerrar de ojos.

Dos enormes y poderosas mandíbulas armadas con unos puntiagudos y penetrantes dientes salen del agua y hacen presa fácil en la tierna niña, que en un instante desapareció bajo la superficie cuando el maldito caimán dio un brusco giro, y se sumergió con ella para siempre.

Pedro Mendoza Guardiola, autor de poesías y versos a la leyenda del caimán, además de acucioso conocedor del folclor, refleja su sensibilidad con el querer y sentir del pueblo, cuando con rabia y sentimiento de dolor le reclama así al maldito en uno de sus más bellos y hermosos versos:

 

“Dime caimán: ¿por qué hiciste

esa injusticia con ella?

como la viste tan bella

Por eso te la comiste

 

Después que Tomasita desapareció entre las turbulentas y oscuras aguas de aquel caño, donde muchos salieron presurosos en encontrarla viva no quedando una pulgada de aquel puerto que no se registrara siendo todo inútil, fue cuando Ana Carmela empezó a gritar enloquecida al recibir la noticia de la pérdida de su hija, mientras sus amigas trataban de calmarla acompañándola en su dolor hasta el rancho en ‘Cachimbero’, donde ellos vivían.

El viejo Miguel, ignorante aún de la noticia, continuaba festejando el cumpleaños de Tomasita. De pronto, en medio de aquel jolgorio, apareció la muchedumbre llorando y la fiesta entonces de la alegría pasó a la confusión y pánico… y se transformó en tormento.

El padre de la niña al ver a Juanita sola, corrió y la abrazó alarmado y le preguntó, como adivinando la máxima tragedia, sin saber que aquella se fuera a convertir más tarde en un pedazo del folclor colombiano:

 

“¡Ay! Mijita linda, ¡dónde está tu hermana!”

Y la niña llorando le contestó:

“El caimán se la comió, papá… ¡El caimán se la comió!”

 

La leyenda del caimán, como todas las leyendas, que encierran mas mentiras que verdades y escritas por el destino, llenas de contradicciones y sentimientos y mas inciertas de lo que podemos imaginar, es, de cualquier forma, una parte fundamental de nuestro pasado y presente que tiene sus antecedentes en la tradición oral, fábulas y mitos, que surgen de una historia pueblerina contada por alguien, que se repite siempre en distintas formas y dependiendo muchas veces también, de nuestro interés y conveniencias. No obstante, las leyendas hay que contarlas, mostrarlas y difundirlas así encierren mas mentiras que verdades, así sea cada quien a su antojo, forma y estilo, pero sobretodo, recrearlas en toda su riqueza y colorido folclórico. No importa qué tanto sean reales, se tergiversen, acomoden, adapten o qué tanto están en la imaginación de quienes las escriben…

La importancia de Darío Torregroza Pérez en la Historia de la Leyenda del Caimán Cienaguero

Es el momento oportuno y necesario para quitarle a este asunto el aspecto polémico del verdadero origen de la leyenda del caimán cienaguero, que nadie a estas alturas niega su origen puebloviejero. Tampoco es cuestión de comentar, con torcidas intenciones, que el gran creador que sacó la leyenda del anonimato, quiso en algún momento apropiarse de algo que no nos pertenecía.

Simplemente, Darío Torregroza Pérez, que en su fabuloso relato folclórico de una niña muerta por un caimán que dio lugar a un espectáculo de canto y danza de gran colorido adquiriendo su historia vida y nombre, debe tener el mérito innegable de haberla convertido en la leyenda que hoy es, perpetuando de esta manera el recuerdo de quienes se consideran sus legítimos dueños que deberían entender que si él no se ocupa de esa leyenda, se hubiera quedado durmiendo en el sueño del olvido, donde nuestros hermanos, los vecinos de Pueblo Viejo, la tuvieron guardada tantos años. Pero llegó a Ciénaga, donde se le dio status y se valorizó, donde la leyenda del caimán se volvió realidad como figura principal de un festival de regocijos populares, para siempre quedarse en el corazón de un pueblo.

Eso decirlo no debe molestar a nadie. Tampoco le resta grandeza a la leyenda de Darío Torregroza Pérez, quien a través de sus investigaciones paseó por todo el ámbito nacional la leyenda del caimán, consiguiendo para esas festividades el lugar de prestigio que le correspondía y atrayendo folcloristas colombianos y extranjeros a estudios de nuestras costumbres y leyendas. No por ello decirlo la leyenda pierde un ápice de grandeza. ¡En absoluto! Al contrario, más bien gana. No hacen estas pruebas más que corroborar la genialidad de Dario Torregroza Pérez al saber añadir al nivel histórico un nivel mítico. Nadie a estas alturas niega que esa leyenda es de él.

Es como si quisiéramos negar los antecedentes del Festival Vallenato, por ejemplo, que se originaron en Aracataca cuando en el año 1967 Gabriel García Márquez, recién llegado a Colombia después de cuatro años de ausencia, se encontró con Rafael Escalona en Bogotá y le preguntó qué había de último en Vallenato, y Escalona le contestó: “Cuando quieras te reúno lo más granado que ha salido del Vallenato.”

¿Y qué pasó? Viajaron ese año a las fiestas de Aracataca, donde también estuvieron Consuelo Araujo Molina, Álvaro Cepeda Samudio y Alfonso López Michelsen, entre otros, y fue cuando Consuelo expresó: “Como parranda y como antecedente, esto está muy bueno, pero es en Valledupar donde se debe hacer el Festival Vallenato y donde se debe oficializar estas fiestas.”

Es de anotar que ya en diciembre de 1967 había nacido el nuevo Departamento del Cesar. Precisamente, su primer gobernador fue Alfonso López Michelsen, quien se reúne en casa de Hernando Molina con Consuelo Araujo, Álvaro Escallón Villa y Fernando Mazuera Villegas, entre otros, para delinear el Primer Festival Vallenato. Después hacen una segunda reunión en casa de Paulina Mejía, esposa del difunto Pedro Castro Monsalvo –fallecido diez meses antes en un accidente en la ‘Ye’ de Ciénaga– y residencia del Gobernador López Michelsen.

Es así como en 1968 con López Michelsen y Consuelo Araujo Noguera nace la idea del Primer Festival de la Leyenda Vallenata, basada en los antecedentes de aquella parranda del año 67 en Aracataca que originó la creación del Festival Vallenato. Esa fue la entrada definitiva de los “despreciados, borrachines y menesterosos acordeoneros a la sociedad vallenata”, que durante mucho tiempo sus cultores fueron discriminados.

¿Molesta o le resta importancia o grandeza a este festival o a sus dirigentes decirlo? ¡Claro que no! Recordemos, además, que la música vallenata no es originaria de Valledupar, pero la popularidad se la dio a dicha ciudad. Ellos la acogieron como propia y por eso hoy la música vallenata, ‘tiene dueño’.  El Festival de la Leyenda Vallenata es hoy un gran festival, porque ellos, y eso hay que abonárselo, fueron los que más creyeron en esto y los que más han buscado y trabajado la inmensidad de esta música vertida en el acordeón.  Acaso el Grammy en la modalidad de vallenatos que le otorgó la Academia Latina de Artes y Ciencias de Grabación, en ceremonia especial realizada en Madinson Square Garden de Nueva York, no es una prueba de ello?

El mismo Festival Guillermo de Jesús Buitrago tiene sus antecedentes que no por intermitentes y carecer de la trascendencia que hubiera sido de desear, dejaron de ser importantes. Aquellos antecedentes también abrieron el surco para que germinara posteriormente la semilla del reconocimiento a este artista nuestro.

Destacamos, precisamente, los homenajes realizados por el propio Darío Torregroza Pérez cuando lo acompañaban a estos actos tríos, dúos, solistas y simpatizantes a su casa para entonar sus cantos y recordarlo ese día. Esos homenajes se realizaban en los aniversarios de la muerte del cantautor cienaguero y consistían en pequeños conciertos de música interpretada con guitarra. Hoy nadie quiere mencionar esos inicios ni tampoco quiere recordar esos homenajes que hacía Darío Torregroza, que fueron los primeros, y él también el primero en realizarlos.

Posteriormente y gracias de todos modos al esfuerzo e interés de Darío Torregroza Pérez, aquellos antecedentes dieron su fruto porque ya en los años 1991 y 1992 el entonces alcalde de la ciudad, Orlando Dangond Noguera, se interesó en el certamen propiamente dicho y realizó los que fueron el primer y segundo Festival Guillermo Buitrago, como así se llamaba.  Sin embargo, a pesar de esos dos buenos logros, el evento seguía sin tener trascendencia y se volvió entonces, al principio, realizándose solo homenajes con artistas cienagueros y grupos de la región en el Templete de la ciudad. Entre ellos figuraban Arturo “el mono” Obispo, el maestro Efraín Burgos García, Jorge López  Palmarini, Julio Sánchez, Leopoldo Sierra, Francisco Ariza,  “chingá” González, recordándolo en su aniversario.

Finalmente y después de cuatro largos años, porque solo fue en diciembre de 1996 cuando se presentó el proyecto al Fondo Mixto de Promoción de la Cultura y las Artes del Magdalena, FONCULTURA, el cual no solo fue aprobado, sino que recibió un buen apoyo al asignarle un presupuesto para su realización; proyecto que fue presentado por el señor Camilo Castro Stand, su principal gestor, comunicador social y periodista, adquirió vida y nombre el festival al oficializar dicho evento, por eso hoy el festival también tiene nombre propio. Pero no podemos negar ni desconocer aquellos antecedentes cuando inicialmente se esbozaron algunos actos como los homenajes a Guillermo Buitrago en los aniversarios de su muerte que hacía Darío Torregroza Pérez en su casa y después los realizados por la Casa de la Cultura en el Templete de Ciénaga, antecedentes que originaron el Festival Guillermo de Jesús Buitrago, hoy Patrimonio Cultural de la Nación, gracias al ex-Senador, Álvaro Serrano Vivius, quien fue el autor de la Ley Nº 1078 del 31 de julio de 2006, firmada por el Presidente de la República, Doctor Álvaro Uribe Vélez.

De la misma manera, entonces, también podemos decir nosotros que si en Ciénaga no surgió una leyenda del caimán, sí tiene un autor determinado que se la proporcionó: Darío Torregroza Pérez. La ficción muchas veces, como en este caso, es mejor que la realidad… Aunque la realidad aquí también podría ser otra: Que la víctima, la tierna y dulce Tomasita, la niña que el caimán se comió, no era ninguna niña ni se llamaba Tomasita, sino que era toda una atractiva y sensual mujer que un “caimán cienaguero” de esos de dos patas que abundan en todas partes, se la “comió”, nó en Pueblo Viejo en el Puerto de las Mercedes ni en Cachimbero ni tampoco el día 20 de enero San Sebastián, sino en Ciénaga en su Cueva Casa y seguramente debajo de un frondoso y fresco palo e` mango… Esa podría ser la otra realidad del cuento que dejamos a la imaginación de ustedes para que incursionemos, recreativamente, en el Mundo Real de lo supuesto…

Y existe también la versión política, que comenta el padre Revollo en “Sus Memorias”, que corresponde a las fricciones personales de dos destacados jefes políticos de Ciénaga (1.872), cuando el partido liberal gobernante estaba dividido en dos fracciones.  Los furibundos “Radicales” dirigidos por el General Francisco Labarcés, el temible “Chico Labarcés”, llamada “Los Caimanes”, y los liberales independientes cuyo jefe era el General Joaquín Riascos García, que se le conocía con el nombre de “Las Tortugas”.  Los primeros llamados así, porque su jefe, “Chico Labarcés” era temido como el Caimán, y los otros porque estaban amparados en un cuartel de fuertes paredes como el cascarón de una tortuga.

De manera, pues, que gracias a Darío Torregroza Pérez, que recogió en grandiosa y estupenda obra literaria la leyenda del caimán cienaguero, sacándola del anonimato, dándole vida a su historia que a través del tiempo hemos sabido conservarla dándola a conocer con la musicalización del maestro Eulalio Meléndez quien abrió las puertas de su universalización llevándola al pentagrama, se conoce su historia. Pero fue el maestro Adalberto Acosta Melo, folclorista de tiempo completo y verdadero artífice y promotor quien con Gustavo Rodríguez Robles, paseó y dio a conocer nuestra danza del caimán dándole brillo y presencia nacional, alcanzando los más grandes triunfos dentro y fuera del país, pero lo más importante, dejando siempre en alto el nombre de Ciénaga.

Con ellos nació la importancia del caimán de Ciénaga, que a partir de entonces su historia tiene un indudable valor folclórico. Gracias a ellos vemos ahora complacidos cómo hoy el caimán de Ciénaga es tema favorito de escritores, historiadores, profesores, estudiantes, antropólogos, sociólogos, coreógrafos, músicos, periodistas, pintores y fotógrafos que han hecho grandes aportes con sus trabajos a estas fiestas, donde le rendimos tributo a Tomasita, la víctima, cantándole al caimán, el maldito que un día acabara con su vida.

El Caimán De Plato (Magdalena) otra Leyenda – otro Pueblo

Existe también otra versión relacionada con este mítico animal, como la versión aquella que un periodista de entonces, Virgilio Di Filippo, se aventuró a publicar algo sobre el caimán de la población de Plato, que nadie le creyó, y que por supuesto, nada tiene que ver con nuestra leyenda del caimán de Ciénaga, distinta en su música, baile y coreografía a la de aquella población plateña.

Voy a empezar, entonces, mi relato, con alegría y con afán, la alegría de recrearme de nuevo con aquellas historias de tiempos idos que llegaron a incidir en otras actividades.  Y el afán que tengo en que la gente sepa que son dos caimanes distintos y un sinvergüenza verdadero.

En esa historia se habla de un supuesto pescador ‘cogedor de punta’, parrandero y mamador de gallo, llamado Saúl Montenegro, que según el relato había conseguido de un indio un conjuro que al transformarse en caimán evitaba que lo reconocieran, viendo así a las muchachas del pueblo desnudas en el río, pero sucedió que al fallarle una parte del conjuro, el tipo quedó convertido para siempre en hombre caimán.

Tal vez todo aquello hubiera quedado en un chisme o relato de pueblo si al maestro Peñaranda no se le da por hacer un tema con el vacilón de moda:

“Voy a empezar mi relato

con alegría y con afán

que en la población de Plato

se volvió un hombre caimán.”

 

Fue el relato que el ilustre electricista José María Peñaranda llevó al pentagrama en ritmo de porro “Se va el caimán”, el que se fue para Barranquilla y se quedó para integrarse a su carnaval para siempre.

Los inicios del caimán de Plato fue en la década de los años cuarenta, aunque es posible que la inspiración de la leyenda se remonte a una época anterior, como también lo es que todo fuese inventado por una cabeza afiebrada.

Sobre el caimán de Plato se han dicho tantas cosas, como por ejemplo, aquella versión que circuló del tipo que tenía relaciones escondidas con una dama del pueblo, se cubría con una piel de caimán y se metía al río hasta llegar al lugar donde ella lo esperaba y que, lógicamente, no podía llegar el pobre cristiano a quien le “quemaban la chaqueta”.

Esto, como todo lo del hombre caimán, queda en la maraña de duda, como bien lo refiere Álvaro Ruiz Hernández en su libro “Personajes y Episodios de la Canción Popular”, a quien se le agradece su valioso aporte a este trabajo; pero lo que sí es muy cierto es que desde entonces comenzaron a llamar Caimán a todo aquel “vivo” para cualquier cosa, por eso:

“La cosa no es muy sencilla

y aquí voy a despedirme

también hay en Barranquilla

caimanes de tierra firme.”

Las abuelas regañonas de Plato tenían que imaginárselas para decirle a sus nietas que no debían ir a bañarse al río porque les salía un ‘aparato raro’, que nunca se definió bien si era un hombre que se volvió caimán o un caimán que se transformaba en hombre para comérselas en el más estricto y literal significado de la palabra, y los maliciosos de aquella población de Plato decían que había que echar este cuento porque las niñas le tenían más miedo a un hombre que al mismo caimán.

Lo que sí parece cierto es que había un ‘caimán cebao’ que estaba tan descarado y sinvergüenza que los pelaos se montaban sobre él flotando como cualquier tronco. Pero como al caimán le seguían echando desperdicios de comida, la vaina no iba prosperando mucho en aquello de ahuyentar a las niñas, fue entonces cuando las abuelas regañonas tuvieron que hacerle su maquillaje al cuento, retocarlo y añadirle que el caimán tenía cara humana y hasta se daba el lujo de tener dientes de oro…

Es cuando el maestro Peñaranda hace  célebre la canción que, de no haber sido así todo esto hubiera quedado, seguramente, en una inocentada más de pueblo.

Lo que en principio pareció otro más de los tantos mata rato folclóricos inventados en los caseríos, para sorpresa de todos alcanzó darle la vuelta al mundo y ubicarse en el sitial de importancia que hoy le pertenece.

Pero esta leyenda popular perteneciente a la próspera y floreciente población de Plato, tiene también su propio protagonista, este sí, un caimán que ha logrado sobrevivir a la depredación constante del hombre que hasta se da el lujo de tomar tragos de ron.

Edgar Elías Romanos Moisés, plateño de ascendencia libanesa, nacido el 15 de Julio de 1948 en el hogar conformado por Miguel Romanos Jattar y Helena Moisés Aschkar que llegaron a estas tierras huyendo de los problemas sociales y guerras civiles en el Líbano, es el protagonista de la leyenda popular, el verdadero hombre caimán, luchador de los valores folclóricos de Plato a quien se le debe que la leyenda no solo se hubiera quedado guardada en el baúl de los recuerdos de su creativo, sino que luchó por su supervivencia y difusión logrando que tuviera fama mundial.  En el relato de su vida cuenta con la sencillez y humildad que lo caracteriza que se ha desempeñado en los más variados cargos públicos, desde dirigente cívico, futbolista, gerente de empresas públicas y árbitro, hasta político, investigador, docente y coordinador.

La gente en la calle lo llama “el profesor caimán”, mote que recibió cuando era docente en uno de los planteles educativos de Plato.  Él es quien encarna o personifica el Hombre Caimán, es el encargado de recrear esta fábula recorriendo todos los 11 de diciembre las principales calles plateñas bailando acompañado de las bandas populares y al ritmo del toque de la caña de millo al compás de los tambores. En su danzar va dando coletazos a los borrachos o curiosos que se atraviesan por su camino cuando se dirigen hacia la plaza principal donde comienzan las fiestas oficialmente.

La historia de Romanos se remonta al año 1962 cuando el creador de esta fábula, Virgilio Di Filippo Merino, un empleado público que llegó a esta acogedora tierra plateña en 1927 en misión del gobierno nacional, cuando cierto día a la casa de sus padres fueron a avisarle de urgencia que su amigo Virgilio quería hablar con él. Lo encontró muy delicado de salud, aunque sonriente en la cama. Di Filippo le mostró el dibujo del hombre caimán al entonces adolescente Edgar, (a quien le agradecemos la información aquí suministrada) y le manifestó que tenía la idea de crear una fiesta en honor al personaje de esa fábula, entonces Romanos le contestó que él (Romanos) haría realidad su idea. A partir de ese momento fue el heredero de la leyenda que lleva ya muchos años recreando.  Era tanta su insistencia de organizar esas fiestas que en el Colegio la Enseñanza de Cartagena (1963) lo apodaron “el caimán” remoquete que recibe de Juan Gossain, compañero de estudio en dicha institución

De esta manera se introdujo en un mundo que lo cautivó, despertando en él un deseo cada obsesivo por saber la historia del hombre caimán, no solo por la razón de ser del mismo suelo sino por considerar que debía cumplir con lo prometido a su creador Virgilio Di Filippo, realizando su sueño

Hoy el certamen que es una realidad y se cumple cada año, teniendo en Edgar Romanos su principal figura.

Chía Urda, una gran confeccionista que gozaba entonces de mucha fama fue la persona encargada de diseñar y elaborar el primer vestido de la personificación de hombre caimán, presentado en público por primera vez en enero de 1963.

Algo increíble: en los registros y archivos del festival aparecen otras personas como “gestoras” de este  evento, y los créditos para Edgar NO APARECEN. No se quiere nombrar a quien le dio a estas fiestas el impulso más notable, y que si hoy goza fama y popularidad se debe a quien fue el primero en darlas a conocer: Edgar Elías Romanos, permitiendo a Plato ser conocida internacionalmente como “la tierra del hombre caimán”.

Pero ha habido cosas más increíbles en la vida de Romanos que causaron angustias y desazones que hoy nos raen a la memoria.

En 1991, siendo político y dirigente cívico, en una manifestación que protestaba por los malos servicios públicos, fue herido gravemente, viviendo momentos de gran tensión hasta que unos amigos lo sacaron de esa trifulca, llevándolo lejos, porque los gestos de las autoridades por dispersar la manifestación no revelaban las mejores intenciones.

El caso quedó plasmado en los versos y cantos de los plateños:

 

“Ya abalearon al caimán

en medio de la barahúnda

quién carajo va a comprá

ese cuero de segunda”

 

En cuanto al personaje central de la trama de don Virgilio Di Filippo, un individuo de nombre Saúl Montenegro, el mismo que en el relato había conseguido de un indio un conjuro para transformarse en caimán, ese no volvió a aparecer por ningún lado, creyéndose que solo fue tomado para escribir la historia que en algunas partes se omite totalmente. Las personas de entonces, en cuyos cánticos basó Di Filippo su historia, decían que “en el Puerto Jabonal aparecía un hombre caimán”. Fue el cuento recogido por Di Filippo que indagando más sobre el asunto, escribió aquella historia que más tarde se convirtió en la leyenda del hombre caimán.

Todo esto solo son fragmentos de los muchos más que podrían decirse sobre la historia del hombre caimán de la población de Plato. Por eso, cuando esta parte del libro era solo un proyecto, quise encomendar al propio profesor Romanos Moisés para que fuera él mismo quien la contara. Me cupo el honor entonces de visitar en su casa en Plato al profesor Romanos para saber todo lo que tuvo que hacer para crear estas fiestas dedicadas al personaje creador de esta fábula que hoy salió de las nebulosas del olvido, ha recorrido Colombia entera y vive en la memoria de todos los pobladores de esa región. Le cedo pues la palabra al “profe” Romanos, quien por muchas razones no podía faltar aquí. Así empezó su relato:

“La leyenda en principio se le debe a la tribu de indios Barbudos que habitaban lo que hoy es el municipio de Plato y eran los únicos de América que poseían barba. Es muy probable que un gran porcentaje llegó de los lados del mar Caspio durante la época de los grandes imperios e invasiones, posiblemente embarcados en las flotas de los Fenicios (hoy Líbano). Por estas mismas razones en América hay nombres semejantes a los del medio oriente…”

“Estas tribus construían figuras en barro, de caimanes con cabezas de seres humanos. Consideran algunos que era por cuestiones religiosas expresando que un ser querido de alguna familia el caimán las devoró y de esta forma pasaba a ser uno con el animal: ‘hombre caimán, caimán hombre, en una simbiosis de cuerpo y espíritu”.

De acuerdo al “Profe” Romanos hasta hace algunos años estas tierras estaban plagadas de caimanes que atacaban las rancherías de los indígenas, cuando por algún fenómeno natural su comida en el río escaseaba. En memorias históricas orales se decía que estos indígenas ubicaron sitios especiales y lejanos donde colocaban animales sacrificados para que los caimanes se alimentaran y así no los atacaran a ello; también utilizaron las empalizadas, especies de estacas o cercas, alrededor de sus viviendas.

Según lo narrado por Edgar, se puede colegir entonces que la base representativa del hombre caimán tiene su origen en aquellas antiguas figuras de barro, lastimosamente sólo se han encontrado algunos “cascajos” en forma de cabeza de caimán.

En su relato Romanos Moisés cuenta que “Virgilio Di Filippo llegó a Plato procedente del Cerro de San Antonio – de donde él era oriundo – en 1927 como funcionario del gobierno y no tardó en convertirse en gran amigo de su padre, conservadores ambos. Era abogado, escritor y compositor de marchas y polkas, buen conversador y asiduo lector en especial historias de las epopeyas griegas y romanas, además de gran organista y organizador de fiestas religiosas y patronales. Al poco tiempo se casó con la profesora Clara Luz Alfaro de León, echando raíces muy profundas en Plato donde murió y donde reposan sus restos”.

Comenta a sí mismo que Di Filippo “tuvo también una discreta relación amorosa con Irene Insignares Pavas, hija de Don Bartolo Insignares Padilla, sobrino nieto del Almirante José Prudencio Padilla, quien en plena guerra de Rafael Uribe Uribe, finales de 1890, llegó a Plato integrando el Batallón Candelillas que vino a despejar de la población a unos rebeldes que estaban allí atrincherados”.

“Don Bartolo se radicó y se casó en Plato y después entró a trabajar en una ladrillera que quedaba entonces en la Calle del Sol frente al caño de Plato. Por razones de su trabajo tenía Bartolo que cruzar el caño en canoa para conseguir la leña para los hornos de la ladrillera, en uno de esos viajes encontró en medio de la vegetación unas figuras en barro con cuerpo de caimán y cabeza de hombre dentro de unas ollas del mismo material todas también semidestruidas.”

Este hallazgo se lo comentó a Di Filippo, quien ya tenía relaciones con su hija. Al indagarle Di Filippo por ellas dijo que no se las había traído porque estaban muy destruídas. Este suceso puso a volar la imaginación de don Virgilio, quien como ya dijimos era ávido lector de leyendas y casualmente en esos días leía unos escritos sobre el hombre pez de origen griego.

Sigo entonces con el relato de Romanos Moisés quien continúa con su exposición así:

“Don   Virgilio   era  parte   de   un   grupo   de   ‘selectos amigos parranderos y mamadores de gallo’, quienes en sus reuniones ‘rajaban’ de todo el mundo y salían a relucir los chismes del pueblo. Para entonces había un cura en Plato de apellido Toro a quien le ‘jalaban duro’ porque se dedicaba a ‘consolar’ tarde en la noche a las mujeres cuando sus maridos estaban de viaje. Estas andanzas del cura llegó a oídos de Virgilio y de sus amigos y es por eso que uno de los versos de la canción dice: ‘y al mirarlo de cerquita le vi rabo como toro”.

“En Plato existió un sitio que fue llamado ‘Caño de las Mujeres’ donde iban las muchachas a lavar ropa y a bañarse desnudas y algunos sinvergüenzas, entre ellos algunos del grupo de Di Filippo, iban a “coger punta” a riesgo de ir presos y encerrados en los calabozos.  Para los hombres había otro sitio especial donde se bañaban denominado ‘Jabonal’ o ‘Puerto Jabonal’ porque cuando llovía el barro amarillo que allí había parecía un jabón, era una verdadero resbaladero, de ahí deriva su nombre”.

Estos episodios que hemos resumido de lo contado por el profesor Romanos, quedaron en la mente de Di Filippo, con los cuales tuvo base su crónica periodística que dio origen a la leyenda del Hombre Caimán.

En cuanto a Saúl Montenegro, este no existió, dicho por el propio Virgilio en su lecho de muerte añadiendo que fue un nombre ficticio al que describió como un hombre moreno y pescador con la intención de alejar cualquier sospecha sobre su pariente político a quien señalaban, no siéndolo por no encontrarse allí, como uno de los “cogedores de punta” y así evitar que por represalia dijera que don Virgilio era el que en verdad iba a el “Caño de las Mujeres” a ver a las muchachas bañarse desnudas en el río. Y aunque muchos no “tragaron entero” con ese cuento, logró de esta manera no dañar su imagen ante la sociedad de Plato.

Don Virgilio, quien era empleado oficial, cuidaba mucho su imagen y por ello cuando escribía sus artículos jocosos, picarescos o críticas del orden social, político o religioso, lo hacía con el seudónimo de Luis F. Vardi, nombre con el que sacó de la localidad la leyenda con su crónica en “La Prensa” de Barranquilla que causó tremendo impacto y hasta llegaron extranjeros y periodistas de otras ciudades y curiosos que querían conocer al hombre caimán, entre ellos el entonces jovencito José María Peñaranda quien ya tenía nombre en el ámbito musical, pero nadie les dio razón, todos los del grupo de Di Filippo incluyéndolo a él mismo, se escondieron, y Peñaranda al no poder conocer a Di Filippo indignado exclamó: “pa joderlos a todos, dizque hombre caimán, las güevas, me voy pa’ Barranquilla que allá hay hasta caimanes de tierra firme”, expresión que usó en su pieza musical que recorrió el continente.

De esa visita en busca de los relatos del hombre caimán, quedaron unos versos titulados Sauromanía, del cual solo se recuerda un fragmento:

 

“De esta manera dentro de poco

de casa de loco me sacaran,

por eso, amigos, me voy ligero

pero primero se va el caimán”

 

Después del escándalo que armó Di Filippo con su crónica, aquel grupo de amigos parranderos y chismosos se desintegró por temor que a ellos los fuera a involucrar también en algún otro escándalo igual.

En una parte de la canción dice que el caimán es digno de admiración come queso y come pan y toma trago de ron.  Se le atribuye que los amigos del grupo en un día de esos de parrandas se comieron el desayuno que la señora Ana Garmedia le tenía guardado para su esposo Hipólito Rhenals.  Hubo una fuerte reacción de ella que al percatarse del asunto los levantó a escobazos, y ellos para quitársela de encima le echaron la culpa al mentado pariente de Di Filippo quien ni siquiera estaba presente pues en esos momentos estaba orinando en la cerca del traspatio de doña Ana”.

Cuando Virgilio Di Filippo le habló a Edgar de la leyenda, cómo y por qué la hizo, sus personajes y protagonistas que hicieron parte de ella, le dijo (Romanos) que él iba a ser el hombre caimán. Pasaron los años y empezó a querer su tierra y luchar por sus valores y el rescate de sus identidades.

Cuenta Romanos que cierto día del mes de octubre del año 62 a las 8:30 de la mañana llegó a su casa corriendo la señora Vilma Caro diciendo que don Virgilio se estaba muriendo y quería hablar con él. Salió tras ella y al llegar habían varias personas en la sala y el padre Sacundino Yáñez le dijo: “apúrate Edgar que quiere hablarte a solas”. Cuando pasó al cuarto él se le quedó mirándolo, sonrió y con señas le indicó que se sentara en el borde de la cama. Le agarró la mano y hablaba dificultosamente (tenía cáncer en la garganta)… “luego me enseñó el dibujo original del hombre caimán pintado por el señor Pompilio Donado Lobo con la verdadera cara del tipo de la leyenda. El dibujo estaba pegado detrás de la puerta de su cuarto y estaba muy deteriorado por los años… le manifesté que yo había diseñado el vestido para el hombre caimán y que me lo estaba confeccionando la señora Chía Urda, pues así como los santos y próceres tienen sus imágenes y festejos, yo también tenía en mente hacerle las fiestas a la leyenda del hombre caimán. Durante todo el tiempo que estuvimos a solas él no soltó mi mano. No dijo más palabras, me miró se le salieron unas lágrimas y sonrió, expirando exactamente a las 9:00 a.m. Todo apesadumbrado me levanté; había visto morir a mi “amigo viejo” como yo siempre le decía y él me entregó la responsabilidad de lo que sería la identidad cultural de mi pueblo; tuvo fe en mí, creyó en mí y yo no lo defraudé pues he luchado porque su nombre y su leyenda hagan parte de la identidad cultural de Plato y de Colombia como fue su sueño”.

 En el año 63 cursando primero de bachillerato en el Colegio la Enseñanza, de Cartagena, Juan Gossain Abdalah que también estudiaba allí lo bautizó con el apodo de “caimán” por su insistencia en organizar estas fiestas. En los carnavales de Plato de ese año 63 -enero 20- salió por primera vez estrenando el llamativo vestuario. Como anécdota sucedió que en horas de la tarde cuando salía de la casa de la confeccionista Chía Urda en el barrio Virgen de las Culebras, hoy San Rafael, varios perros lo atacaron creyéndolo un caimán de verdad destrozándole totalmente la cola.  Después de espantarlos Chía y su hermana, la modista tuvo que reparar la cola de su recién confeccionado y original traje.

Así ha seguido hasta el día de hoy cumpliendo su promesa a don Virgilio Di Filippo logrando que se oficializaran, las fiestas del hombre caimán. Para poder llevar a cabo ese proyecto se dedicó también a investigar la historia de Plato pues debía saber no solo la leyenda sino la historia para llegar a todos los rincones de Colombia y promocionar la interesante tradición de su pueblo.

Como desde niño le gustó el baile y la danza, aprendió algunos pases autóctonos como son el movimiento del caimán enamorando a la caimana, además de pases indígenas y españoles como la polka, pases de la raza negra y algunos árabes e igualmente algunos criollos creando así una coreografía original para el personaje.

Ha recorrido casi toda Colombia ganando reconocimientos y primeros lugares en distintos certámenes; en el mes de octubre de 1987 la Alcaldía de Barrancabermeja y la Junta del Festival de Acordeones del Magdalena Medio lo invitaron para hacer presencia en esa ciudad, y el 19 de noviembre en las fiestas novembrinas de Cartagena ganó el primer puesto en el concurso de comparsas entre 40 agrupaciones.

En julio de 1998 la Gobernación del Magdalena y su Instituto de Cultura y Turismo lo invitaron en forma especial al Primer Festival Folclórico del Magdalena donde recibió mención de honor.

Al año siguiente se le volvió a invitar siendo declarado esta vez fuera de concurso.

En el 2001 ganó Congo de Oro en el Carnaval de Barranquilla así como también primer lugar en el Sirenato del Mar en Puerto Colombia, y en los Carnavales de Juan de Acosta.

En el 2004, por designación del gobernador Trino Luna Correa fue la imagen viva del Segundo Concejo Comunal Departamental de la Subregión Zona Centro. También ese año fue invitado por el Instituto Distrital de Cultura de Barranquilla para presentar su espectáculo en el Salón Jumbo del Country Club con motivo de un homenaje a destacados compositores costeños, entre ellos Antonio María Peñaloza, Efraín Mejía, Pacho Galán, Luis Carlos Meyer, Rafael Campo Miranda, Mario Gareña, José Barros, Efraín Orozco, Adolfo Echeverría, Wilson Choperena y Lucho Bermúdez. Recibió el reconocimiento de todos y al maestro Peñaranda se le soltaron las lágrimas.

Y siguen otros reconocimientos y menciones de honor.

Hasta aquí la historia del profesor Edgar Elías Romanos Moisés, quien tiene también como cultor e historiador que es de Plato, algunas obras sin editar entre otras:

 – Proceso de Formación y Evolución Histórica del Pueblo De Plato.

– Cultura y Folclor. Cristianismo y Ciencias Sobrenaturales del Pueblo De Plato

– Los que Fuimos Pioneros de Mi Pueblo

– Las Verdades del Hombre Caimán

– Las Voces de Mi Alma (Poesías)

– Orígenes de los Indios Malibu y San Pablo

– Cuentos Infantiles del Hombre Caimán

 Mis deseos desde hace algún tiempo eran hablar y hacer las diferencias de estas dos leyendas: la del Caimán de Ciénaga y sus antecedentes, y la de Plato, Magdalena, y sus orígenes.

Como me faltaba mucho por investigar sobre los orígenes de la leyenda del hombre caimán de aquella población, viajé a Plato en busca de este personaje histórico que desde hace ya muchos años viene personificando cada diciembre y recreando estas fiestas con éxito nacional, despertando el interés de propios y extraños.

Ha sabido encarnar el profesor Romanos Moisés desde hace 50 años la tarea y el compromiso al pie de la letra como se lo encomendó su maestro y amigo don Virgilio Di Filippo, quien al pie de su lecho momentos antes de morir lo nombró como el único heredero de llevar por toda Colombia y el mundo su fantástica leyenda. Sin embargo, han sido muchos los beneficiados de ella, más concretamente el humorista Álvaro Lemmon quien se hace llamar con la mayor frescura “el hombre caimán de Plato Magdalena”, cuando tampoco ha sido partícipe de sus fiestas. Consideramos entonces un atropello cultural que algunos presentadores de televisión y cronistas de la prensa hablada y escrita sigan diciendo que el humorista, cuenta chistes de “Sábados Felices” Álvaro Lemmon es el hombre caimán desconociendo así al propio protagonista de toda esta leyenda a Edgar Elías Romanos Moisés, reconocimiento que SÍ le dio el Ministerio de Cultura al editar el libro sobre su vida: “Santificad las Fiestas”.

Quiero agradecer nuevamente a Romanos Moisés por toda la información que me suministró que hizo posible conocer la verdadera historia y los orígenes de “La Leyenda del Hombre Caimán”. Gracias Edgar

Dos leyendas y dos pueblos, pues, que hacen parte cada una de ellas del folclor de su región. La de Ciénaga, mucho más funesta, convertida su leyenda en historia, originada con la muerte de Tomasita a quien se le rinde culto todos los años el 20 de enero cantándole al caimán que un día se la comió, y la de Plato, Magdalena, que se le festeja cada 11 de diciembre, de un realismo mágico que habla de un “lascivo” y “lujurioso” caimán de aquella población, que se la pasaba acechando a las muchachas del pueblo cuando se bañaban desnudas en el río, llevada al pentagrama musical por su creador, el maestro José María Peñaranda, en la conocida y famosa canción “Se va el caimán”, siendo no solo un gran éxito musical sino que fue la primera pieza colombiana de la que se ocupó el cine, cuando en la película “Pasiones Tormentosas” con Crox Alvarado y Yadira Jiménez y María Antonieta Pons, el vocalista y rumbero cubano Quiko Mendive la cantó, amén de las grabaciones tan exitosas hechas por la gran orquesta argentina de Eduardo Armani y la de la Billos Caracas Boys entre otras muchas posteriores.

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Subido por Jan 27 2014. En la sección Ciénaga, Informe Especial. Usted puede comentar esta nota

1 Comentario por “El Caimán de Ciénaga y el Caimán de Plato, dos pueblos, dos historias, dos leyendas diferentes con el mismo saurio”

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