Antonio Zabaraín al Senado

Duro y Parejo

Enrique Parejo

Alfonso Diazgranados

Por Clinton Ramirez y Carlos Payares González|

El exministro de Justicia y excandidato a la Presidencia de la República Enrique Parejo González, habla en extenso de su vida política, de la muerte de Galán, de su participación durante la toma del Palacio de Justica (1985), de su lucha contra el narcotráfico, del atentado que sufrió en Budapest y de sus fallidas aspiraciones presidenciales. A sus 83 años, en uso de forzoso retiro político, no renuncia sin embargo al debate de las ideas. Pasó vacaciones de fin de año con su familia en varias ciudades de la región Caribe, entre ellas Santa Marta y su natal Ciénaga, en donde tuvo oportunidad de departir con familiares y amigos.  

Enrique Parejo

Enrique Parejo

En El Rodadero, en las instalaciones del Hotel Arhuaco, a principios de enero de este año, el doctor Enrique Parejo González (EPG), exministro de Justicia, concedió la siguiente entrevista a Carlos Payares González (CPG) y Clinton Ramírez (CR), gracias a la atenta mediación de Alfonso Díaz Granados Dávila (ADGD), exalcalde de Ciénaga, quien además participa con algunas preguntas y anotaciones.

La charla, más que una entrevista formal, se adelantó en dos tandas, en el lobby del hotel Arhuaco, entre 5 y 8 de la noche del 3 y 4 de enero de 2014.

I Parte

Enero 3 de 2004

Los inicios: De Ciénaga a Bogotá

 CR.: Enrique, me gustaría que nos hablara de la Ciénaga de su infancia y adolescencia. ¿Qué recuerda?

EPG: Yo hice mi escuela primaria en Ciénaga, Magdalena, en la Escuela Segunda Urbana de Varones. Tuve una infancia plena de felicidad que  disfruté a orillas del mar Caribe, en actividades de una gran simplicidad y cálido significado al mismo tiempo. La lluvia la aprovechábamos para bañarnos en las riadas en que se convertían las calles. Y nadábamos con frecuencia en el Mar. Una época feliz que compartí con mis amigos. El bachillerato lo hice en el Instituto San Juan del Córdoba, en dos partes. Hice hasta el cuarto grado en 1944, pero tuve que esperar hasta 1948, para concluir mis estudios, cuando al colegio le aprobaran los grados quinto y sexto, siendo rector el insigne pedagogo Campo Elías Ortega. Tocó esperar, porque mi familia no estaba en condiciones de mandarme a estudiar fuera de Ciénaga. Así que realicé el quinto de bachillerato en 1948 y me gradué en 1949, haciendo parte de la primera promoción de bachilleres del colegio, y habiendo obtenido el premio como el mejor bachiller de esa promoción, por haber obtenido las más altas calificaciones entre los alumnos de bachillerato de los cinco colegios que había en el antiguo Departamento del Magdalena (esos colegios eran, además del Instituto San Juan del Córdoba, de Ciénaga-Magdalena), los colegios Liceo Celedón, de Santa Marta; Loperena, de Valledupar; Almirante Padilla, de Riohacha, y Nacional, de El Banco; se me otorgó la Beca creada por la Asamblea Departamental del Magdalena para que el alumno que la recibiera viajara a Bogotá a adelantar estudios en la Universidad Nacional.

La beca consistía en el giro de 55 pesos mensuales, para el pago del valor del alojamiento y la alimentación en una pensión de la capital del país, mientras se cursaran los estudios universitarios correspondientes. Viajé a Bogotá, con esa beca, en enero de 1950. El valor mensual de la misma, se me giró religiosamente, si no me falla la memoria, hasta el mes de noviembre de ese primer año. Pero, en diciembre se me hizo saber que no se me giraría en 1951, si no recuerdo mal, por razones presupuestales. Sin embargo, supe que, en 1951, la beca se le otorgó a otro estudiante, tal como se dispuso en otra Ordenanza de la Asamblea Departamental del Magdalena.

CR: El 48, año fatídico para la historia de Colombia, ¿tuvo  repercusiones El Bogotazo en Ciénaga?

EPG: Sí, por supuesto. Hubo algunas encendidas protestas. A mí, en particular, me dolió muchísimo la muerte de Jorge Eliécer Gaitán, a quien había conocido, y estrechado su  mano, durante una visita que hizo al departamento para participar en varios actos políticos. Me fue presentado en la Estación del Ferrocarril, de Ciénaga. Por cierto que me tocó acompañarlo a Santa Marta. Él venía de hacer una gira por varios pueblos del Magdalena. Yo, desde luego, conocía el pensamiento de Gaitán. Admiraba sus dotes de orador, como tribuno, como un hombre de izquierda que centraba su primera preocupación en el mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo colombiano y en la lucha contra la corrupción. Su slogan de campaña era: “Por la reconstrucción moral y democrática de la Nación.” Su muerte exaltó a los liberales, a la gente que en Ciénaga y el Magdalena simpatizaban con sus ideas.

Los años de la Universidad Nacional

CR: Terminó Derecho, según estuve leyendo, en el año 58.

EPG: Sí, en el año 58, después de realizar el año obligatorio de práctica, como juez municipal y me gradué con una tesis sobre la responsabilidad penal.

CR: Es una época difícil para el país, años de intensa  violencia ¿Cómo percibió este fenómeno desde la Universidad Nacional?

EPG: La violencia tuvo grandes repercusiones en la Universidad Nacional. Hubo varias huelgas promovidas por los estudiantes, una de ellas, el día de la conmemoración del asesinato del estudiante Gonzalo Bravo Páez, ocurrida en el año 1929, bajo el régimen conservador del presidente Miguel Abadía Méndez. Ese día, la tropa, en su afán de impedir que los estudiantes -concentrados en la carrera 7ª, con la calle 13-, avanzáramos hacia el Palacio Presidencial, ubicado tres cuadras más adelante, disparó indiscriminadamente contra los estudiantes, matando a varios de ellos. Un episodio tan doloroso como injustificado. Yo pude haber perdido la vida ese día, porque me hallaba muy cerca de quienes cayeron abatidos por los disparos de la tropa. La represión armada de una marcha pacífica de estudiantes inermes, carecía en absoluto de sentido. Pero el país se hallaba entonces bajo el régimen de facto del General Gustavo Rojas Pinilla, durante el cual se cometieron hechos deplorables como éste, que fueron condenados por dirigentes de los dos partidos tradicionales, liberal y conservador, a pesar de que, en ese momento, apoyaban el régimen de Rojas Pinilla.

CR: ¿Amigos de acá de Ciénaga, de Santa Marta, de la provincia, que conoció en esa época o que hayan estudiado con usted?

EPG: Aquí, en esta reunión, se encuentra uno, el doctor Alfonso Díaz Granados, a quien conocí en Bogotá, varios años después. Otros amigos que recuerdo son Víctor Armenta Palacio, cienaguero también, quien viajó conmigo a Bogotá, para cursar estudios de Derecho en la Universidad Nacional;  Osvaldo Robles Cataño, Crispín Villazón de Armas y Esteban Bendeck Olivella. Los dos últimos se caracterizaron por ser dirigentes estudiantiles del Liceo Celedón y grandes oradores de ese colegio y, luego, de la Universidad Nacional. Fueron premiados como  oradores en concursos organizados por nuestra institución y la Universidad de México.

CPG: Doctor Parejo, ¿usted entonces tenía ya algún tipo de afiliación política con el Partido Liberal, o con cualquier movimiento de izquierda que existiera en esa época?

EPG: En los últimos años del bachillerato milité en el Partido Liberal. Yo nací en el seno de una familia liberal, que se mantuvo fiel a sus convicciones políticas durante la larga permanencia de la hegemonía conservadora al frente del gobierno de mi país. Yo era liberal por convicción filosófica. Me parecía que era el partido que interpretaba auténticamente los anhelos de la sociedad para su propia transformación. Participé, brevemente, como alumno, en la organización de los talleres de formación liberal de la universidad. Incluso, en el primer año de Derecho, fui elegido miembro del Directorio Juvenil del Partido Liberal en la Facultad de Derecho, que tenía una existencia de varios años. Con tal carácter, dirigí el periódico liberal que fundamos los estudiantes de origen magdalenense de la Facultad, pero por poco tiempo, ya que no teníamos recursos económicos para mantener ese medio informativo. Después, estuve retirado del activismo político.

CPG: ¿Conoció al profesor Gerardo Molina?

EPG: Conocí al profesor Gerardo Molina, después de terminar los estudios universitarios, cuando él dirigía el Partido Socialista y pertenecía al Comité por la Defensa de los Derechos Humanos. Recuerdo que nosotros leíamos con voracidad las obras del profesor Molina, que sirvieron de hito histórico para la consolidación de la ideología liberal de izquierda democrática en Colombia. Puedo decir, sin vanidad, que éramos buenos amigos y que yo personalmente compartía sus ideas, sin ser miembro del Partido Socialista, que él entonces presidía.

ADGD: Gerardo Molina fue Rector de la Universidad durante cinco años, desde 1945 hasta 1949, año en que terminé mi carrera de derecho.

CPG: Pero me imagino, doctor Parejo, que usted conoció a Orlando Fals Borda, durante su paso por la Universidad.

EPG: A Orlando Fals Borda también lo conocí, pero después de haber salido de la universidad. Nos encontramos en medio de la lucha por la defensa de los derechos humanos, que se libraba en el mundo universitario. Hice parte allí del comité por la defensa de los derechos humanos, del cual formaba parte también el profesor Gerardo Molina.

CPG: Usted conoció de cerca el movimiento estudiantil durante su época. Comparando el movimiento estudiantil de su época con el de ahora, ¿qué observación puede hacer usted? ¿Cómo ve, hoy, a los estudiantes, particularmente en este movimiento que se llama la MANE?, ¿su formación política, su forma de protestar?, ¿cree que están mejor que antes?, ¿con mejor capacidad ideológica o no la tienen?

EPG: , pienso que hay mayor participación, mayor compromiso de los estudiantes de la universidad en los últimos años que en la época en que a mí me tocó estudiar en la Facultad de Derecho. Hubo más compromiso político en los jóvenes de izquierda de las generaciones siguientes, militantes algunos de ellos en las filas del Partido Comunista. En mi época apenas se estaba empezando a dar ese proceso.

Recuerdo que cuando empecé a dictar cátedra en la universidad, en la década de los 70, porque yo fui profesor en la Facultad de Derecho, el primer día leí todos los mensajes revolucionarios que habían escrito los estudiantes en el tablero del salón de clases. Había una serie de consignas inspiradas en el pensamiento revolucionario del Ché Guevara. Me sorprendió ver esos mensajes, que se divulgaban a través de afiches, panfletos y graffitis. No eran cosas que solían expresar los estudiantes cuando yo cursaba estudios en la misma Facultad.

La Revolución Cubana, el Frente Nacional. La entrada en la escena política. De la Unión Liberal Popular al Nuevo Liberalismo

 CR: Al periodo de la violencia le sigue el Frente Nacional, la fuerte incidencia de Cuba en el continente, la Alianza para el Progreso. ¿Ya  era un dirigente político o estaba dedicado a la vida académica?

EPG: No era dirigente político todavía, pero miraba de cerca con gran interés la influencia de Fidel Castro y del Che Guevara en el desarrollo del pensamiento político de los pueblos de América Latina. Fidel Castro y el Ché Guevara le imprimieron un fuerte impulso hacia la izquierda al Partido Liberal, como hicieran en su tiempo, décadas atrás, Jorge Eliécer Gaitán, Gerardo Molina y Darío Echandía, además de otros pensadores, como el mismo Carlos Lleras Restrepo.  Debe tenerse en cuenta la influencia que tuvo en esa generación la guerra de Vietnam y la confrontación ideológica Comunismo vs. Capitalismo, con la guerra fría como telón de fondo, que permeó todo el cono sur. De allí surge un semillero de dirigentes que ingresan a la insurgencia armada.

CR: ¿Y en qué momento, Enrique Parejo pasa a asumir la política como otra opción?

EPG: Mi primera experiencia política, a finales de los 70 y principios de los 80, se dio en el movimiento Unión Liberal Popular, fundado por Roberto Arenas Bonilla, Luis Carlos Galán, Jaime Vidal Perdomo, Fabio Lozano Simonelli, Jaime Pinzón López y Apolinar Díaz Callejas, y otros líderes. Era un sector nuevo en el Partido Liberal que le estaba haciendo oposición en ese momento al gobierno de Julio Cesar Turbay Ayala.

CR: ¿Y a la candidatura de López Michelsen?

EPG: No me opuse a la candidatura de López Michelsen, porque tenía, al fin y al cabo, cierto carisma de hombre de avanzada y cautivaba a los electores por sus ideas contrarias al pensamiento de los últimos gobiernos conservadores. Pero al final de su mandato el país quedó sumido en una grave crisis social.

ADGD: Venía del MRL.

EPG: Efectivamente, venía del MRL. Pero se había distanciado del pensamiento social de su padre, Alfonso López Pumarejo, y había renunciado al ideario de cambio que inicialmente predominó en el Movimiento Revolucionario Liberal, MRL.

CR: A su presidencia se le sindicó de ser muy cercana a algunos barones del narcotráfico de la costa Caribe y del clientelismo político. Enrique, ¿Carlos Lleras fue el arquitecto del Nuevo Liberalismo, estaba detrás o fue iniciativa de Galán?

EPG: Carlos Lleras apoyó la actividad política de Luis Carlos Galán, que se basaba en buena medida en el pensamiento reformista del ilustre ex presidente. Pero el doctor Carlos Lleras Restrepo no fue quien impulsó el nacimiento del Nuevo Liberalismo. La idea de fundar el Nuevo Liberalismo fue de Luis Carlos Galán y de otros dirigentes liberales, como Iván Marulanda y Enrique Pardo Parra. A este nuevo movimiento se sumaron Roberto Arenas Bonilla, Jaime Vidal Perdomo y Jaime Pinzón López, entre otros, quienes venían del llerismo. De ahí salió el Nuevo Liberalismo. Todos apoyaban la consolidación de una alternativa política liberal de corte progresista enemiga del clientelismo político y de la corrupción reinantes.

CR: Pertenezco a una familia liberal. Mi abuelo era liberal y había votado por López y por Turbay, y por supuesto estaba de acuerdo que López fuera otra vez presidente en 1982. La noche del debate, cuando ya se sabía que las cuentas no le alcanzaban a López para derrotar a Belisario Betancur, mi abuelo dijo: “Es que ahí está la mano de Lleras. Haber puesto a ese muchacho que todavía no está para ser presidente. Se cagó el Partido Liberal”. Parecía muy claro que Lleras impulsó a Galán en su prematura candidatura de 1982.

EPG: Lleras impulsó la candidatura de Galán, porque vio en él la esperanza de renovación de un partido que había extraviado su rumbo histórico. Luis Carlos Galán tenía la capacidad de conocer e interpretar los problemas del partido liberal y del país. Era el hombre justo para la circunstancia política que se vivía en Colombia en ese momento y para la renovación del partido. Aunque contaba con dirigentes que buscaban la renovación y querían hacer de él un instrumento de cambio democrático y de justicia social, encontraron en los sectores internos de derecha una fuerte resistencia que frustró esa posibilidad. Recordemos que la evolución del partido liberal había sido interrumpida. Venía de una corriente renovadora que tuvo una oportunidad histórica en 1930: El Partido Liberal, con Alfonso López Pumarejo a la cabeza, secundado por una cauda de brillantes jóvenes intelectuales, puso en marcha el proceso de reforma de la Constitución de 1886 que el Partido se había comprometido a llevar a cabo. De esa manera, se quería modernizar y depurar la estructura de la Carta Política que ya había sido blanco de muchas críticas justificadas, que habían llevado a la convicción de que era urgente cambiar la Constitución. En 1936, se incorporaron a la Carta Fundamental principios renovadores tales como la función social de la propiedad y la intervención del Estado en la economía. Desafortunadamente, la fuerza arrolladora que tenía la inspiración de esos cambios no triunfó. Dirigentes políticos pertenecientes a los partidos tradicionales se opusieron a los vientos de cambio. Posteriormente, en 1948, en un segundo intento, no solo sepultamos a Gaitán, sino, la esperanza de redención para los sectores populares. Por eso, con Luis Carlos Galán renació la esperanza perdida. López representaba el establecimiento, ya se conocían sus ideas y ejecutorias, mientras que Galán representaba la transformación del partido liberal y la posibilidad de lograr el anhelado cambio.

CPG: ¿La imagen que usted tenía de Carlos Lleras no se desdibuja con su actuación durante las elecciones en que Misael Pastrana Borrero le sacó del bolsillo la presidencia a Rojas Pinilla? Más de medio país señala aún que hubo fraude electoral a favor de Pastrana Borrero, el candidato del Frente Nacional.

EPG: No, no creo que la actuación de Carlos Leras en las elecciones de 1970 pudiera desdibujar su imagen de demócrata. Por el contrario, creo en su honestidad como estadista y en sus capacidades para conducir el país, dentro de las circunstancias difíciles por las cuales este atravesaba. No creo que tuviera directa responsabilidad en el fraude electoral a que usted se refiere. Si es que realmente lo hubo.

Yo no fui en ningún momento rojaspinillista, porque vi morir a varios compañeros nuestros a consecuencia de los disparos del ejército en el gobierno de Gustavo Rojas Pinilla. De otra parte no me gustó su manera de gobernar al país, esa sí, más que autoritaria, dictatorial.

CPG: Tenía fama el doctor Lleras de ser un hombre autoritario. Amenazó con renunciar cuando no le quisieron aprobar algunos de sus proyectos legislativos  Mandó a todo el país a dormir el domingo que Rojas Pinilla derrotaba a Pastrana. ¿Ve usted en Lleras un principio de autoridad que escasea en los mandatarios de este país?

EPG: Era un hombre de temple sin duda, porque para lo que hizo se necesitaba temple, y Carlos Lleras mandó a la gente a dormir para imponer el orden. Nunca he dudado de su pulcritud como gobernante. Pero su autoritarismo, si así se le quiere llamar, nunca se apoyó en el desconocimiento del Estado de Derecho, sino en el propósito de modernizar el país, de superar estructuras administrativas obsoletas, y de conducirlo por la senda del progreso con equidad. Él hizo una reforma agraria importante para el país, la cual fue desmontada, desafortunadamente, por el Gobierno de Misael Pastrana, por presión de los latifundistas de ambos partidos, que se opusieron a ella.

ADGD: Tenía una pose de estadista que también es un condimento sustantivo para un presidente de la república.

EPG: Él hizo una reforma político administrativa que le sirvió de base a los desarrollos que más tarde tuvo su acción política. Él preparó el camino de la descentralización política del país y subrayó la importancia de la planeación.

CPG: Su papel en el Nuevo Liberalismo, doctor Parejo. ¿Cuánta cercanía con Galán, cuánta influencia, cuánta amistad con la cúpula del movimiento?

EPG: Yo entré al Nuevo Liberalismo por insinuación de uno de los fundadores de la ULP, Roberto Arenas Bonilla, quien propuso a Galán que vinculara a algunos de sus partidarios al movimiento. En el Nuevo Liberalismo pude conocer a Rodrigo Lara, a Iván Marulanda y a otros dirigentes liberales. Como también a Gustavo Gaviria Gonzalez, llerista de origen. Me relacioné más estrechamente con Luis Carlos Galán y pude valorar sus excepcionales condiciones de líder político y de estadista.  

Pero debo recordar que  la ULP fracasó en las primeras elecciones al Concejo de Bogotá porque Carlos Lleras Restrepo sí apoyó a Luis Carlos Galán, que ya se había separado de la ULP,  y no a quienes desde este movimiento aspirábamos a  llegar al Concejo de Bogotá.

Lo cierto es que Carlos Lleras le dió su apoyo a Luis Carlos Galán para fundar un movimiento político distinto, que fue el Nuevo Liberalismo, y cuyo propósito central era buscar la moralización del partido y la transformación democrática del país.  La idea nuestra era reconquistar por dentro el Partido Liberal, para hacer de él un instrumento de cambio que volviera a los cauces que le habían trazado Rafael Uribe Uribe, Benjamín Herrera y Jorge Eliécer Gaitán.

Fue así como llegamos al Congreso de la República (1982-1984) un grupo de dirigentes relativamente jóvenes, como Luis Carlos Galán, Enrique Pardo Parra, Jaime Vidal Perdomo, Jaime Pinzón López, Fabio Lozano Simonelli, Gabriel Rosas Vega y otros  cuyo nombre ahora no me acuerdo.

El doctor Carlos Lleras no tenía la  garra de sus mejores tiempos -de acuerdo con  las palabras que utilizó él mismo alguna vez- para impulsar al Partido Liberal con el concurso de todos los que hacíamos parte del Nuevo Liberalismo, hacia un proceso de renovación de carácter político, social y económico.

CR: ¿Pero antes de ser congresista estuvo en el gobierno de Bogotá?

EPG: Sí. Había estado en la Alcaldía Mayor de Bogotá, siendo alcalde Bernardo Gaitán Mahecha. Fui Secretario General de la Alcaldía, y me tocó batirme ahí con fiereza y buena voluntad, para desalojar la influencia de los clientelistas, que se habían apoderado de la cosa pública para convertirla en un instrumento de lucha electoral y de enriquecimiento personal. En mi condición de Secretario General de la Alcaldía Mayor, me correspondió encargarme varias veces como Alcalde, las veces que estuvo ausente, por períodos relativamente cortos, el Alcalde titular.

La muerte de Lara Bonilla. El Ministerio de Justicia. La lucha contra el narcotráfico y la toma del Palacio de Justicia por el M19. La embajada en Hungría.

CPG: ¿Cómo llega, entonces, después de los sucesos de la muerte del ministro Lara Bonilla, a ser Ministro de Justicia? ¿Cómo cayó ese número de la ruleta en sus manos?

EPG: Realmente, fue una situación dolorosa, sacrificaron a un hombre que estaba luchando con valentía contra una organización criminal que tenía todo el dinero del mundo y ejércitos a órdenes de Pablo Escobar y de Gonzalo Rodríguez Gacha, entre otros capos. Mi postulación al Ministerio de Justicia fue una decisión del Nuevo Liberalismo, propuesta por el mismo Luis Carlos Galán Sarmiento.

Al ser asesinado el doctor Rodrigo Lara Bonilla, el movimiento buscó a alguien que pudiera continuar la lucha que él venía adelantado a nombre del Nuevo Liberalismo contra los carteles de la droga, y que todos aplaudíamos. Colombia no era consciente aún del peligro que representaba la influencia corruptora y criminal de los carteles de la droga. Hubo permisividad, connivencia, apatía, y desde luego complicidad de amplios sectores de la política y de la sociedad.  

Cuando Galán me llamó para decirme que había estado conversando con el presidente Betancur y que se pensaba que yo podía ser la persona que asumiera el Ministerio de Justicia, en reemplazo del sacrificado Rodrigo Lara Bonilla, y que, a nombre del Nuevo Liberalismo, continuara la lucha contra los intereses oscuros del narcotráfico, no vacilé en asumir ese compromiso. Los miembros del Nuevo Liberalismo éramos conscientes de la necesidad de que el Movimiento continuara enarbolando las banderas de la lucha contra el narcotráfico y, en general, contra la criminalidad organizada, que tanto daño le estaban causando a la sociedad y a la estabilidad de nuestra ya débil democracia.

CPG: Con todo respeto, exministro, ¿no sintió culillo?

EPG: Claro que sí. Pero, veía claramente, imperiosamente, que, por encima de ese sentimiento personal, estaban los intereses de todo un pueblo, y el cumplimiento de la sagrada misión que, por voluntad popular, habíamos asumido los miembros del Nuevo Liberalismo, que era, en esa coyuntura histórica, la única fuerza política capaz de lograr ese cometido.

CR: ¿Qué dijo la familia?

EPG: Yo consulté a mi familia, tenía que ser sincero con ella. Le pinté con caracteres realistas, la situación en que íbamos a vivir, y si ellos, mi mujer y mis dos hijos, estaban dispuestos a secundarme a mí en los riesgos que  iba a afrontar y que les iba a tocar a ellos también encarar. Me dieron su total respaldo. Me animaron a vincularme a lo que parecía ser el destino del Nuevo Liberalismo, combatir el narcotráfico y trabajar por la  moralización de la política y la transformación que el país requería para salir adelante.

CR: Cambió, por supuesto, su vida cotidiana.

EPG: Cambió todo. Desde entonces mi vida se llenó de zozobra, de peligros y de muchos riesgos. Me tocaba andar por las calles de Bogotá con una escolta del DAS. Pero, a pesar de los temores, yo afrontaba con verdadera pasión ese desafío porque creía que era mi deber servirle al país en cumplimiento del compromiso que habíamos aceptado todos los dirigentes del Nuevo Liberalismo.

Sabía que era una lucha solitaria que desafortunadamente no era acompañada por toda la sociedad colombiana. Sin embargo, teníamos un objetivo ambicioso y si se quiere altruista: luchar por la moralización de las costumbres políticas del país, reivindicar a la clase media y a los sectores populares. Yo diría que esto se logró parcialmente. A las nuevas generaciones les ha calado ese discurso.

CR: Nosotros desde Ciénaga, los jóvenes que pertenecíamos al Partido Liberal por convicción y tradición familiar, teníamos fundadas esperanzas en el futuro del partido con Galán a la cabeza. Pensábamos que esa era la apuesta de Colombia, pero su asesinato nos regresó a la frustración, al escepticismo.

EPG: Sí, la muerte de Luis Carlos Galán constituyó una pérdida irreparable, porque él era, sin ninguna duda el político más importante de fines del siglo XX y de comienzos del siglo XXI, y el único capaz de realizar a cabalidad el proyecto político del Nuevo Liberalismo.

CR: Durante el gobierno de Betancur, siendo usted ministro, se produce la toma del Palacio de Justicia por un comando del M 19. ¿Cómo vivió Enrique Parejo la toma?

EPG: Siempre pensamos que los operativos que tuvieron que llevar a cabo el Ejército y la Policía para repeler el ataque de la Guerrilla del M-19 al Palacio de Justicia, debían realizarse dentro del marco de la Constitución. Había que impedir  que la guerrilla consolidara la toma, creando una situación de anarquía en el país y presionara al gobierno para obtener ventajas ilícitas por medio de la fuerza. El Estado no podía dar un paso atrás al hacerle frente a esa acción violenta de la guerrilla durante los días 6 y 7 de noviembre de 1985. Además, era su deber constitucional y legal defender las instituciones, sin quebrantar las normas de la Carta Fundamental. Esa era nuestra debilidad, pero al mismo tiempo nuestra mayor fuerza, ya que teníamos al frente un enemigo que no se consideraba obligado a actuar conforme a derecho, ni a respetar los derechos humanos. Por su parte, resulta claro que la fuerza pública no podía actuar por fuera del marco de la Constitución, ni podía violar los derechos humanos.

CR.  ¿Cómo se realizó esa operación, tuvo el gobierno control total de la misma? ¿Cómo fueron las relaciones con las fuerzas armadas?

EPG: Yo tengo dudas de que el Gobierno hubiera tenido el control total de la situación, durante la toma del Palacio de Justicia. Esas dudas se han ido fortaleciendo con el paso del tiempo, después de haber examinado con frialdad los hechos ocurridos y de conocer el testimonio de quienes estuvieron muy cerca de los acontecimientos. Creo que la Fuerza Pública en algún momento se excedió en el ejercicio de sus atribuciones; que además, incurrió en graves omisiones e imprevisiones y que, luego, en su afán de derrotar a la guerrilla, puso en peligro la vida de los rehenes, en especial la de los Magistrados de las Altas Cortes, que la Fuerza Pública tenía el deber inexorable de proteger y defender, con las limitaciones que ya he señalado.

No he dudado nunca de la buena fe del presidente, al impartirles órdenes a los comandantes de la Fuerza Pública. Sigo creyendo que actuó de buena fe en todo momento. El Gobierno, con el Presidente a la cabeza, sabía que tenía que jugársela al 100% en esa coyuntura, para no ser inferior a la responsabilidad histórica que le correspondía, frente al país y frente a la Comunidad Internacional, en defensa de la democracia y del Estado de Derecho para no poner en peligro las instituciones.

Es evidente, sin embargo, que el presidente, en desarrollo de su propósito de lograr la recuperación del Palacio de Justicia, conforme a su deber constitucional, en algún momento dejó actuar a la Fuerza Pública, previas las instrucciones que les impartió en el sentido de que, en su accionar, debían preservar ante todo la vida y la seguridad de los magistrados y demás rehenes que la guerrilla tenía en su poder. También es evidente que la Fuerza Pública se excedió en el cumplimiento de tales instrucciones, sin medir las consecuencias que ese exceso implicaba, tanto para la vida de los rehenes como para la integridad de las instituciones.

En cuanto a esos excesos, en mi condición de Ministro de Justicia, hice todo lo posible por impedirlos, para que el poder de la Fuerza Pública no se desbordara. No lo logré del todo, en primer lugar, porque yo no estaba en el sitio donde se llevaban a cabo los operativos, ni tenía claro cómo se desarrollaban estos dentro del Palacio de Justicia. De otra parte, conocía las precisas instrucciones impartidas por el Presidente de la República a los comandantes de la Fuerza Pública, en el sentido de evitar en lo posible que los operativos les causara daño en su integridad física a los Magistrados y demás rehenes que se hallaban en poder de la guerrilla. Debo señalar que los comandantes del Ejército y de la Policía no informaban a cabalidad al Gobierno sobre la realidad de lo que estaba pasando dentro del Palacio de Justicia. Las informaciones que se recibían eran fragmentarias y por ello impedían que el Gobierno tuviera una visión real sobre la gravedad de la situación.

CR: ¿Hubo un plan específico del Gobierno para tratar de solucionar la toma, al menor costo, sin entregar las instituciones?

EPG: Un plan estructurado no creo que hubiera, porque la situación creada por el ataque guerrillero aparentemente era imprevista. La guerrilla actuó de manera rápida para tratar de subyugar al gobierno, y éste tenía que defenderse de esa acción guerrillera con las armas que la Constitución pone en sus manos: El Ejército y la Policía. No creo tampoco que el Gobierno hubiera abdicado de su deber primordial de defender el orden público, y de preservar la vigencia de las instituciones. Asumió, eso sí, un costo demasiado alto al rechazar el aparentemente sorpresivo, aunque sí, violento ataque del mencionado grupo subversivo.

CR: ¿Pensaron en algún momento que las vidas de los magistrados y de la gente que trabajaba en el Palacio de Justicia podían correr peligro, que las cosas terminarían como terminaron, o no estuvo nunca en los cálculos que hubiera un retoma sangrienta?

EPG: No, no estuvo en los cálculos de ninguno, yo al menos nunca pensé que la guerrilla se atrevería a asesinar a los magistrados. Tampoco que la retoma adquiriera las dimensiones que tomó.

CR: ¿En qué momento se dieron cuenta de que el Ejército se iba a tomar el Palacio de Justicia a cualquier costo?

EPG: En el curso y desarrollo de los operativos, nos dimos cuenta de que el Ejército estaba actuando en una dirección que contrariaba las instrucciones del gobierno. O esa era por lo menos mi convicción personal.

CR: ¿Qué hizo el Consejo de Seguridad a estas alturas de la situación, simplemente dejó de actuar? ¿Hubo un rediseño en la estrategia de recuperar el Palacio de Justicia?

EPG: El Consejo de Seguridad actuó, incluso antes de la toma: se ordenó fortalecer el esquema de seguridad, por ejemplo. Hubo un plan o una propuesta para impedir que el Palacio de Justicia pudiera ser tomado por la guerrilla. Ese plan no se cumplió, porque el Ejército actuó por su propia cuenta, en función de sus fines, independientemente de que coincidieran del todo con los fines que buscaba el gobierno en su lucha contra la guerrilla. Días antes de la toma, la prensa había hecho publicaciones acerca de la existencia de un plan de la guerrilla para tomarse el Palacio de Justicia. No obstante, el dispositivo de seguridad que tenía la policía y que, a petición del Consejo de Seguridad, debió haberse redoblado, fue desmontado sin que hubiera razón para ello. Según recuerdo, el gobierno ordenó fortalecer la vigilancia para que la guerrilla no se tomara el Palacio de Justicia. Por el contrario, el Ejército y la Policía retiraron del todo la vigilancia dispuesta por el Consejo de Seguridad, lo cual facilitó el ingreso de la guerrilla al Palacio de Justicia.

CR: ¿El M-19 sólo buscó con la toma destruir los expedientes de los procesos llevados contra los capos del narcotráfico o la toma fue más bien un golpe mediático, una carta  arriesgada para recuperar terreno político? ¿Cuál es su percepción?

EPG: El M-19, probablemente, se hizo la ilusión de que la toma podía producir un gran impacto de opinión que les iba a abrir las puertas para proyectarse políticamente con más fuerza en el inmediato futuro. Creo que ese era el propósito fundamental del M-19. De otra parte, no tengo elementos de juicio que me permitan afirmar que la guerrilla ingresó al Palacio de Justicia para destruir los expedientes que la Sala Penal de la Corte estudiaba en ese momento. Algunos referidos justamente a la extradición de nacionales.

CPG: Después de más de dos décadas, los hechos permiten hacerle esta pregunta: ¿Qué fue más grave, porque ambas circunstancias fueron graves, la toma del Palacio de Justicia por el M-19 o la retoma que hizo el Ejército Nacional?

EPG: Vamos a ver si contesto su pregunta con la mejor concreción posible. Evidentemente el Gobierno tenía como objetivo primordial impedir que la guerrilla se tomara el Palacio de Justicia. Ese fue el primer objetivo que perseguía, no dejar que la guerrilla se apoderara de la situación y obligara luego al Gobierno a someterse a su voluntad.

El Gobierno esperaba que la tropa cumpliera el mandato que había emitido el Consejo de Seguridad, integrado por el Ministro de Gobierno, el Ministro de Justicia, el Ministro de Defensa, el Jefe del Estado Mayor Conjunto, el Ministro de Relaciones Exteriores, el Director General de  la Policía, y el Director del Das, si no recuerdo mal.

El Consejo de Seguridad había ordenado que se fortaleciera la vigilancia para que de ninguna manera penetrara la guerrilla al Palacio de Justicia. El comandante del Ejército dispuso, sin consultarle al Gobierno, el retiro de la vigilancia, desconociendo la orden del Consejo de Seguridad. Y, sin consultar con nadie, el Ejército y la Policía, procedieron a desmontar la vigilancia especial, lo cual permitió, la entrada de los guerrilleros al Palacio de Justicia y el asesinato, por parte de la guerrilla o como consecuencia del cruce de disparos entre ésta y el Ejército y la Policía, de magistrados de las Altas Cortes. Para establecer la responsabilidad de todos, incluyendo la del Gobierno, se constituyó un Tribunal Especial, integrado por la Corte suprema de Justicia,  para que investigara los hechos del Palacio. Ustedes y el país conocen las conclusiones de este tribunal.

CR: El Gobierno, durante la toma, y cuando ya sabían que el desenlace iba a ser trágico, ¿mantuvo contacto con los jefes del M-19?, ¿hubo algún contacto con los jefes de la toma, con Almarales o alguno de ellos?, ¿o simplemente el contacto era con los magistrados?

EPG: El Gobierno sí quiso buscar contacto con la guerrilla para convencerla de que desistiera de su propósito alocado de persistir en la toma violenta del Palacio de Justicia, con sacrificio de la vida de los magistrados. Por desgracia, nos falló la voluntad firme que creíamos existía en la Fuerza Pública en general, de actuar contra la guerrilla sin descuidar el objetivo superior, de proteger la vida de los magistrados, y de los demás ocupantes del Palacio.

Allí ocurrió algo imprevisto, desconocido por mí, que hizo que el Ejército y la Policía dejaran de lado el objetivo primordial determinado por el Gobierno, en el sentido de proteger la vida de los magistrados y demás ocupantes del palacio, y concentraran sus mayores esfuerzos sino en la exterminación de la guerrilla del M-19.

CR: Durante la toma el presidente Betancur hizo consultas. ¿Cuál fue la postura del Nuevo Liberalismo?

EPG: El enlace con el Nuevo Liberalismo era el ministro de Justicia; de ahí que hubiera estado en casi permanente comunicación con Luís Carlos Galán, a fin de mantenerlo al corriente de la situación. El doctor Galán fue inequívoco en su voluntad firme de que se procurara proteger la vida de los magistrados, y se tuvieran siempre los controles del orden público en las manos del Gobierno, para no permitir que perecieran o se debilitaran las instituciones.

CR: Concluye el gobierno de Betancur. Usted extraditó 13 o 15 narcotraficantes, siguiendo la política que traía Lara Bonilla. Quisiera conocer el balance de su gestión como ministro de Justicia en la lucha contra el narcotráfico.

EPG: No tuvimos éxito total en esa lucha, pero creo que le aportamos políticamente al país una decisión de gobierno para hacerle frente cada vez con mayor eficacia a los narcotraficantes y a los carteles de la droga.

En parte se pusieron allí las bases para derrotar al Cartel de Medellín, enfrentando a los cabecillas de los narcotraficantes que persistieran en su empeño de  sojuzgar al gobierno para que no se llevaran a cabo las extradiciones. La guerrilla quería desconocer, también, el poder del Estado, como si el gobierno no tuviera la facultad institucional de someter, mediante el mecanismo jurídico de la extradición, entre otros instrumentos legales a su alcance, a los criminales más peligrosos y más sanguinarios con que contaban entonces los carteles de la droga, tanto a nivel nacional como internacional.

CPG: En breves palabras, ¿cómo definiría usted a Pablo Escobar?

EPG: Criminal patológico, sin entrañas, a quien no le importaba dar una orden de eliminar la vida de una o más personas que se opusieran a sus designios criminales.

CR: Usted había jugado a fondo sus cartas. Unos días antes de terminar el gobierno es nombrado embajador. ¿Hacía parte de las medidas para protegerlo este nombramiento?, ¿lo ofreció el presidente, usted lo pidió, lo exigió el Nuevo Liberalismo, o la misma dinámica de los hechos lo aconsejaron?

EPG: Yo creo que lo último, la misma dinámica de los hechos lo aconsejaron, porque Galán se dio cuenta de que iban a sacrificar a otro ministro si yo seguía en el país después de la terminación del gobierno del presidente Belisario Betancur. Por ello, él planteó la posibilidad de que se me nombrara embajador, a fin de que se protegiera mi vida en el exterior. El Gobierno, entonces, me propuso el nombramiento de Embajador en Hungría, que yo acepté.

CR: ¿Y Hungría fue la única opción o entraron otras opciones en juego?

EPG: Esa fue la propuesta que se me hizo y que yo acepté.

CR: Estando en el ejercicio de ministro, ¿recibió usted o su familia, alguna amenaza concreta del Cartel de Medellín?

EPG: Claro, en todo momento estábamos bajo la amenaza de un atentado criminal.

CR: ¿Hubo llamadas o sufragios?

EPG: Hubo de todo, llamadas principalmente, mensajes dejados en canecas de basura, en los que invitaban a las exequias del ministro de Justicia o a los funerales que se iban  a llevar a cabo para enterrar con honores al ministro  de Justicia. Eso iba creando un ambiente de terror que es difícil imaginar.

CR: Estamos ya en Hungría, en Budapest, Imagino que las medidas de seguridad siguieron. ¿Usted creyó que el Cartel de Medellín podía extender su mano hasta Hungría?

EPG: En realidad, creí que no podría hacerlo, pero me convencí de lo contrario cuando hablé con el embajador a quien yo reemplazaría en Budapest. Me dijo que habían llegado a la embajada unos escritos que amenazaban con quitarle la vida al nuevo embajador. Lo supe entonces, pero no modifiqué de ninguna manera mi propósito de cumplir mis deberes como representante de Colombia en el exterior.

Desde la embajada en Hungría, logré conectarme con Naciones Unidas, organismo ante el cual también representaría a mi país. El mencionado organismo internacional me garantizó la seguridad necesaria, en Viena, sede del mismo. En la instalación de las sesiones de la Comisión encargada de la Lucha Internacional contra las Drogas, órgano ejecutivo de las Naciones Unidas para  esa materia, se acordó por aclamación mi nombre para la presidencia del respectivo período de sesiones. Esa Comisión estaba conformada por representantes de más de cien países. Se le hizo ese honor a Colombia, en cabeza mía. Yo fui el beneficiario de esa manifestación de confianza en las políticas del gobierno y en la decisión de todo el país de afrontar esa lucha contra el flagelo del narcotráfico.

Me tocó a mí, pues, continuar, en dicho escenario internacional, la lucha que había iniciado, con sacrificio de su propia vida, Rodrigo Lara Bonilla. Esa lucha representaba, también, un riesgo enorme para mi vida y la de mi familia, tanto en Colombia, como en el exterior. Mi compromiso era mantener muy en alto las banderas que había enarbolado, con decisión y coraje, mi ilustre antecesor y hoy mártir, Rodrigo Lara. Eran también, a no dudarlo, un compromiso con la memoria del ministro sacrificado y con el futuro de Colombia, en especial con las próximas y futuras generaciones del país.

Así lo manifesté en el discurso que pronuncié al momento de tomar posesión del cargo de Presidente de la Sesión del Consejo de Naciones Unidas para la Lucha Contra las Drogas. En ese discurso afirmé que no nos iban a arredrar las amenazas de los narcotraficantes. La lucha sería inquebrantable, en esa dirección.

Atentado Budapest: Usted es un hombre de suerte

El sicario puedo haber sido un hombre oriundo de la región Caribe de Colombia. Escobar ordenó no pagarle cuando supo que había fallado en su misión criminal.

CR: Ubiquémonos en el 13 de enero de 1987,  día del atentado ¿cuál fue su rutina al levantarse?

EPG: Había mucho frío en Budapest: 22° bajo cero, me aconsejaron no salir, pero yo no podía dejar de hacerle frente a mis tareas como embajador. Además, tenía una cita con un médico ecuatoriano que me estaba tratando. Así que me dispuse a salir, una vez me despedí de los miembros de mi familia que se encontraban ese día en Budapest.

CR: Sé que guarda perfecta memoria del atentado, que nunca perdió la conciencia, que es consciente de los hechos desde el momento en que el agresor lo llamó para identificarlo como el embajador hasta cuando lo ingresan al centro donde lo operaron. ¿Nos puede reconstruir la película completa?

EPG: Claro que puedo reconstruir todo eso. Yo no perdí el conocimiento en ningún momento. Recuerdo que salí de la casa como a las 11 de la mañana debido a la nevada intensa que había caído durante la noche anterior hasta las primeras horas de la mañana de ese mismo día. Al salir, vi a un hombre que venía enfundado en un abrigo pesado y con un pasamontañas en la cabeza. Lo vi venir, pero no tuve sospecha de nada. Al acercárseme, el tipo me preguntó: “¿Es usted Enrique Parejo?”, yo, sin ninguna malicia, contesté: “Sí, cómo no”. Sin haber terminado la frase ya tenía, a 30 centímetros de distancia de mi rostro, el cañón de un arma de fuego. Enseguida, sonó un primer disparo. El proyectil me perforó el pómulo derecho. El impacto me derribó sobre la nieve, de unos veinte o treinta centímetros de espesor. Traté de defenderme con los brazos de los siguientes dos disparos. El segundo de ellos, me entró por la boca y me fracturó el maxilar izquierdo. El tercero, se alojó a milímetros de la segunda vértebra cervical. Estando en el suelo, casi sin defensa, el tipo me hizo otros dos disparos. Fueron, en total, ocho disparos, de los cuales cinco hicieron impacto en mi humanidad.

CPG: ¿Todos a la cabeza?

EPG: Sí. El tipo pensó, seguramente, que yo tenía chaleco antibalas. Por eso, quizás, no me disparó sino a la cabeza.

CR: Ya en el suelo, con varios tiros recibidos, ¿se resignó a morir?

EPG: Estaba encogido sobre la nieve. Yo vi cuando me apuntó nuevamente, a la cabeza y disparó. Este otro proyectil, luego de hacer un recorrido de media luna, se alojó por debajo del lóbulo derecho de la oreja.

CR: ¿Quién lo socorrió?

EPG: Nadie. En ese momento, estábamos sólo el agresor y yo.

CR: ¿El tipo habló, dijo algo más?

EPG: El agresor sólo me hizo la pregunta inicial: “¿Usted es Enrique Parejo?” Y disparó en seguida. Mientras me hallaba tumbado sobre la nieve, vi que, a media cuadra de distancia, se encontraba una persona, posiblemente húngara, limpiando con una pala, la nieve que se había depositado frente a su casa.

CR: El acento del tipo que disparó contra usted, ¿correspondía a alguna región del país?

EPG: El acento del agresor, me resultó familiar. Pienso que podría tratarse de alguien nacido en la Costa Caribe de Colombia.

CPG: Todas estas declaraciones que han dado los testaferros, los sicarios que ha tenido Escobar, ¿en ninguna se comentó cómo fue lo del atentado suyo?

EPG: El sicario apodado “Popeye” declaró que, en una reunión de sicarios con Pablo Escobar, éste le había pedido a unos de ellos que se desplazara a Europa para asesinarme a mí, a cambio de una gruesa cantidad de dólares, pero que como el tipo falló, pues yo sobreviví al atentado, no se le había pagado nada. “Popeye declaró que  la política de Escobar era que sus órdenes debían cumplirse a cabalidad”. Debo agregar que las amenazas contra mí, mientras me encontraba en Europa, se repitieron en Praga y luego en Berna. En esta última ciudad fui informado por las autoridades, sobre el riesgo de otro atentado contra mí.

CR: ¿Quién lo socorre cuando ya está herido y el sicario huye?

EPG: Yo me levanto. Caigo las dos primeras veces pero lo intento una vez más, y de nuevo caigo. Me acerco a la puerta de la casa –donde no se habían dado cuenta de nada-. Me dolían mucho  los brazos y las manos, por lo cual le doy un puntapié a la puerta. Sale la hija mía, Karem Josefina, y me pregunta: “¿Papá, qué te pasó?”. Y a mí lo que se me ocurre decirle es: “Mija, me mataron”.  Porque yo estaba seguro de que no sobreviviría a ese atentado. Las heridas que me produjeron las balas que me disparó el sicario de Pablo Escobar, en realidad no eran tan graves, porque no lesionaron ningún órgano vital. Sin embargo, el dolor que yo sentía, me hicieron pensar que eran mortales.

El médico que me revisó las lesiones, en la sede de Naciones Unidas y donde me atendieron en el hospital, me miraba y me dijo repetidas veces: “you are a lucky man” (usted es un hombre de suerte). Y, efectivamente, las circunstancias me ayudaron a mantener la vida; las heridas no sangraron por el frío excesivo que había el día del atentado.

CPG: ¿Usted cree en milagros, Enrique? ¿Era un revólver o una nueve milímetros?

EPG: No, yo creo que no hubo ahí ningún milagro sino circunstancias favorables, afortunadas.

La pistola no era nueve milímetros; era una pistola calibre 6.35, con silenciador. Ese fue otro factor favorable, lo cual se explica porque a los países detrás de “la cortina de hierro” no podían entrar metralletas, ni nada semejante, porque existían controles fronterizos sumamente rígidos. Se trataba de una pistola pequeña, dotada con proyectiles blindados. Eso me favoreció. Además, el sicario no era un experto tirador. El tipo me ponía el arma muy cerca y soltaba los disparos. Si hubiera guardado la distancia adecuada, los proyectiles habrían desarrollado más velocidad y habrían causado un daño mucho mayor en ni  cuerpo.

CR: ¿Transcurrió mucho tiempo entre el atentado y el momento de la intervención quirúrgica?

EPG: Se perdió una hora después del atentado, porque la casa donde yo residía se hallaba en una parte alta y la ambulancia donde llegaron los médicos tuvo dificultades para subir, a causa de la densa capa de nieve que cubría las calles. Quizás valga la pena decir que ese lugar se llama, precisamente, “La colina de las rosas”. Ya se comenzaba a formar hielo. Las autoridades tuvieron que buscar un carro oruga, de llantas grandes, para poder subir. La camilla donde yo estaba acostado fue transportada en el planchón del camión militar, que me recogió y pudo llevarme a la clínica más próxima, para la realización de la operación quirúrgica correspondiente.

CPG: ¿Ibas transportado al aire libre?, ¿ibas viendo el cielo acostado?

EPG: Sí, claro.

ADGD: ¿Qué explicación dieron, ministro, para que no hubiera una defensa física del embajador, se conocía que se iba a atentar contra usted?

EPG: No lo sabían, no lo creían, no estaban preparados.

CR: ¿Pero tenía seguridad?

EPG: No. Las autoridades húngaras no habían tomado ninguna medida de seguridad, hasta ese momento.

El gobierno húngaro me suministró posteriormente apoyo policial. Y el gobierno de Colombia me envió un escolta de la policía que viajó a Budapest, pero sin arma de dotación. Yo adquirí el arma que debía usar dicho escolta colombiano. En Praga tuve que adquirir otra arma, a efectos de contar con alguna protección en mi residencia. Hasta ahora, el Ministerio de Defensa no ha querido o no ha podido revalidar el salvoconducto de esa arma. Y la agencia estatal de protección me retiró recientemente la escolta conformada por un sargento de la Policía Nacional, que, en un acto de generosidad, que no puedo menos que agradecerle, me mantuvo dicha entidad, sin que yo lo hubiera solicitado. La medida se tomó después de una evaluación que sobre esa materia realizó  la misma policía.    

CR: ¿Su carro era blindado?

EPG: No, yo no tenía carro blindado.

Al llegar a Budapest me compré un carro Mercedes-Benz, que me vendió un embajador que venía de regreso para Colombia, que se había desempeñado como embajador en Moscú. Cuando supo que yo estaba comprando un vehículo, me dijo: “Hombre, doctor Parejo, le vendo el mío, porque no tengo interés en llevarme este.”. Era un carro impecable, me dijo que no lo había sacado de Moscú y lo tenía incluso con llantas de repuesto y me las dejó a mí. Él lo había comprado a un embajador de Estados Unidos, muy barato, y me lo vendió por lo mismo que él había pagado.

CR: Ya está en el hospital, consciente, hasta cuando lo entran al quirófano. ¿Qué pensamientos tuvo, qué imágenes?, ¿en qué pensó, en su mujer, en sus hijos?

EPG: No vi el túnel ni nada. No recuerdo nada especial. No pensé en nadie. Sólo seguía el sonido de las radiografías, que  me las hacían como quien acciona cámaras fotográficas, no como si fueran radiografías. Me apuntaban donde querían sacar la foto y la sacaban.

CPG: Las de la cara, se llaman “panorex”.

EPG: No, esas no, esas me la hicieron después.

CR: Lo operó un equipo de médicos, ¿qué tiempo duró la cirugía?

EPG: Creo que no pasó de una hora, hora y media.

CR: Cuando despertó, ¿lo creyó, siguió hablando normal?

EPG: A mí me visitaron unos colegas y me preguntaban cómo estaba. Y yo respondía que estaba como salido de una pelea con Muhammad Alí. Tenía cosida la boca, pero podía expresarme, y así hablé en las Naciones Unidas.

CR: ¿Lo entraron a cuidados intensivos o lo mandaron enseguida para una pieza normal?

EPG: No hubo cuidados intensivos.

CPG: ¿Y la fractura del maxilar fue parcial o total?

EPG: Fue total.

CPG: ¿Le colocaron férula, tornillos?, ¿Lo alimentaban con sonda?

EPG: Me aseguraron las dos partes del maxilar con alambres y con un caucho fuerte.  Me alimentaban con pitillo.

CR: ¿Lo operaron en un Hospital de Naciones Unidas?

EPG: Me operaron primero en Budapest y luego en Alemania, en Landsthul, en un hospital de la OTAN, donde me hicieron la cirugía para sacarme uno de los tres proyectiles que se habían alojado en mi cabeza, precisamente el que se hallaba ubicado entre las vértebras primera y segunda de la columna vertebral. Recuerdo que allí, en ese hospital, me visitó Luis Carlos Galán, que estaba en Europa. Permaneció tres días en Landsthul, y regresó a Colombia después de la cirugía a que fui sometido en esa ciudad, cuando se le informó que yo estaba fuera de peligro. Su visita, su preocupación, hacen parte de la amistad que siempre me dispensó mientras estuvimos en el Nuevo Liberalismo. Dejo constancia de mi sincero agradecimiento para la memoria de Luís Carlos Galán

CR: ¿Cuántos días duró su recuperación?

EPG: 20 días. A los 20 días, ya estaba trabajando.

CR: Alguna anécdota de su recuperación.

EPG: Sí, en Londres, a los pocos días de la salida del hospital, un amigo promovió una reunión con Luis Carlos Galán y con otros amigos que llegaron a Landsthul y, posteriormente, a Viena. En esta última ciudad, se encontraban Luis Carlos Galán, Daniel Samper Pizano y  Gustavo Gaviria González –que era un gran amigo de Galán-. Yo tenía que tomarme la sopa de langosta con un pitillo (la licuaban completamente). Era para reírse. Estando allí, me vi, de paso, con Juan Manuel Santos, el hoy presidente de Colombia, quien me saludó y me expresó su complacencia por el hecho de que yo hubiera podido sobrevivir al atentado cometido contra mí por los sicarios del Cartel de Medellín.

CR: ¿Se marchó para Londres inmediatamente salió del hospital?

EPG: El atentado fue el 13 de enero, y me fui para Londres diez días después. Regresé a Viena para asistir a la instalación del Consejo Directivo de Naciones Unidas para la Lucha Contra las Drogas.

El 22-23, yo estaba pronunciando mi “speech”, en las Naciones Unidas, en Viena. Previamente, había hecho varios ensayos, ya que a juicio de mi hijo, Carlos Enrique, al principio no se me entendía mucho lo que decía, porque tenía la mandíbula inmovilizada y me costaba mucho trabajo pronunciar las palabras con claridad.

CR: Sigue su nombramiento como embajador en Checoslovaquia

EPG: Después del atentado, percibí algunas molestias en el gobierno húngaro, el cual no esperaba que sucediera un atentado como el que se cometió contra mí. Eso jamás sucedería allá. Entonces pedí mi traslado. Vine a Colombia, hablé con el canciller y me ofrecieron un traslado a Praga, el cual acepté de inmediato.

Pablo Escobar. La muerte de Galán. La renuncia a la embajada en Praga. El rompimiento con Gaviria.

CPG: ¿Usted supo que Pablo Escobar juraba que lo mataba porque lo mataba?

EPG: Sí, claro. Yo me enteré por el penalista Federico Estrada Vélez, él me dijo: ‘Enrique, yo te quería comentar que me reuní con Pablo Escobar, porque él me llamó, me citó a su oficina, y yo del susto de decirle que no, fui’.

CPG: La oficina quedaba, entiendo, en un edificio que se llama La Cengua, en La Playa, al lado del edifico Coltejer; ahí tuvo Pablo Escobar su oficina.

EPG: Federico Estrada Vélez me dijo que le dio susto ver a Pablo Escobar rodeado de gente armada, y cuando Pablo Escobar le preguntó: ‘¿Qué se toma, profesor?’, él dijo: ‘Pues don Pablo, un whisky doble’, porque el susto que tenía era grande. Se tomó el whisky y ya sereno habló con él. Pablo Escobar le dijo: ‘Bueno, yo lo he mandado a llamar porque quiero que usted me ayude en la aprobación de un proyecto de acto legislativo para acabar con la extradición de nacionales, que se encuentra en curso en el Senado. Y por sus servicios le entrego este cheque en blanco (le pasó un cheque en blanco), para que lo llene por la cantidad que estime conveniente’. Me contó el doctor Estrada Vélez que él le había respondido (después de devolverle el cheque en blanco):  “Lo siento mucho, don Pablo, pero yo no puedo hacer eso, porque soy el congresista que habla en la Comisión Primera Constitucional siempre que se plantean estos temas, y ya conocen mis puntos de vista sobre la extradición. De manera que me quedaría mal permanecer callado u oponerme a un proyecto cuya tesis central siempre he sustentado’. Entonces Pablo Escobar le dijo: ‘Bueno, digamos que no lo defiende, que no pide que se apruebe.’ Él le respondió: ‘Don Pablo, por la misma razón no me puedo quedar callado’. Pablo Escobar, al despedirlo, lo acompañó a la puerta  y le dijo: ‘Quiero decirle, doctor Federico, que en cambio a ese ´hp´ del ministro de Justicia lo vamos a matar, no importa para dónde se vaya, donde quiera que esté lo vamos a buscar y lo vamos a matar.

CR: ¿Eso fue después del atentado?

EPG: Después del atentado.

CR: ¿Se lo contó en Bogotá?

EPG: No, estábamos los dos en Roma. Después de que fui víctima del atentado. Yo no estaba advertido de una amenaza tan concreta.

CR: ¿Cuánto tiempo permaneció en la embajada de Checoslovaquia?

EPG: Estuve hasta el año 91, porque después fui trasladado a la Embajada de Colombia ante la Confederación Helvética, en Berna.

CR: Doctor Parejo, rompe usted con el gobierno de Gaviria ¿Qué le molestó?

EPG: Me indignó que el presidente César Gaviria se pusiera a negociar con los asesinos de Lara Bonilla y Galán. Me molestó mucho y por eso mandé una carta de renuncia a mi cargo de Embajador, en la cual expresé que no me parecía bien que el gobierno estuviera negociando una absurda política de sometimiento a la justicia que, en el fondo, implicaba la claudicación del Estado ante los narcotraficantes, es decir, ante los peores criminales que ha habido en el país, a quienes cabía toda  la responsabilidad en los asesinatos de Rodrigo Lara y de Luís Carlos Galán. En efecto, esa política le concedía indignantes beneficios a esos criminales. Pero además, su política económica neoliberal tampoco era legado del Nuevo Liberalismo. Los mismos postulados sociales de la Constitución Política de 1991 se apartaban de esa política, cuya aplicación le trajo miseria y desempleo a los campesinos.

El ministro de Relaciones Exteriores me manifestó que el Gobierno no podía aceptar la renuncia, teniendo en cuenta los apreciables servicios que le había prestando a Colombia. Sin embargo, teniendo en cuenta el carácter irrevocable de mi renuncia, que le puse de presente, el Gobierno se vio precisado a aceptarla.

CR: ¿La muerte de Galán dónde lo tomó?

EPG: En Praga.

CR: ¿Supo inmediatamente del atentado?

EPG: Sí. A mí me llamó inmediatamente después del atentado un amigo que me dijo: ‘Te cuento que acaban de herir al doctor Luis Carlos Galán, en una manifestación en Soacha.’, y casi inmediatamente después otro amigo me llamó para decirme que el doctor Luis Carlos Galán acababa de morir.

CR: ¿Y su impresión?

EPG: Desolación inmensa.

CR: ¿Usted vino al sepelio?

EPG: No. Era riesgoso. Quise asistir pero al final desistí del viaje. Llegué dos días después luego de que mi hijo me hubiera coordinado el tema de seguridad con la Policía, porque el DAS decidió asignarme al mismo jefe de escoltas de Luis Carlos Galán, de quien no se tenían buenas referencias. Por ello mi hijo recurrió a la SIJIN, entidad que prestó el servicio de escoltas.

CR: ¿Hubo fallas en la seguridad de Galán durante el atentado?

EPG: Hubo fallas, graves fallas. Eso es notorio. Y la prensa lo registró así. A Galán le prepararon un atentado en Medellín que las autoridades impidieron por una llamada recibida que advirtió del hecho. Las armas con que iban a matarlo fueron encontradas. Además, Galán seguía seriamente amenazado, de manera que uno no entiende por qué se descuidó la seguridad. Sorprende que se haya incurrido en el error grave de exponer su vida en una manifestación pública, para que le dispararan, sin que se hubieran tomado las medidas de protección apropiadas. Los sicarios lo mataron porque no tenía una adecuada protección.

ADGD: Trataste mucho con él, ¿cómo defines a Luis Carlos Galán?

EPG: Galán era la más firme esperanza de redención del pueblo colombiano, y fue asesinado sobre la base de que era, precisamente, la última esperanza que tenía el pueblo colombiano de transformarse y afianzar su democracia.

Él tenía una mayoría consolidada en las encuestas, su elección como presidente de Colombia era inexorable. Precisamente, por eso lo mataron. Por desgracia, muchos sectores lo consideraban un obstáculo para sus intereses políticos.  

CR: ¿Hubo una conspiración?

EPG: Yo creo que tuvo que haberla habido.

CR: ¿A quiénes benefició la muerte de Galán?

EPG: Eso era lo primero que se preguntaban los romanos cuando mataban a alguien, ¿a quién beneficiaba ese crimen? Yo creo que aquí hubo varios beneficiarios del atentado contra Luis Carlos Galán, porque Luis Carlos tenía enemigos de cuidado en el ámbito político. Le cerraron el paso hacia la Presidencia y hacia la consolidación de su programa de democratización.

CR: ¿Incluso en el liberalismo?

EPG: Incluso en el liberalismo.

CPG: Muerto Galán, ¿por qué Gaviria?

EPG: Eso fue una conspiración de las circunstancias. Pasó. Voluntad del destino y de las circunstancias, que uno a veces no puede escrutar. Una vez desaparecido el extraordinario estadista que había en Galán, esas circunstancias se desencadenaron en favor de las mismas fuerzas oscuras que movieron las manos criminales que segaron su vida.

CPG: ¿No fue entonces obra de la señora de Galán?

EPG: No, en ese momento de desconcierto a raíz de la muerte de Luis Carlos Galán, se pensó que había que buscar una salida política clara y sólida.

CPG: ¿Esa salida fue afortunada o desafortunada?

EPG: A mi juicio, no fue afortunada. Porque a Luís Carlos Galán lo sepultaron y su discurso, su mensaje, al igual que las esperanzas del pueblo, que él encarnaba, fueron enterradas con él.

En una reunión posterior se discutió la sucesión de Luis Carlos Galán y yo dije que a Luis Carlos Galán no lo podía remplazar sino alguien que estuviera plenamente identificado con los postulados del Nuevo Liberalismo y que ese alguien no podía ser César Gaviria.

CR: Entra a la política, crea un movimiento, ¿pensó usted continuar con los postulados del Nuevo Liberalismo?, ¿se sintió obligado a retomar con la tarea inconclusa?

EPG: Yo me sentí defraudado, porque los postulados, el pensamiento de Luis Carlos Galán no tenían reafirmación en la vida nacional. Entonces asumí el riesgo de tomar las banderas del Nuevo Liberalismo y seguir la lucha de Luis Carlos Galán, por el sendero que creía que él había trazado, fracasé. Solo algunos amigos del Nuevo Liberalismo me acompañaron.

CR: ¿Siente frustración de no haber podido sacar adelante su proyecto político?

EPG: Sí, evidentemente, frustrado porque las ideas por las que venía luchando Luis Carlos Galán no se pudieran materializar en la realidad política del país.

CR: ¿Y eso produjo su retiro de la política?

EPG: No, y sí en cierto sentido. Porque al plantear yo la posibilidad de continuar la lucha de Luis Carlos Galán y no haber tenido el respaldo suficiente para poder sentirme en realidad el abanderado de esas ideas, decidí entonces abandonar la lucha política. Por eso hoy en día estoy fuera del juego político.

CR: ¿La tarea está pendiente?

Galán no ha sido sustituido por nadie. Su pensamiento político está ahí, expósito, Algunos pensaron que se podía servir al Nuevo Liberalismo a través de una candidatura ajena. Se equivocaron, fracasaron, nadie que haya salido a la palestra ha interpretado auténticamente la voluntad política de Galán. Sus hijos han incursionado en política y han querido asumir esa bandera. Pero es mi deber advertir que entrar al mismo juego político que Luis Carlos Galán y el Nuevo Liberalismo combatieron, desdibuja el espíritu de esa histórica agrupación.  

Yo intenté hacerlo, porque me consideraba intérprete fiel del pensamiento de Luis Carlos Galán, pero no alcancé el respaldo suficiente para lograrlo.

CR: ¿Y la familia de Galán, la viuda, lo respaldaron?

EPG: No me respaldaron. Incluso, expresaron desacuerdo con mi posición crítica frente al Partido Liberal, frente a Julio Cesar Turbay y frente a César Gaviria.

CR: Sus relaciones con el Partido Liberal nunca mejoraron. Entiendo que hubo un forcejeo en el seno del Nuevo Liberalismo a raíz de los acercamientos que en vida de Galán se dieron con el expresidente Julio Cesar Turbay.

EPG: Yo me fui “lanza en ristre” contra Turbay. Pensaba, y sigo creyendo, que Galán era la antítesis de Turbay, que sus ideas no comulgaban. Cuando expresé que las ideas de Turbay no podían estar cerca de las ideas de Galán, a mí me desautorizaron en el seno mismo del Nuevo Liberalismo. Algunos pensaron que sí había un espacio de entendimiento entre Galán y Turbay y creyeron oportuno que conversaran para llegar a un acuerdo. Acuerdo que era imposible, a menos que se sacrificaran principios básicos del Nuevo Liberalismo, que eran su razón de ser y su justificación histórica.

Galán tuvo las puertas abiertas para conversar con Turbay, pero no fue interpretado fielmente por éste ni por muchos dirigentes del Partido Liberal. A Turbay y otros dirigentes liberales buscaban la satisfacción de intereses políticos subalternos, aun cuando se piense que ya los habían colmado todos. A Galán sólo lo movían los grandes intereses nacionales y la construcción del futuro de la Patria, en beneficio de las generaciones venideras

La historia tendrá que reconocer que no nos equivocamos quienes pensamos que ese no era realmente el camino para la solución de los problemas del Liberalismo y del país y que las soluciones que plantearon Jorge Eliécer Gaitán, Carlos Lleras Restrepo y Luis Carlos Galán, entre otros, están ahí, abandonados, en espera de su necesaria recuperación.

 

 

ENTREVISTA CON ENRIQUE PAREJO GONZALEZ

Para la última parte de la entrevista, Enrique Parejo llega al lobby del Arhuaco acompañado de Alfonso Díaz Granados. Vienen del apartamento de este último, en el Edificio Mara.

Explica que ha estado con su mujer, Josefina Gallardo y un sobrino de ésta visitando a familiares y amigos en Ciénaga y Santa Marta. Carlos Payares se nos reúne a los pocos minutos. Alfonso Díaz Granados regresa con paso lento de la recepción, a donde marchó a solicitar una mesa y sillas para seguir la entrevista. “Los príncipes están servidos”, anota. “Adelante, pues”.

Tomamos asiento. Carlos Payares enciende su grabadora. Enrique Parejo se cruza de piernas y yo, a su lado, suelto mi primera pregunta, que en realidad es una invitación a que Enrique Parejo converse sobre sus candidaturas presidenciales y de paso de la política colombiana de los últimos veinte años. Alfonso Díaz Granados solicita tintos y algo de picar.

 

II Parte

Enero 4 de 2014

 

De la aspiración presidencial al retiro de la política. Sus nulas relaciones con los últimos gobiernos, crítica a la política de justicia y paz de Uribe, los Diálogos de La Habana, y las elecciones presidenciales 2014.

 

CR: Fundó un movimiento político. Fue candidato presidencial dos veces. En 1994 por Alternativa Democrática Nacional y en 2006 por el Movimiento Reconstrucción Democrática Nacional. Aspiró también al Senado en 1998. ¿Qué se propuso?

EPG: Quise darle a conocer a los colombianos mi pensamiento político, los invité a construir una Colombia justa, solidaria y en paz, pero no tuve audiencia. Insistí en la lucha contra la corrupción, en hacer reformas sociales, en desprivatizar el Estado, en manos de verdaderas empresas políticas sin ningún compromiso con el país real, que usan las entidades del Estado para su beneficio particular.

Hoy sigue igual, parcelas burocráticas y paquetes de contratos son adjudicados para sobrevivir políticamente y lucrarse en un círculo infernal que deja afuera a los electores. Se acabaron los grandes debates políticos en el Congreso y la prensa. La mermelada prevalece sobre las ideas. La práctica no es nueva, sirvió para lograr la reelección de Uribe. La sociedad colombiana sigue siendo la gran damnificada.

CR: ¿Qué sucedió con Enrique Parejo después de sus campañas políticas?

EPG: Mi partido político perdió la personería jurídica la primea vez al no alcanzar la cantidad mínima de votos necesarios para mantenerla. Reagrupé a la gente y volví a solicitar la personería jurídica. Me la dieron, e insistí en mis aspiraciones políticas. Aspiré incluso al Senado, para el que saqué un importante número de votos, pero aquí tengo que indicar que me hicieron fraude.

CR: Imagino que fue consciente de haberse  enfrascado en una batalla quijotesca.

EPG: Para las campañas presidenciales, me dieron el apoyo económico institucional que dan a los partidos políticos con personería, pero no conté con mayores respaldos económicos. Yo no manejaba sino “un presupuesto irrisorio” y no tenía recursos propios para hacer una campaña en forma. Las ideas estaban.

Mientras yo ponía un afiche, o un aviso cada mes, los candidatos a la presidencia estaban proyectando 3, 4, y hasta 5 propagandas cada día. Por supuesto, ni pensar en publicidad televisiva en mi campaña presidencial.

No podía manejar recursos para hacerle frente a los otros candidatos, mucho menos a los que contaban con el apoyo del Cartel de Cali. Samper, por ejemplo. Entonces no había nada que hacer, era una pelea de tigre con “burro amarrado´.

CR: Insistió en su aspiración presidencial…

EPG: Luego del segundo fracaso vi que no había ninguna posibilidad de hacer nada, no podía intentar un nuevo ingreso a la política; y entonces el movimiento se canceló, y no volvió a recibir, por supuesto, fondos del Estado. Rendí mis cuentas y me retiré de la actividad política.

CR: ¿Qué balance hace? ¿Siente que alcanzó algo?

EPG: La finalidad era llegarle al país con mis mensajes y propuestas. Me faltó malicia para entender que estaba frente a otro país, más pragmático y menos interesado en el discurso contra la corrupción. Yo era un fundamentalista, según algunos, por enarbolar esas banderas. El cinismo había permeado a sectores de opinión.

Y no pasó más nada. Vino el capítulo de Gustavo Gaviria, un importante empresario cafetero, amigo de Galán, quien prácticamente en su lecho de muerte, en 2013, me llamó para conversar sobre el futuro del país y sobre temas políticos. Invitó también a Gabriel Rosas. Quería que siguiéramos dando batalla, pero murió a los pocos días de la reunión que tuvimos.

CR: ¿Esa fue su última actuación política, el colofón de un extenso libro?

EPG: Sí. Pero merece capítulo especial la campaña de 1998. Me presenté como candidato al Senado de la República. En esas elecciones fui víctima de un fraude descarado. Tuve un grupo significativo de seguidores en varias regiones: Valle, Magdalena Cesar, Guajira, Santander, Tolima, Eje cafetero y Bogotá. En los primeros reportes de la Registraduría yo tenía asegurado un escaño en el Senado. A la medianoche estaba por fuera. Comencé a reunir información y tuve en mis manos los formularios E 14, con los resultados fidedignos de las votaciones, mesa por mesa. Este formulario demostraba la trampa que se había orquestado, pues en la Registraduría no tuvieron en cuenta esos resultados, que eran los verdaderos y computaron otros datos falsos. Acudí a todas las instancias posibles para denunciar el fraude del que había sido víctima, no solo yo sino varios candidatos al Congreso. Hubo un silencio cómplice de autoridades que cohonestaban las maniobras que realizaban algunos políticos amangualados con funcionarios de la Registraduría.  O que observaban con total desinterés lo que nos pasaba. En fin, me di cuenta de que una persona honesta, difícilmente llega al Congreso. Especialmente, si no hace parte de maquinarias políticas clientelistas.

CR: Mantuvo contactos con los últimos gobiernos.

EPG: No, ninguno, ni siquiera los tengo con Santos.

CR: ¿Ni Samper, ni Pastrana, ni Uribe, ni Santos?

EPG: Ningún contacto con ellos, salvo con Pastrana, después de las elecciones presidenciales de 1998. Ya elegido presidente, Pastrana me ofreció, a través de uno de sus directivos de campaña, el cargo de representante de Colombia en Viena, ante la JIFE (Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes). Pero decliné el ofrecimiento.

CR: Puede evaluar los gobiernos de Samper, Pastrana, Uribe y Santos.

EPG: El peor de todos me pareció el de Uribe, por la filosofía reaccionaria que inspiraba a ese gobierno. Se dedicó, casi por completo, a la guerra contra la guerrilla. Sus programas de gobierno tendían, por lo general, a favorecer a los más ricos; a darles gabelas arancelarias y subsidios. El gobierno de Pastrana buscó afanosamente la paz con la guerrilla, haciéndole concesiones inadmisibles. Con ninguno busqué acercamiento; no podía hacerlo. Estaba moralmente impedido para buscar acercamientos con ellos. Hoy, estoy más alejado que nunca. De repente se unieron Uribe y Pastrana. En cuando al gobierno de Santos, puedo decir que, por su carácter liberal, es más afín a mi forma de entender la política. Sin embargo, antes de llegar a la Presidencia, fue ministro de Uribe y, quizás, por esa razón, le ha sido muy difícil distanciarse de sus acciones. Creo no equivocarme al decir que, hasta cierto punto, es víctima del respeto reverencial a que se acostumbró durante el gobierno de aquél, quien se ha convertido en su más duro contradictor.

Un país a la deriva

CR: ¿Usted considera, definitivamente, que estos gobiernos no hicieron ningún aporte al país?

EPG: No, ningún aporte significativo, si se compara con lo que buscaba el Nuevo Liberalismo, que no era otra cosa que propiciar una transformación de las costumbres políticas; luchar a fondo contra la corrupción; reducir la brecha entre ricos y pobres; profundizar la democracia y promover la equidad. Ninguno de esos objetivos se ha logrado aún en el país. Por eso, me he marginado de esos gobiernos. Vi que no tenía nada que hacer frente a la dirección que ellos  le estaban imprimiendo al país en los campos mencionados.

CR: ¿El país sigue igual al que dejó Galán al morir?

EPG: Igual o peor.

CR: La política de reparación, justicia y paz, ¿no abrió una posibilidad de cambio para el país?

EPG: La política de Uribe en materia de justicia y paz, fue para mí una farsa. Y por los resultados obtenidos durante ese gobierno, un engaño a las víctimas. Justicia y paz fue un acomodamiento de carácter legal para favorecer a paramilitares. Es decir, imponer una pena de 3 a 5 años para quienes habían cometido horrendas masacres, crímenes atroces. Era ayudarles con una especie de amnistía o indulto a los peores criminales que ha habido en el país. De otra parte nos quedamos con las ganas de saber toda la verdad sobre los crímenes cometidos por los paramilitares. Y cuando comenzaba a conocerse esa verdad, Uribe decidió, intempestivamente, extraditar a los Estados Unidos, a los jefes de mayor rango, que habían cometido las peores atrocidades, a pesar de que se había comprometido con ellos a no hacerlo. Y los extraditó, no porque pensara que ese compromiso era ilegal, como en efecto lo era, sino para impedir que siguieran contando -lo que algunos habían comenzado a hacer-, toda la verdad sobre sus monstruosos crímenes y la cadena de complicidades que hubo con ellos. Eso puso al descubierto toda la falacia de la ley de justicia y paz, la cual contradecía abiertamente el sentido mismo de la justicia. Esta táctica ilusionista ponía en evidencia el claro propósito del gobierno de Uribe de favorecer a los paramilitares con la aplicación de penas benignas, en nada acordes con la extrema gravedad de los crímenes cometidos. La justicia no ha respondido con eficacia a miles de campesinos, víctimas de masacres y horrendos descuartizamientos, incluso mediante el uso despiadado de motosierras. Entre los  desplazados, solo un número ínfimo ha podido recuperar sus tierras. Tengo la sensación de que la política de restitución de tierras ha sido frenada, y de que se están desconociendo los derechos de los campesinos afectados con el despojo. También  se da el caso de funcionarios públicos cómplices que permitieron o facilitaron que los verdaderos titulares fueran desposeídos con métodos fraudulentos.

 

Santos. Los Diálogos de La Habana

CR: Y la gestión de Santos, ¿ha habido un viraje frente a Uribe, o estamos en lo mismo?

EPG: Le censuro a Santos que hubiera colaborado con Uribe como ministro de Defensa, en lugar de hacerle oposición a su gobierno y que hubiera buscado el apoyo de Uribe para llegar a la presidencia de la República. Nunca se ha apartado de él. Pero debo reconocer que está cumpliendo, aunque con algunas vacilaciones, el compromiso que hizo durante la campaña de buscar la paz con la guerrilla de las FARC sin quebrantar el Estado de Derecho; y ello tiene mérito en un país como el nuestro, asolado por una guerra fratricida que lleva más de cincuenta años. A propósito de los diálogos de paz que se llevan a cabo en la Habana, no hay duda de que las FARC han sido responsables de enormes tragedias, como el secuestro de personas, el reclutamiento de niños para la guerra, y muchos otros delitos abominables. Pero, a pesar de todo eso, creo que el propósito de paz del Presidente se explica como una consecuencia del deseo  de asegurar unas mejores condiciones de vida para los colombianos. Por ese motivo, Santos conversa con la guerrilla. Un acuerdo de paz sería el mejor camino para invertir en desarrollo humano. No tiene sentido gastar la mayor parte del presupuesto en guerra y dilapidar recursos que podrían generar mejores condiciones de vida para todos los colombianos.

CR: ¿En verdad no cree que Santo haya  separado sus cobijas de las de Uribe?

EPG: Pienso que existe un alejamiento entre los dos, pero Santos le tiene  temor reverencial a Uribe; le teme a que Uribe pueda decir cosas que lo afecten políticamente. Pero no es esa la conducta que debe  asumir un hombre de estirpe liberal, frente a otro de carácter autoritario, y de extrema derecha. Entre paréntesis, vale la pena recordar que esa ha sido la tragedia del partido liberal, en cuyas filas han coexistido con los liberales de centro y de izquierda, políticos de extrema derecha. Es posible que esa contradicción haya sido el origen de guerras fratricidas que desembocaron, en el pasado, en la pérdida de valiosas vidas humanas. Ahora bien, conviene precisar que en el partido conservador hay personalidades más progresistas que muchos liberales. Por ejemplo, el Presidente Belisario Betancur o el ex ministro Juan Camilo Restrepo, entre otros.

CPG: ¿Cuál es el futuro que usted le ve a las negociaciones o Diálogos de Paz en La Habana?

EPG: Por lo que publica la prensa, ya que no estoy muy al tanto del curso de las negociaciones en La Habana, y por las declaraciones del presidente Santos, he sabido que hay bases consistentes para esperar un resultado positivo de los diálogos de paz. El Presidente, en sus discursos y entrevistas a los medios, se muestra muy seguro de la exitosa culminación de esos diálogos.

La mayoría de los colombianos confía en el éxito de los diálogos de paz y en la posibilidad de que, en un acuerdo final que suscriban el Gobierno y la guerrilla, se decida ponerle término al ya largo y doloroso camino que ha seguido la guerra.

CR: ¿Y vería bien que parte de los acuerdos contemplen la entrega de  circunscripciones y territorios a la guerrilla, concretamente a las Farc?

EPG: Es muy difícil decirlo porque, como no conozco cuáles son todas las cartas del gobierno, no puedo anticiparme a decir: esto es bueno o esto es malo. Pero yo sí fui duro crítico de la decisión de Pastrana de cederle extensos territorios a la guerrilla en El Caguán -que en los acuerdos preliminares, era considerado como una zona de distensión, y un espacio vedado para las fuerzas armadas- que ella utilizaba como escondite donde ocultaba a los secuestrados, para que ni las fuerzas armadas ni el país se enteraran de que ella seguía cometiendo ese crimen atroz, a pesar de haberse comprometido, desde el comienzo mismo del proceso de paz, a no seguirlo haciendo,   .

CPG: Una especie de territorio libre.

EPG: No creo que valga la pena repetir una experiencia fracasada.

Sin embargo, si se trata de una propuesta distinta, más confiable que las que se manejaron en los gobiernos de Pastrana y de Uribe, pues hay que recordar que este último, en sus negociaciones de paz con los paramilitares, siguió la fórmula del gobierno de Pastrana, al establecer una zona de distensión semejante a la de El Caguán, la Zona de San Jose de Ralito, con equivocaciones aún más graves.

La fórmula podría examinarse, previos los ajustes que haya que hacerle para no volver a incurrir en los mismos errores cometidos con las zonas de El Caguán y de San José de Ralito.

Las elecciones 2014. La pugna entre el uribismo y Santos. La reelección de Santos.

 

CR: Hay una pugna entre el uribismo y el presidente Santos, que se aviva en la medida en que se aproxima la campaña presidencial.  ¿Será que el uribismo regresa, que este país seguirá girando más a “la derecha”? ¿Qué impresión tiene de este enfrentamiento?

EPG: A mí me da la impresión de que Santos está siendo muy blando con Uribe, al no encarar todos los problemas que generó Uribe desde el gobierno, todas las vagabunderías que se cometieron. Por ejemplo, se ve muy mal un Presidente sugiriendo o aconsejando a ciertos ex funcionarios suyos que busquen asilo en otro país, para no tener que afrontar un juicio penal en Colombia, por supuesta falta de garantías en nuestro país. Pero, en cambio el ex presidente Uribe se sentará cómodamente en el Congreso de la República, si llega a ser elegido al Senado. Las chuzadas del DAS dejaron un mal sabor y una pésima imagen en el exterior: la de un gobierno que no respeta la independencia de la justicia y que acorrala a la oposición, urdiendo componendas como la del caso Tasmania, con el fin de desacreditar a la justicia.

Si Santos procediera con la honestidad que es exigible en un Primer Mandatario, debería desenmascarar todas esas cosas feas que se hicieron en el gobierno de Uribe. Una eventual pretensión de “reencauchar” sus políticas en el gobierno de Santos, sería una segunda entrega de este a la voluntad de Uribe.

CR: Y frente a la reelección, ¿cuál es su pensamiento?

EPG: En principio veo con buenos ojos la reelección de Santos, para impedir que vuelva Uribe en cuerpo ajeno. Esto sería peor que la reelección del presidente actual.

CR: ¿Su voto será para Santos?

EPG: Es posible que yo vote por Santos.

CR: ¿Por los principios perdidos del liberalismo?

EPG: Sí, es una situación complicada votar por un hombre que no ha sido del todo fiel a la ideología liberal. Pero no hay otro candidato del partido liberal con mejores credenciales que las suyas.

CR: ¿Y Vargas Lleras, qué sensación le produce su actitud? Nieto de Carlos Lleras Restrepo, su amigo, hombre a quien usted admiró mucho.

EPG: Sigo siendo admirador de Carlos Lleras. Hombre honesto y aguerrido, y uno de los más grandes estadistas de América. Y ya que me lo pregunta, debo responderle que no creo que Vargas Lleras tenga la estatura de estadista de Carlos Lleras. Es una persona eficiente, sin duda, pero muy preocupada por la burocracia. Lo que llamaba Lleras Restrepo “el clientelismo”, que por desgracia terminó por adueñarse del aparato estatal, pero sin generar beneficio alguno para el progreso del país.

CPG: ¿Qué lo haría a usted volver a la política?

EPG: Hombre, uno siempre cree tener la posibilidad de ayudar en algo a corregir los problemas graves del país. Yo me vinculé al Nuevo Liberalismo cuando Galán dirigía este movimiento, y creí que desde allí se podía prestar un concurso importante para el cambio que el país necesitaba y que se estaba buscando.

Eso fracasó, en parte porque las huestes del Nuevo Liberalismo no fueron muy consecuentes con el ideario político de Luis Carlos Galán.

Una vez desaparecido Galán, la desbandada que hubo en nuestro movimiento fue muy grande, hasta el punto de que unos terminaron en las toldas de López Michelsen, y en otras menos honrosas. En ninguna de ellas encontré donde protegerse de las goteras que se produjeron en la plataforma política del Nuevo Liberalismo.

CPG: ¿Y los hijos de Luis Carlos Galán?

EPG: Ellos están haciendo una labor, importante, pero no sé, no me atrevo a juzgarlos todavía sin haberlos visto actuando de verdad en el manejo de la política, no en el Congreso, sino en una campaña presidencial.

CR: La política en el Magdalena, ¿cómo la ve desde Bogotá?

EPG: Muy mal, muy mal. Todo lo que se ve, todo lo que se proyecta desde el departamento del Magdalena en Bogotá es desesperanzador. En el departamento hay todavía un influjo muy grande del paramilitarismo y de los viejos cacicazgos. No se han podido sentar las bases para que en la actividad política primen la honestidad y los intereses de la sociedad; siguen primando los intereses egoístas de siempre.

 

Ciénaga: La ilusión de siempre volver:

“Las gentes de Ciénaga siguen en mi corazón”.

 

CR: ¿Y Ciénaga, su pedazo de Edén Terrenal?

EPG: Desastroso, descorazonadora la situación.

CR: Pero la Calle Nueva, la de los aguaceros, la de la riada en invierno, ¿sigue en su mente y en su corazón?

EPG: Las gentes de Ciénaga siguen en mi corazón, y me duele en el alma que no vean con claridad la situación grave por la cual atraviesa el municipio. No entiendo cómo pueden seguir votando por políticos que de antemano se sabe que van a frustrar las esperanzas del pueblo, y que sólo buscan satisfacer sus intereses personales. Sin embargo, en Ciénaga hay muchas personas inteligentes, dispuestas a trabajar por el bien común. Desgraciadamente, se trata de personas desencantadas de la política, que ya no creen en los políticos, porque se han sentido engañados por ellos y han terminado por marginarse de esa actividad.

CR: ¿Estaría dispuesto a echarse una pasadita por el próximo debate para abrirle los ojos a los cienagueros?

EPG: Lo podría intentar, aunque no me hago ilusiones. Yo tuve la experiencia en mi aspiración al senado de la república. Planteé mi candidatura al senado, y aquí me derrotaron los politiqueros del departamento. Me derrotaron personas que poco habían tenido que ver con el bienestar del departamento y de Ciénaga.

ADG: Pero fue una votación buena.

EPG: ¿La mía?, yo saqué 500 votos en Ciénaga, eso fue lo que me acreditó la Registraduría. Pero tampoco fueron muchos más los votos con que me favorecieron en Santa Marta y en otros  municipios del departamento, de manera que esa fue otra lucha bastante desigual y bastante complicada.

La amistad con Alfonso Díaz Granados

 

CR: Nos acompaña Alfonso Díaz Granados, uno de sus grandes amigos y responsable de esta reunión con usted estos dos días. ¿Qué palabras tiene para Alfonso?

ADG: Si el doctor Parejo se lanza para el Senado, yo me lanzo en la suplencia.

CR: ¿Usted va de segundo en la lista?

ADG: ¡Segundo, tercero, cuarto, quinto! Voy (Risas).

EPG: Yo soy un admirador permanente del doctor Alfonso Díaz Granados y sé de la labor encomiable, maravillosa, que hizo en el municipio de Ciénaga, cuando se le confió la alcaldía, y en la cual actuó como ha actuado él siempre, con una gran honestidad y un gran desprendimiento.

Me parece que el municipio debería ver en él una de las pocas oportunidades que tiene de superar el atraso y la pobreza en que se halla sumida la mayoría de la población. Después de lo que hizo siendo Alcalde, él representa la esperanza de que, si se le volviera a confiar nuevamente esa responsabilidad, la situación de desgreño de que hemos hablado cambie radicalmente.

ADG: Muchas gracias, doctor Parejo, pero yo estoy retirado de la política electoral.

EPG: Alfonso fue quien más me impulsó en mis campañas políticas. Algo que siempre le agradeceré.

 

El secreto de una larga vida

CR: ¿Y cuál es el secreto para vivir tanto y con tanta lucidez? Son hombres que van  a pasar de los 100 años. Don Alfonso está en los 90, y parece un muchacho de 18 años, y usted apunta 84 pero está de… ¿Cuál es la fórmula para vivir más de 90 años?

EPG: No la han inventado todavía.

CPG: La honestidad.

EPG: Mientras tengamos fuerza, porque la voluntad siempre la tendremos, estaremos dispuestos a cumplir la tarea que nos corresponde frente a los problemas del municipio, el departamento y el país.

El día que el municipio quiera luchar contra las fuerzas que impiden que levante el vuelo hacia un proceso de democratización y purificación de las costumbres políticas, yo sacaré fuerzas para marchar en primera fila. En ninguna parte se necesita con más urgencia renovar la política que en Ciénaga.

CR: Doctor Parejo, agradecerle sería poco. Ha sido gratísimo hablar con usted. Igual van las gracias para don Alfonso, que ha permitido esta  conversación, este acercamiento con usted, un cienaguero  valiente e íntegro como pocos.

EPG: Soy yo quien les agradece a ustedes el honor que me dispensan al sentarse conmigo en torno a una mesa.

CR: Esperamos que haya más conversaciones, más mesas de por medio…, aquí, en Bogotá o en Ciénaga.

EPG: Por supuesto, estoy dispuesto a hacerlo cuando ustedes lo estimen conveniente.

CR: Nosotros, particularmente, usted y yo, tenemos que ir a Budapest, para nuestro libro. Atenta Budapest.

EPG: Seguro. Iremos. Solo toca buscar quien patrocine el viaje.

CPG: Gracias, Alfonso. Gracias por permitir esta charla.

Nos pasamos a despedir de Enrique Parejo y Alfonso Díaz Granados a la salida del Hotel Arhuaco. Verifico la hora. Un cuarto para las ocho de la noche. Carlos Payares debe regresar a Ciénaga. A Enrique Parejo han venido a buscarlo su mujer y su hija. Es hora, para todos, de volver a casa.

 

 

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Subido por Dec 18 2014. En la sección Entrevista. Usted puede comentar esta nota

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