Implementación de una Cultura Ambiental en nuestro territorio

Por Luis Eduardo Barranco Gutiérrez|

aquiluba@gmail.com

Luis Eduardo Barranco Gutiérrez, Economista y Comunicador Social-Periodista.

Luis Eduardo Barranco Gutiérrez.

De la experiencia vivida por el impacto de un evento natural, se nutre la memoria para recordar por siempre que la naturaleza merece respeto y que se debe tener un trato amigable con ella; así quedó consignado en el informe presentado por la Secretaría de desarrollo Social del Estado de Nuevo León – México, en el que un equipo encargado de la investigación del evento natural, hizo un análisis de sus consecuencias y posterior reconstrucción social y urbana, en el documento denominado “Huracán Alex en Nuevo León, la memoria. Riesgos, testimonios y acción social”.

El paso devastador del huracán Alex por territorio mexicano en junio de 2010 fue una lección aprendida, que dejó una huella indeleble en la comunidad del Estado de Nuevo León, afectado por uno de los peores desastres naturales en su territorio: 60 horas de lluvias continuas produjeron daños en la infraestructura urbana y vial, caos en la prestación de los servicios de telecomunicaciones, energía, y acueducto. Parálisis en las actividades productivas, desbordamientos de ríos, deslizamientos de cerros, caminos inhabilitados y puentes destruidos. Viviendas inundadas y poblaciones incomunicadas.

¿Qué dejó como experiencia el evento natural?: la deferencia que debemos tener por la naturaleza, reflexiones acerca del rol que debemos desempeñar en el medio social y ambiental en el que vivimos, en contribución humanizada de preservación y conservación del nicho ecológico que nos rodea y que nos permite la existencia.

¿Qué le corresponde a la institucionalidad como atributo básico en un estado de derecho?: reflexionar acerca de su poca o nula capacidad de respuesta ante los eventos de la naturaleza, algunos previamente anunciados. La aplicación a lo establecido en el ordenamiento normativo-administrativo sin dilaciones, con funcionarios comprometidos que no se queden resguardado en zona de confort, en sus palacetes de cemento a 16º de temperatura.

En nuestro territorio, los eventos naturales advertidos y otros ya sucedidos, están mostrando cómo el desbordamiento de la Ciénaga Grande viene afectado a las comunidades que están en zona de influencia, producto de los torrenciales aguaceros que alimentan el cauce de los ríos que en ella desembocan.

Las aguas sanitarias que corren libremente por calles y avenidas de la ciudad, por represamiento de un obsoleto sistema de alcantarillado, concesionado a un operador privado y la miope gestión en la realización de las obras civiles de pavimentación, que desconoce el decurso natural de las aguas de escorrentía de la ciudad, que se encharcan y generan molestias en la comunidad con amenazas a la salud pública.

Afectación del paisaje urbano con las construcciones irregulares que usurpan el espacio público, sin que medie autoridad alguna para desestimular tal práctica lesiva a la ciudad y libre movilidad del peatón.

La erosión costera que avanza como glotón gigante devorando nuestras playas, sin que las gestiones oficiales se formalicen con acciones de mitigación que correspondan.

La muerte lenta de la Ciénaga Grande, por efecto de la sedimentación y los desechos orgánicos que contaminan sus aguas que acaban con su riqueza ictiológica.

La tala indiscriminada del bosque nativo, que afecta los nacederos de agua, y la apropiación indebida de la zona de protección por colonos extranjeros, en donde se encuentra la ronda hídrica de los ríos.

El saqueo que particulares hacen al lecho de los ríos, con la sustracción del material de arrastre para su comercialización, sin se apliquen los controles correspondientes por autoridad competente.

Concesiones indiscriminada de las agua de los ríos a las empresas carboneras y grandes cultivadores, en detrimento de su cauce que arrastra material orgánico que debe ser depositado naturalmente en sus desembocaduras, para que así se complete el ciclo de fortalecimiento a la biota del ecosistema marino y costero; que a decir de los expertos “en un periodo de sequía podrían desaparecer los hábitats de especies naturales del sistema costero, lo que afectaría la trama de la vida en el litoral” (Fontalvo Julio, 2016).

Y por efecto dominó, la decisión arbitraria de querer suplir las necesidades, en apariencia, de falta de agua en los hogares samarios, con las aguas de los ríos Córdoba y Toribio; para consumar un engaño que resguarda intereses mezquinos de una dirigencia, que a toda costa quiere favorecer los intereses mercantiles de inversionistas de la zona turística de Santa Marta.

Todos estos acontecimientos y lo que están por suceder, deben quedar esculpidos en la memoria colectiva, para que no tengan las próximas generaciones que repetir la misma historia; es por ello que los eventos naturales no deben ser solo imágenes que desaparecen con la emisión de noticias en los medios.

Se requiere de un proceder que construya “sobre los cimientos de la emoción espontánea, los pilares de un desarrollo social sostenible”, y así mediante un proceso cultural en el que los recursos naturales, las inversiones, la aplicación de las tecnologías y la institucionalidad estén en amplia armonía mejorando lo actual para que se resguarde a las nuevas generaciones en su legítimo derecho de satisfacer necesidades humanas en un ambiente sano.

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Subido por Oct 31 2016. En la sección Columnistas. Usted puede comentar esta nota

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