El pantano de Vargas

Por Ricardo Villa Sánchez|

Ricardo Villa

La encrucijada de Vargas, con las cartas sobre la mesa, en la entrevista con caracol, parecería que empantanó a las demás candidaturas, cuando les dejó sentado, tanto a sus contendores como a sus simpatizantes, que él personifica la candidatura de la clase política tradicional.

Ante la posibilidad de la coalición alternativa que ponga en riesgo a los privilegios de las élites, Vargas les envía un mensaje de garantías. Al reconocer la arremetida de otras fuerzas que encarnan el cambio, si estuvieran cohesionadas con la ciudadanía, él plantea que unir al país sería amalgamar a las élites que desde siempre nos han gobernado, lo que considera un gesto de Paz. En esas venimos desde la independencia. ¿Hemos avanzado?

Por lo menos ahora la gente se pronuncia, usa el espacio de las redes sociales, se moviliza por diversas causas que los unen, comenta, crítica. Sin embargo, pareciera que cuando los progresistas tuvieran alguna oportunidad, saliera a la palestra, con lenguajes comunes, el “coco” de la corrupción que uniría a las mafias politiqueras, para que,  a lo Gatopardo, todo cambie para que siga igual.

Quizás por ello, con una apuesta pragmática, Vargas les dice al oído a las élites que hasta se aliaría con la oposición de ultraderecha, de donde proviene, para evitar gane la izquierda “populista” que los llevaría a un supuesto abismo. Les demuestra que está convencido de que las maquinarías están aceitadas con los logros, punta de iceberg, que más allá, de la isla por debajo, de la Paz, no los ha podido tributar Santos, pero que les posibilitaría ganar en primera vuelta. Este es un campanazo de alerta para las tercerías.   Es allí cuando vale la pena considerar que no es que Vargas se aparte del gobierno actual; es que para crecer no necesita, únicamente, ser el candidato de continuidad.

Con esta entrevista, en primer plano y en horario triple A, en el mencionado canal privado, a todas luces se denota a qué se enfrentan los candidatos alternativos: no sólo a una carrera presidencial con posible desequilibrio informativo, burocracia cabalgante, sesgos en los cancerberos de los diversos tipos de control, sino también, a una campaña muy onerosa ¿Y aun así quieren seguir la carrera solos?

Se quedarán viendo un chispero, si piensan que les concederán entrevistas en las mismas condiciones que a Vargas, y para cuando se resuelvan las peticiones ante las autoridades competentes, lo más seguro es que ya habrá pasado el momento de recordación y de toma de decisión de la ciudadanía. Se los repito, se los repito, sólo se dejará constancia.

En un escenario ideal, pareciera que todos los astros estuvieran alineados para que un gobierno alternativo, por fin llegara a la Presidencia. Sin embargo, puede más el olfato del profesional de la política que el clamor  del país nacional. Saben, y se jactan de ello, que dicen que en este país de emociones encontradas, la gente en la primera vuelta presidencial vota con el corazón, y en la segunda, sufraga con la razón. Allí es cuando quedan con la sartén por el mango para sus reales intereses en disputa. A esto ojalá les respondiera una legión: no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. ¿Para qué esperar a la segunda vuelta? ¿Para qué, como al que no quiere caldo, les den dos tazas?

Uno de los principales problemas nacionales es que no debatimos ni dialogamos; algunos mandan, otros obedecen: o por necesidad o por costumbre. Somos islas y feudos. Cada Partido es una suma de señoríos políticos transaccionales, con disciplina de perros con su caudillo y cada movimiento, también, con algo así como un fetiche arbitrario en la cúspide de la pirámide. Lo que genera que en el debate público, haya pocos matices. Algo así como: o son mis amigos o son mis enemigos. Divide et impera. “El que manda, manda, aunque mande mal”. “Roba pero hace”. “Me pega porque me lo merezco”. “Prefiero esto a nada, no voy a patear la lonchera”. Una especie de fascismo disfrazado con laxitud moral y esclavismo, que ante el rebusque diario, las pocas oportunidades, la ignorancia, la indiferencia o el conformismo, la gente piensa que está bien: tanto el que se aprovecha de esta situación como el que se ve sometido a esta domesticación.

Por algo será que en Colombia, y en muchos otros lares de Latinoamérica, pareciera que la gente se indigna más por el robo de un gol que por el hurto de los impuestos que pagamos todos. Se las dejo ahí: señores precandidatos presidenciales de los sectores de avanzada, desde las bases sociales y políticas hay una búsqueda de cambio. Ustedes la pueden encarnar. Únanse. No sólo en la carrera presidencial sino en la opción de mayorías en el Congreso de la República. Sean coherentes con esta coyuntura crítica. Pasen a la historia, con la responsabilidad de que gracias a un proyecto colectivo de transformación, se inició un camino de concertación, de inclusión y de reconciliación. La unión hace la fuerza, pero, la unidad de acción parte de propuestas y acuerdos amplios, con propósitos comunes que generan esperanza. Es mejor pensar en las próximas generaciones que en las siguientes elecciones. Dejen de mirarse a las pelusas de su ombligo. Es ahora o nunca.

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Subido por Oct 18 2017. En la sección Actualidad, Columnistas. Usted puede comentar esta nota

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