Antes del Eduardo Santos, después de…

Punto de VistaAquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo. Santayana

Por Ricardo Villa Sánchez|

Ricardo Villa

La última vez que acompañamos  a nuestro abuelo José Abraham Sánchez a salir a la calle, ya muy enfermo -quien entre otros fundó al Unión Magdalena y a su antecesor el Deportivo Samario- fue a ver al Ciclón en el Estadio Olímpico de Santa Marta ‘Eduardo Santos’, en un clásico de la costa caribe con el Junior de Barranquilla en 1993. Un dato lamentable fue que la barra del Unión en la tribuna sol, ese día sacó un afiche tamaño natural de El Pibe Valderrama, nuestra gloria del futbol samario, y sólo por jugar en el equipo rival,  lo incendió. A pesar de que en este campeonato no entró el equipo de mi tierra al octogonal, bajo la dirección técnica de Daniel Silguero, le hicimos un partido digno esa vez al que ese año fue campeón.

El Estadio Eduardo Santos, para continuar con el debate sobre su permanencia, es cierto que, a pesar de que tiene una corta historia, inspira muchas y respetables nostalgias, como que fue el escenario donde debutó el Unión Magdalena, se vivió su primer y único campeonato y donde se despidió en la categoría B al equipo bananero. Aunque le hicieron algunas adecuaciones, la última hace más de una década, estas mismas no fueron útiles para mantenerlo en perfectas condiciones para su uso. Vale la pena también resaltar que es un bien imponente en el corazón de la ciudad. Al final de cuentas, muchos tenemos gratos recuerdos no sólo de pisar su gramado, sino de asistir a memorables partidos, a conciertos como el primero que hizo Carlos Vives en su ciudad y a muchos otros certámenes en este afectivo lugar.

No obstante, existen varios ejemplos de míticos estadios que desaparecieron no sólo por el paso del tiempo, por tragedias naturales o porque debían darle paso a la necesidad de lugares más confiables y de mayor aforo. El Yankee Stadium de New York, con 85 años, -19 más que el Eduardo Santos- lo demolieron. Donde Babe Ruth hizo cientos de jonrones, en el estadio de la Gran Manzana que albergaba a cerca de 50.000 personas en cada fecha y contaba hasta con un museo de la pelota caliente, los neoyorquinos construyeron un nuevo estadio, similar en su arquitectura, muy cerca de ahí, y con el mismo nombre en 2009, un año después del último juego en el anterior parque; pero que no implicaba riesgos para la gente. Allí, en su época, jugó Pelé con el Cosmos,  hubo campeonatos mundiales de boxeo, conciertos de reconocidas bandas de rock y hasta dos misas campales de Papas de la Iglesia Católica.

Igual pasó con otras catedrales del fútbol, como el Estadio de Wembley en Londres en 2002, donde el ausente caballero del balompié, Andrés Escobar, sudando la camiseta amarilla, con la testa le empató en un amistoso a Inglaterra y en otro, René Higuita hizo el memorable “escorpión” sin saber que el balón estaba en juego, porque pensaba que había salido por un costado. Allí se disputaron Juegos Olímpicos, Eurocopas, partidos del rentado británico, y hasta la final de la única copa mundial que ha ganado Inglaterra. Entre otros múltiples eventos. Pero, lo demolieron para dar paso a un nuevo estadio para 90.000 personas, donde hoy juega su selección nacional.

Fueron templos del deporte, que siguen su historia en nuevas edificaciones. Dieron marcha al progreso, con base en el consenso. El cambio no implica sepultar al pasado para reescribir una nueva historia a partir de; algo así como antes de la independencia, después de la independencia o el mejor ejemplo, antes de cristo, después de él. Pero el pasado, reconociendo la historia, estudiándola, preservándola, así sea simbólico e intangible, no puede ser un riesgo para la sociedad o para las personas, como lo que técnicos en infraestructuras deportivas han establecido que genera el actual Estadio Eduardo Santos. Por algo prohibieron su ingreso. El actual Estadio como está, representa una crónica de una tragedia anunciada, si se sigue usando sin intervenirlo de forma adecuada.

 ¿De qué sirve tener una edificación de estas características que amenaza ruina, sino se puede disfrutar, ni usar para eventos de magnitud, y prácticamente ni siquiera visitar? ¿De qué sirve sea declarado patrimonio nacional sino se apropian los recursos suficientes para restaurarlo?, teniendo en cuenta que este costo puede corresponder a volverlo a hacer.  ¿Quién responde por los años de abandono y desidia, de quienes gobernaban la ciudad abatida y usufructuaban el Estadio, que conllevó al deterioro de este escenario?

El Estadio Eduardo Santos, no es el Circo romano u otro descubrimiento arqueológico como las Pirámides de Egipto. Pero tampoco es un escenario para dejarlo en el olvido. Ojalá, para contribuir a la historia deportiva de nuestra ciudad, podría ser que a través del diálogo social, se concertara se preserve el nombre en otro estadio, o en el nuevo, o en la necesaria Arena de Eventos que se propone construir en el mismo lugar. Ojalá con la ley que lo declarase Patrimonio Cultural y Deportivo de la Nación, lo vuelvan a hacer con más capacidad y en mejores condiciones. ¿Qué tal algún día construyan un nuevo Estadio Olímpico de Santa Marta ‘Eduardo Santos’, o con otro nombre, que pueda albergar a la Selección Colombia de Fútbol en las eliminatorias al mundial? O ¿Quién quita que el Unión Magdalena, o quizás un nuevo equipo de Santa Marta, juegue allí una final del campeonato nacional? Se vale soñar, con los pies en la tierra.

Santa Marta, DTCH, 27 de octubre de 2017.

Adenda: Saludamos la realización de los XVIII Juegos Bolivarianos con sede en Santa Marta: antes era un sueño, hoy es una realidad, a pesar de que muchos detractores internos y foráneos, se resistan a la transformación de la ciudad, que implicará les toque ceder parte de sus privilegios de élite. Este es un ejemplo palpable de que con alianzas nación-región, con gestión en cumplimiento del mandato ciudadano de buen gobierno, y con voluntad política de cambio de sus gobernantes y actores claves del territorio, la ciudad si puede progresar. Estos juegos con seguridad promoverán el civismo, la cultura ciudadana, nos unirán en el orgullo de la Nación Samaria y engalanaran a la Perla de América. Cada familia y comerciante debería pintar las fachadas de sus casas y edificios, y limpiar su calle. Cada persona ponerse sus mejores ropas y sonrisas, para acompañar a los eventos deportivos. Ojalá Colombia se gane estos juegos y se vistan de gloria, nuestros deportistas. Felicitaciones. Gracias por darnos esta alegría y por entregarnos estos escenarios para formar futuros campeones de la Nación Samaria y para que la ciudadanía se los apropie, los cuide y sea veedora de que sean sostenibles.

@dracamandaca

@rvillasanchez

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Subido por Oct 28 2017. En la sección Actualidad, Columnistas. Usted puede comentar esta nota

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