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Efraín Burgos García “Maestro indiscutible de la guitarra”

Hoy, 2 de agosto, se cumplen 83 años del nacimiento de Efraín Burgos García, el más internacional y destacado guitarrista de Ciénaga y el caribe colombiano, su maestría en la interpretación de la guitarra causaba la impresión de que había dos guitarristas sonando, y era común oírle decir entonces a la gente “Burgos toca y se acompaña la vez”. El 30 de agosto se cumplen 26 años de su fallecimiento.

Por: Edgar Caballero Elías |

Hablar de Efraín Burgos García es evocar, no una, sino varias épocas de su vida musical con influencias decisiva de valses, zarzuelas, bossa nova, zamba, pasillos, bambucos y los aires tropicales que también tocaba con gran soltura. Se le recuerda especialmente por su maestría extrema con el requinto y la guitarra eléctrica. Representó uno de los valores musicales más grandes del caribe colombiano donde era altamente reconocido como uno de los mejores concertistas que maravilló con sus acordes a muchos compatriotas nuestros.

Su infancia estuvo rodeada llena de carencias económicas, pintaba en su niñez cuadros que disfrutaba él mismo o para que los apreciaran sus amigos, hobby que cultivó hasta la adultez como pasatiempo en sus ratos libres, como también tallar la madera haciendo uno que otro trabajo viendo a su padre en su oficio de carpintero, logrando desarrollar la idea de hacer una guitarra rústica hecha con un pedazo de cable, unos cuantos clavos y alambres como cuerdas de guitarra, logrando sacarle una serie de “sonidos” tormentosos que sólo halagaban a su oído. Era un constante razguear todo el día, un rás rás rás permanente que a esa temprana edad, ya sentía la impulsiva necesidad de llegar a ser alguien.

Pero transcurrieron ocho largos años, muy largos porque sólo fue en diciembre de 1944 después de recibir una guitarra pequeña que para estas navidades le regaló su mamá que empezó a mostrar grandes aspiraciones para salir adelante, aunque en aquel momento cualquiera desconocía los alcances que ese jovencito, ahora de 14 años, podría llegar a tener. Pero empuñó la guitarra convirtiéndose posteriormente en un solista sensacional mostrando rápidamente ser un joven talentoso con grandes sueños poseedor de “un algo suyo” de una enorme creatividad.

Cuando salía recorrer las calles de Ciénaga y veía a alguien tocando, se le acercaba a verlo tocar alimentando su enorme interés a tal grado que después de escucharlos se ponía a practicarlo en su casa, solo y sin profesor. Así fue tomando forma su escaso bagaje musical, encontrando en su natal Ciénaga un medio musical propició que le facilitó este aprendizaje que, recordemos, comenzó con una pequeña guitarra, regalo de su madre en su lejana juventud.

La afición por la guitarra y el notable desempeño de los cultores de este instrumento es algo que cualquiera sabe en Ciénaga, registrándose nombres de una gran celebridad en la ejecución de la guitarra. Es una cita obligada, en medio de tantos, los nombres de José y Domingo Mazzilli Ribón, Alfonso Cayón Mejía, Abelardo Carbonó Lobo, Marcos Guillot Sánchez, José Hilario Castro, Santiago Padilla, Hispano Góngora, Efraín Burgos, Francisco Becerra Efraín González, cuya influencia Burgos recibió de ellos.

Efraín siempre fue un soñador y aventurero. Por eso no vaciló embarcarse un día en una lancha y viajar a Puerto Berrío y La Dorada y más tarde a Girardot, ciudad donde conoció a Tito Cortés, que empezaba a entrar a la popularidad y la fama de la canción popular.

Ese día el tumaqueño se encontraba con tremendo problema porque uno de sus músicos, la guitarra puntera, se había emborrachado y tenían que hacer un programa, precisamente, esa tarde en la emisora Radio Girardot y no había cómo hacerlo reaccionar con nada que le daban a tomar. La señora de la pensión le comentó que ella veía ahí a un muchachito con una guitarra, que lo llamara para ver si le servía y de pronto podía solucionarle el problema.

Cuando Tito Cortés lo vio, la verdad no le dio mayor importancia. Nó porque tuviera nada contra él, que ni siquiera lo conocía, sino porque lo relacionaba con alguien desconocido de su grupo, sin embargo, lo llamó y le dijo que él era Tito Cortés, le preguntó si sabía tocar guitarra y si estaba en capacidad de hacer un programa de radio y de acompañar al conjunto por el inconveniente presentado, Burgos le dijo que sí.

Tuvo la oportunidad, entonces, de verlo tocar quedando muy sorprendido desde el principio con su destreza en el encordado, le dijo que tocaba muy bien valorando de inmediato la buena interpretación de la guitarra, una guitarra estupenda que punteaba diferente y no buscaba semejanza con las de nadie. Después de un breve “me gusta eso”, le propuso integrarse al grupo, y así organizaron y realizaron la presentación en la emisora.

Para qué decir lo que fue aquello al terminar su actuación y se impuso sobradamente en la agrupación cuando un aplauso nutrido de aceptación igualmente favorable a su accionar en el encordado, fue la respuesta de un público entusiasta que los acompañó ese día en el radioteatro de la emisora.

Después de pagarle el valor correspondiente del contrato a Tito Cortés, el propietario de la emisora le dio otra plata más para Burgos porque consideraba que la gracia del conjunto había sido él, sobre todo a la edad que tenía. Efraín terminó agradeciéndole al público por el apoyo recibido, al dueño de la emisora, y a Tito Cortés sin negar que aquel “aventón” que le dio ese día, fue para él lo que consideró una gran satisfacción personal y una grande experiencia vivida con “El Ciclón del Pacífico”, con quién siguió juntó un tiempo, en una temporada buena pero relativamente corta.

Efraín siempre tuvo su gracia. La forma de tocar el requinto le había otorgado esa dichosa facultad y de ahí que su campo de acción en el ambiente artístico se agrandara y como todo artista también tuvo sus comienzos, pero a diferencia de ellos tuvo algo propio: Una identificación en el estilo interpretativo de la guitarra.

Posteriormente viajó a Bogotá donde realizó algunos trabajos discográficos con el argentino Joaquín Mora que esa época andaba por la fría capital cumpliendo compromisos artísticos. Allá tuvo la oportunidad de participar en “La Hora Philips”, importante cadena radial y de televisión que presentó artistas internacionales y promocionó grandes figuras nacionales.

Más tarde conformó grupos organizados, de magníficas presentaciones y con grandes dotes interpretativas. Pero en realidad, no era lo que él quería. En el campo de la música quería convertirse era en concertista de la guitarra ya que su mayor secreta ilusión era llegar a ser eso, soñaba ser un concertista con sus propios espectáculos, que su guitarra llegará al público desde la primera hasta la última fila. Pero las dificultades económicas no se lo permitía, no tenía, digamos, los medios necesarios suficientes para pagarse los estudios ni tenía tampoco profesores en ese tiempo competentes como para hacerse solista, pero no dejaba ni un solo día de tocar la guitarra, “de no hacer eso… decía,… los dedos pierden agilidad”. Así dedicó muchos años a perfeccionar su técnica y a componer también, no le perdía nada de tiempo a reunioncitas, debates, discusiones de ideas y todas esas modalidades modernas que consideraba “no eran más que enredos y líos, intrigas y cuentos que lo que hacían era entorpecer las cosas”.

Se consideraba un perfecto seguidor del principio del francés Jean Cocteau, dejando clara su opinión demostrando que “La única técnica que merece la pena dominarse, es la única que uno mismo inventa”. De hecho, él era creación de él mismo, tuvo una identidad, un estilo muy propio, una manera de tocar que le dio muy buenos resultados que logró figuración y por lo tanto digno de todo elogio.

Llamaba poderosamente la atención en otra de las muestras del talento de Efraín Burgos poseedor de una de las técnicas más curiosas para tocar la guitarra, era lo que hacía imitando la forma de tocar el piano: Usando los dedos de ambas manos para “pisar” las notas en el mango de la guitarra, o sea el mástil propiamente dicho, sin pulsar las cuerdas como es habitual. Eso le permitía realizar juegos de armonías inalcanzables para guitarristas convencionales, causando la impresión de que había dos guitarristas a la vez, y era común oírle decir entonces a la gente “Burgos toca y se acompaña la vez”. Sus dedos sobre el encordado de la guitarra hablaban solos, eran melódicos, hacían música con las manos, era un artista que siempre mantuvo en vigencia su virtuosismo demostrando lo impecable de su arte.

Tuvo la oportunidad de recorrer Europa y África del Norte durante 5 años (entre 1964 y 1969) mostrando las facultades prodigiosas de su arte musical, y tuvo el privilegio de actuar en el Teatro Olympia, en París, Templo de consagración de artistas conocidos llamado el Templo de la Música, donde se han presentado artistas tan famosos como Julio Iglesias, Celia Cruz, Pablo Milanés, Rafael, Carlos Santana, Madona, Lola Beltrán y un largo etcétera de grandes intérpretes de la canción, entre ellos, el magangueleño Rodolfo Aicardi.

En México, donde alcanzó gran popularidad y se distinguía por la alta calidad técnica de sus ejecuciones, importantes revistas del arte como “Selene” y “Cine Mundo”, bautizó su guitarra con el nombre de “El Pájaro de Lágrimas”, dedicándole elogiosos comentarios a sus actuaciones.

Un tiempo después y mentalmente maduro Efraín regresa a Ciénaga con nuevos bríos y un estilo de avanzada que en adelante daría mucho de qué hablar mostrando ser uno de los máximos exponentes de música con guitarra y exquisito intérprete musical. Pero cómo es la vida, y no es raro que esto pase, después de pasear durante esos años el nombre de Colombia con dignidad recorriendo las más importantes ciudades de Europa por las cuales transitó con su guitarra y canciones y de que sus méritos fueran reconocidos por los críticos del arte a nivel internacional, no recibió nunca en su país el verdadero trato que mereció de artista de extraordinarias dotes. Pero eso a él no le molestaba ni le importaba tampoco, por el contrario, siguió siendo el siempre sencillo Efraín que jamás desconoció a nadie cualquiera fuera la situación exitosa en que se encontraba, vivió modestamente en Ciénaga desposeído de cualquier vanidad, pose o engreimiento de otros músicos menos dotado que él.

Su valor artístico fue reconocido por la administración municipal mediante Decreto número 009 de enero de 1982, ceremonia presidida por el alcalde Jaime Durán Ortiz, acompañado por el Secretario General de la Alcaldía Municipal Huges Olivella Viloria y del Secretario de Gobierno Jesús Torné Fandiño. En el mismo decreto se reconocen también las cualidades folclóricas de Humberto Daza Granados “el profesor Chámber”, Digna Cabas Henríquez “La Reina de las Cumbiambas”, Carlos Caro Melo “Carlín”, y artísticas a Máximo Alfredo Hernández “El Mago Borletti”, que representaron honrosamente a nuestra tierra en el ámbito nacional.

Después Efraín construyó una carrera en solitario consolidado como una figura excepcional de la guitarra demostrando ser uno de los más competentes artistas en su estilo. Debemos, pues, sentirnos muy orgullosos de Efraín Burgos García que, reconociendo la calidad calificada de su talento, debemos recordarlo con toda justicia, como uno de los grandes y mejores concertistas que hemos tenido.

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