Santa Marta

Se cumplieron dos décadas del asesinato del juez Javier Cotes en Santa Marta

Este  3 de dieciembre  diciembre se cumplieron 20 años del vil asesinato del Juez penal especializado, Javier Alfredo Cotes Laurens, un suceso  que conmocionó a toda una ciudad que lo recuerda con profunda admiración y cariño.

Este acontecimiento marcó la sociedad samaria, en especial la vida de su esposa, hijos, hermanos, familia y amigos.Pese a los 20 años de su partida a manos de criminales, su recuerdo, legado y don de gente siguen intactos entre ellos, sus virtudes y valores dejaron huella en todos aquellos que lo conocieron, pues su alegría y profesionalismo siempre fueron su estandarte de comportamiento.

Este hecho que enmarcó el dolor y la tristeza entre los suyos los llevó a ser referentes de sus buenos actos, los mismos que lo hicieron merecedor del respeto y la admiracion entre sus amigos y compañeros de labores quienes a pesar de los años lo recuerdan con mucho cariño.

«Javier siempre se caracterizó por ser una persona ejemplar, de acciones correctas y muy profesional en sus labores.De hecho fue merecedor del premio al mejor juez «José Ignacio de Márquez» al Mérito Judicial, entregado el 18 de diciembre de 1996.

En medio de la nostalgia también manifestó que el juez Cotes presentía que algo malo le podría pasar, situación que lo angustiaba pues sus hijos estaban pequeños y no quería dejar de demostrarles su amor, ya que estos y su esposa representaban su motor de vida.

Su sueño siempre fue ver a sus hijos convertidos en profesionales,los cuales decidieron seguir su ejemplo convirtiéndose en abogados.

Su Esposa concluyó que su familia sigue esperando que se haga justicia, pero mientras esto llega, junto con sus hijos siguen mirando hacia adelante haciendo el bien y apoyando a quienes lo necesiten.

Dos décadas después de aquel fatídico día su familia y amigos elevan profundas manifestaciones de cariño a Javier Alfredo Cotes Laurens quien perdió su vida tratando de depurar una sociedad llena de flagelos, injusticias y desigualdades.

A mi padre: Fabian Enrique Cotes Mozo

«Después de 20 años, persiste la dificultad de que, al escribir unas palabras sobre mi papá, estas no sean de reclamo para que por fin se haga justicia por su asesinato. Sin embargo, estas letras serán dedicadas a conmemorarlo como ejemplo de persona y de servidor público, pues al final, de alguna u otra manera, el hampa siempre cede ante el ímpetu que reclama la verdad.

Mi padre, a quien de manera jocosa sus amigos le decían El ñato, no solo fue un Juez probo y ecuánime, sino el corazón más noble que he conocido. Lo inoportuno de su partida no bastó para dejar un racimo de recuerdos que rememoran a aquel apasionado de las causas provistas de amor por el prójimo y a alguien que gozaba de un sentido de la vida único, que aún me causa una profunda admiración.

Sus actos solidarios lo caracterizaban y todavía los tengo presentes, por ejemplo, todos los 24 de diciembre nos llevaba a los barrios apartados a dejar un regalo de Navidad a los niños con menos recursos. Ese era él, un hombre desprendido, que además daba la lucha por el indefenso. Y es que esa empatía tiene sentido, no es un secreto que este pescaitero de pura cepa, que venía de abajo, a punta de estudio lograra ser abogado para después de varios cargos ser posesionado como Juez sin rostro. Esta justicia, que dicho sea de paso, a pesar de que se implementó para juzgar a los narcotraficantes de la época, luego desprotegió a sus actores cuando se desmontó, pues, en gracia de ello, solo en 1998 fueron inmolados 15 fiscales sin rostro dentro un anonimato que no salvaguardó nunca a sus funcionarios.

Ahora puedo comprender que aquel genuino soñador jamás dejó de creer que se podía construir un país mejor, una patria desapoderada de los mismos tres mafiosos de siempre. Sobre esa idea, nos decía que solo se podría alcanzar desde la prestación de un servicio público honesto y desde la templanza que moldea al ciudadano de a pie, luego de haber estudiado. Sin duda, esa misma tenacidad y custodia por la justicia, a través de sus decisiones, desembocó en que un día como hoy, hace 20 años, varios sicarios tocaran a la puerta de mi casa y nos lo arrancaran para siempre.

Sigue doliendo su partida y no ha pasado un día en que no lo tenga presente, sobre todo porque tengo la certeza de que sus nietos lo harían inmensamente feliz. Pero nos queda el consuelo de que sus enseñanzas para mis hermanos y para mí son un catálogo de conducta de nuestro diario vivir. Además, porque dejó grandes amigos, colegas y hermanos masones que no solo nos han tendido la mano, sino que hasta el día de hoy lo evocan con regocijo. Es grato cuando me relatan sus anécdotas en las que siempre intermedia una frase amable a su memoria.

De mi papá se podría escribir un libro entero, relatando su vida y, en especial, de sus ocurrencias, las cuales todavía recuerdo y me hacen sonreír. Solo los que lo conocimos sabemos de su mamadera de gallo y de su alegría. Por esas virtudes me he dado cuenta de que al final de nuestros días el mejor legado que podemos perpetuar es que nos recuerden por un gesto amable, por ser humildes y buenas personas, porque el resto son añadiduras. ¡Te recordaremos siempre, papá!

El hecho

Eran las 7:30 de la mañana del lunes 3 de diciembre de 2001, cuando los pistoleros irrumpieron en su casa de la carrera 18 con calle 25A, del barrio Santa Elena, y sin mediar palabra le propinaron varios tiros a Cotes.

Los sicarios llegaron a la vivienda del jurista en una moto de referencia DT 125. Uno se bajó y desenfundó una pistola calibre 9 milímetros automática, accionándola  en más de 20 oportunidades, impactando en 10 de ellas en la humanidad del togado.

El homicida emprendió la huida en una segunda motocicleta junto a otros dos sujetos que los esperaban cerca del lugar.

Es importante indicar, que el Juez  Cotes Laurens, solo  llevaba un mes en su cargo de juez especializado en los Juzgados de Santa Marta, luego de ejercer como Juez sin Rostro en Bogotá, en  ese lapso realizó dos fallos de fondo: Una sentencia absolutoria a un procesado por el delito de tráfico de estupefacientes y otra condenatoria el 22 de noviembre que afectó a un jefe paramilitar de la región.

Para esa época (2000 y 2001), en Santa Marta se venían desarrollando amenazas contra jueces, unidades de la Fiscalía y de la Policía Nacional por parte de las autodefensas.

Hoy han transcurrido dos décadas de ese suceso, que sigue causando dolor entre sus seres queridos, no solo por la ausencia, sino por la justuicia que aún no llega.

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