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Este domingo, Colombia elige entre el continuismo y el cambio

Llama la atención que en pleno siglo XXI se siga hablando de comunismo y se siga utilizando como una estrategia para generar miedo, para asustar a los votantes, eso a estas alturas es desconocer la historia, es ignorar que el comunismo es una utopía que nunca se ha consolidado como un sistema político y económico en ninguna parte del mundo, ya que desde la perspectiva en que Marx y Lenin lo plantearon, este modelo económico establece la desaparición del Estado en su fase superior y eso sería pasar a la anarquía total, porque para funcionar como sociedad requerimos de un Estado que garantice el orden, la seguridad, la aplicación de la Ley, los derechos fundamentales y sociales, la dignidad y el bienestar social.

Lo que sí se ha implementado en varios países del mundo es el socialismo, que plantea una economía controlada y planificada en su gran mayoría por el Estado. Este modelo también fracasó y la historia también nos lo cuenta cuando se derrumbó la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Mijaíl Gorbachov, entendió la necesidad de liberar la economía de las restricciones del Estado soviético e inició la aplicación de la Perestroika, que no era más que darle paso a una reestructuración de la economía en la URSS, abriéndole la puerta paulatinamente al liberalismo económico o capitalismo, en la potencia mundial que, en ese momento, representaba al socialismo.

Es absurdo pensar, hoy en día, en un mundo globalizado económicamente, que existe el comunismo o el socialismo puro como lo plantearon Marx y Lenin. No, hoy, las grandes multinacionales de los países desarrollados están presentes en todos los países del mundo, incluidos también los llamados socialistas y comunistas, excepto en aquellos países que han sido bloqueados económicamente como Cuba y Venezuela, cabe decir que a esta última, Biden, lentamente le está levantando el bloqueo.

Actualmente, el mundo está imbuido en el libre cambio y el libre mercado, y se ha vuelto más palpable con la guerra entre Ucrania y Rusia, con este episodio descubrimos atónitos que mientras el Presidente Duque acusaba a Rusia de espiarnos y de preparar una invasión contra Colombia, aliándose con Venezuela, por otro lado comerciaba con ellos comprándoles fertilizantes agrícolas porque la producción en nuestra agricultura dependía de esos insumos y fertilizantes que su gobierno le compra a ese «maléfico» país. Suena a doble cara o doble discurso.

Y ni hablar de la dependencia que tiene Europa del gas que le compran a Rusia, o el petróleo que Estados Unidos le compraba a Rusia y ahora por la guerra de éste con Ucrania le va a comprar a Venezuela.

El liberalismo económico clásico o capitalismo está presente en la economía del mundo. Eso es un hecho tajante y no está mal, bienvenida la libertad de empresa, la libre competencia y la propiedad privada, está probado que la economía de un país, además del Estado, también necesita del sector privado para que se desarrolle, genere progreso y bienestar a la sociedad. Al respecto, también la historia nos presenta la tarea ya hecha, y me refiero al llamado Estado Bienestar que los países europeos implementaron como modelo económico después de la segunda Guerra Mundial.

Los europeos lograron un modelo económico que fusionaba las políticas económicas del capitalismo y las del socialismo en una proporción adecuada; en la cual, el Estado cumple su función social de protección y prestación de los servicios básicos de la sociedad y el sector privado participa de la economía y la fortalece en libertad de competencia y libertad de empresa. Esa ecuación equilibrada es la que hoy los tiene como ejemplo en el mundo de progreso, desarrollo económico y bienestar social para sus ciudadanos.

¿En Colombia qué hemos hecho? Pasamos de un Estado sustentado en el liberalismo económico clásico (capitalismo) y el proteccionismo que se planteaba en la Constitución de 1886, a un Estado basado en el neoliberalismo económico (capitalismo salvaje) y globalizador, que es lo que se ha aplicado a partir de la Constitución de 1991.

¿Cuál es la diferencia entre estos dos modelos económicos? una de ellas es que en el anterior, en el modelo capitalista clásico, los servicios públicos en Colombia únicamente los prestaba el Estado; mientras que en el actual, en el modelo neoliberal o capitalismo salvaje, los servicios públicos y básicos pueden prestarlos también los privados, por esa razón la salud fue privatizada en la ley 100 y pasó a ser un negocio de las EPS, que en esencia son empresas privadas que administran los dineros públicos de la salud; actualmente también, el aseo, la energía eléctrica, el acueducto, el alcantarillado, el alumbrado público, etc, están en manos de particulares en toda la geografía colombiana, a excepción de Medellín que conservó sus empresas públicas municipales (EPM) bajo la administración de la Alcaldía y recientemente Santa Marta que creo la ESSMAR, una empresa de servicios públicos cuyo objeto es la prestación en la ciudad de los servicios de acueducto y alcantarillado.

Otro ejemplo es que antes, en el liberalismo económico clásico, el Estado colombiano participaba en la economía del país como empresario, en libre competencia con el sector privado; ahora, en la era del neoliberalismo, los presidentes que hemos elegido desde 1991 se han encargado de desaparecer al Estado como empresario, para que no le compita a los grandes empresarios del sector privado, un ejemplo de ello es lo realizado por el expresidente Andrés Pastrana, que vendió todos los bancos públicos o del Estado y para compensar ese despropósito en el que le entregó el sector financiero en bandeja de plata a los bancos privados, resolvió convertir la Caja Agraria en un Banco estatal; entidad ésta, que quienes lo han sucedido en el ejecutivo nacional, la han mantenido en el ostracismo para que no le compita a la banca privada, ni le afecte sus intereses.

Igual paso con la liquidación de Telecom en el gobierno de Álvaro Uribe, cuya infraestructura en telecomunicaciones quedó posteriormente en manos de la multinacional española Movistar, o la desaparición de ISAGEN, la más grande generadora y comercializadora de energía del Estado colombiano, que fue vendida a canadienses en el gobierno de Juan Manuel Santos, incluso hubo dos intentos de privatizar Ecopetrol, en los gobiernos de Álvaro Uribe y Santos; estas y otras ventas y liquidaciones forman parte de la intención sistemática de desaparición del Estado colombiano como empresario y la inclinación desmedida de nuestros presidentes neoliberales de entregarle totalmente la economía del país al sector privado, en especial a los grandes empresarios e industriales, lo cual rompe con la libre competencia, convierte los derechos sociales y fundamentales en negocio y monopoliza la economía.

Otro hecho puntual que hirió de muerte nuestra economía, fue que en el modelo del capitalismo clásico que teníamos antes, éramos proteccionistas, protegíamos nuestra industria y sector empresarial poniéndole aranceles altos a los productos extranjeros que se importaban, para evitar que entraran al país a competir en igualdad de precios con los nuestros; en el modelo neoliberal actual, le apostamos a la apertura económica que impulsó el expresidente Cesar Gaviria Trujillo, bajamos los aranceles y nos atrevimos a competir con las multinacionales extranjeras situación que generó la quiebra de pequeñas empresas e industrias manufactureras que no resistieron el embate de la competencia con los productos extranjeros, incluso a grandes industriales colombianos les tocó fusionarse con multinacionales extranjeras para no quebrar o desaparecer del mercado, ejemplo de ello es Babaría que terminó asociándose a Sab Miller. A esto se le suma la negociación de Tratados de Libre Comercio (TLC), 16 en total, que a la fecha no han mostrado sus beneficios o no han favorecido e impactado en el fortalecimiento de nuestra economía.

Las consecuencias de todos esos ejemplos que exponemos nos muestran un panorama de hambruna, de desempleo, de tarifas de servicios públicos exorbitantes o impagables, de falta de oportunidades para los jóvenes, de ausencia de créditos blandos o de cero intereses para el emprendimiento, de una industria y agricultura en coma, en un país que no produce, que importa el 60 por ciento de lo que consume, un país que entre el 60 o 70 por ciento de los colombianos vive del rebusque, con una inflación preocupante y una sensación inmensa de desesperanza que nos demuestra en estas y otras señales que el modelo neoliberal que nos implantaron desde 1991 nos está llevando cada vez más al abismo.

En esencia nos embarcamos o nos embarcaron en el modelo económico equivocado, en un neoliberalismo o capitalismo salvaje que al igual que el comunismo también busca desaparecer el Estado, y que al igual que el socialismo se equivoca en concentrar el manejo de la economía en un solo actor económico. ¿Qué hacer? la historia nos responde demostrándonos que por ahí no es, que los extremos fracasaron y que el Neoliberalismo funciona para los países con una industria desarrollada y sólida; y los europeos, nos enseñan que el camino es apostarle a una economía mixta, la economía del Estado Bienestar.

En las elecciones de este domingo los colombianos tendrán que decidir si continúan votando por los candidatos que respaldan el modelo económico neoliberal de privatización y reducción del Estado que representan el continuismo de los últimos 30 años de gobierno o se deciden por los candidatos que proponen un cambio de modelo económico hacía una economía más equilibrada; en la cual, sin renunciar a los pilares del capitalismo económico clásico: la libertad de empresa, la libre competencia, el libre comercio, la propiedad privada y la participación del sector privado en la economía, también le permita protagonismo al Estado, cumpliendo con sus funciones sociales, tendiéndole la mano a las comunidades más vulnerables, permitiendo también la participación de un Estado empresario moderno y competitivo en la economía, que garantice los derechos, los servicios básicos, la productividad agrícola e industrial, la paz, la seguridad, la dignidad y el bienestar a los colombianos.

Por: JCCL.

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