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Adel Pernett Infante, vieja gloria del béisbol cienaguero y magdalenense

Tiene el record con el batazo más largo jamás pegado (con las bases llenas), participó en varios torneos regionales de la costa, en los torneos nacionales de Montería, Cartagena, Barranquilla, hizo parte de la Selección de Béisbol del Magdalena ganando el primer y único título en el año 1958 y también jugó con la Selección Colombia de Béisbol.

Por: Edgar Caballero Elías |

Vieja Gloria del decaído deporte del Magdalena. Desde la edad de 12 años empezó su carrera deportiva jugando en los equipos juveniles de Ciénaga, por allá  en 1942, cuando entonces se jugaba en los viejos playones de la ciudad. Aparecieron equipos de mayores como el Royal, Hispania, Sucre, Carital. Eran los tiempos cuando se jugaba era amor al deporte, cuando se hacía mucho esfuerzo del mismo jugador para comprar los implementos deportivos, no se contaba con ninguna ayuda oficial.

Posteriormente vino una organización de los equipos encabezada por el profesor Julio Silva Bolaños y Humberto Ospino, decidido y entusiasta seguidor en apoyarlo.

Ellos fueron los que se hicieron responsables de buscar los recursos para los equipos, entre ellos, el Cánada Dry, donde militaron jugadores como Hernán Jaramillo, Sebastián García, Rubén Miranda y los hermanos Granados. El manager era el dirigente deportivo Modesto Guette Nuñez.

Estos señores, el profesor Julio Silva Bolaños y Humberto Ospino conseguían los aportes económicos para la compra de implementos deportivos. Algunos amigos también ayudaban económicamente.

Después vino otra etapa donde se funda el equipo Magallanes en el año 1948. Aparecieron extraordinarios peloteros como Humberto De La Hoz, Etelberto “Cascarita” García, “El Zurdo de Oro” Juan Guerrero, Francisco “Ico” Castro, Dorismel Pacheco, Wilfrido “Gallo” Garrido. Miguel Fuentes, Alfonso Campo, Godofredo Cantillo  y Dago Galán. Mánager, Rafael Calixto Guette.

Pernett empezó jugando en varios equipos de Ciénaga, pero en la novena que más se destacó fue en el Magallanes. Participó  en varios torneos regionales de la  costa, y en los  torneos nacionales de Montería, Cartagena, Barranquilla, siguió con la Selección Colombia en un campeonato de béisbol en Venezuela.

El Magallanes de entonces era de los mejores equipos en el Magdalena, cuando no obtenían el banderín de campeón, conseguían el de subcampeón. Se paseó victorioso por distintas ciudades del país. Tuvo una larga vida de 25 años desde cuando fue fundado por Rafael Calixto Guette, ese 1948. Fue un equipo respetado ya que en esa novena siempre estaban los mejores peloteros del Magdalena: Rafael Tache, tercera base; Domingo Palma, paracorto; “El Chino” Gutiérrez, primera base; Humberto De La Hoz, catcher; Juancho Guerrero y Dorismel Pacheco, pitchers; Francisco “Ico” Castro, segunda base; Wilfrido “Gallo” Garrido, jardín derecho; Adel Pernett, jardín central, Godofredo Cantillo, jardín  izquierdo.

Andrés “El Fantasma” Cavadía, bolivarense, quien hizo parte de la época dorada  de los “dioses” de la pelota caliente, y el dominicano residente en Barranquilla Canín Zabala, uno de los que fueron la base de un profesionalismo que se desarrolló en Colombia desde 1948, eran los entrenadores del equipo. El profesor Julio Silva Bolaños era el presidente de esa añorada institución.

Adel “El Loco” Pernett se desempañaba en el jardín central en el equipo Magallanes y en la selección en cualquiera de las posiciones del fondo, tenía buen brazo y la estampa del jardinero clásico: alto, fornido y sabía defender el campo de juego con un fildeo fino. Ocupaba el cuarto turno al bate y era considerado uno de los mejores bateadores de nuestro béisbol.

Quienes lo vieron desde su temprana juventud y los que lo conocimos en su adultez hasta cuando se retiró, tenía un balanceo elegante para chocar la bola que le dio muchos jonrones en su larga vida beisbolera. Con su estilo particular de pararse en la caja de bateo, las bolas volaban sin mayores complicaciones el campo donde estuviera bateando. Castigaba y de qué manera a los lanzadores que lo enfrentaban, cada contacto era un dolor de cabeza para el lanzador de turno. En todos los estadios de la costa donde jugó se volaba la cerca;  su contextura atlética, fornido y de mucha altura, lo hacían el jugador que con más poder le pegaba a la bola  y, además, el impulsador del equipo más efectivo produciendo con hombres en bases pegando batazos extra bases.

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