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Historia de los Reyes Magos

Por: Edgar Caballero Elías.

La fiesta de los Reyes se celebra el 6 de enero, se denomina Epifanía, acontecimiento religioso en que los cristianos conmemoran la adoración de Jesús por los Reyes Magos y su aparición manifiesta al mundo.  El Evangelio de Mateo, de acuerdo a lo contado por un cura amigo, dice: … Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del Rey Herodes, unos magos que venían de oriente se presentaron en Jerusalén diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? pues vimos su estrella en el oriente y hemos venido a adorarle. 

Según una leyenda oriental, los Reyes Magos fueron cuatro: Abdel, Melchor, Gaspar, Baltasar, sabios en astronomía, vieron una estrella en el cielo, y decidieron seguirla. Melchor, Gaspar, y Baltasar llegaron al pesebre. ¿Por qué no llegó Abdel? Él llevaba diamantes y otras piedras preciosas. En el camino se encontró a un hombre herido al que le habían robado todas sus pertenencias. Abdel lo curó y lo llevó a un lugar seguro. 

De noche, Abdel se hospedó en una posada y oyó el comentario de que el Mesías que esperaban ya había nacido; al día siguiente, partió y en un lugar del camino escuchó el llanto de un niño en un humilde sitio, en dónde se encontró con que la madre había fallecido. Abdel, del que su nombre se dice tiene orígenes árabes y significa “Siervo de Dios”, siguió su camino encontrando a muchos desprotegidos y les regaló todas las joyas que llevaba; se impresionó enormemente cuando encontró al pie de una palmera, en un oasis, a una familia formada por una mujer joven que cargaba a un niño en los brazos y un padre preocupado. Todos estos acontecimientos impidieron que alcanzará a sus tres compañeros, por eso regresó a su país. 

Aunque las escrituras no mencionan el número de los magos, ni sus nombres, lo más común es hablar solamente de Melchor, Gaspar y Baltasar. La hipótesis de que eran tres, proviene de Orígenes, escritor cristiano del Siglo III, Teólogo y padre de la iglesia griega, quien por vez primera propuso que fueran tres Magos en razón de los tres dones ofrecidos al niño. Los nombres con los que en la actualidad se les conoce en todo el mundo fueron dados por el monje e historiador inglés Beda, también conocido como San Beda o Beda el Venerable. 

Melchor, uno de los nombres tradicionales dados a los anónimos Magos, venía de Persia. Estos magos fueron, según la tradición, a adorar el Mesías que acababa de nacer en Belén de Judea, al que posteriormente se llamaría Jesús de Nazaret, como si hubiera nacido en esta ciudad al norte de Israel. Estos Magos actuaron, según los relatos evangélicos, siguiendo un extraño astro, calificado de estrella fugaz, que habían visto en sus observaciones del universo, ya que también se cree que eran en realidad magos o sabios en el sentido de personas estudiosas de la astronomía y la ciencia. Se cree que este nombre proviene de Europa, ya que es tradicionalmente representado por una persona de piel clara y barba rubia. Su nombre parte de la cultura Persa y Siria y significa “rey de la luz”. Representaba la edad adulta del hombre y portaba el oro.

Gaspar. Cuenta la tradición que era un joven, lampiño y rubio procedente de Arabia qué unió su suerte durante el resto de su vida a la de Melchor y Baltasar y que les sobrevivió a ambos, alcanzando la edad de 109 años. Fue el Rey Mago que portó uno de los regalos al lugar de nacimiento del Niño Jesús. Su nombre significa “administrador del tesoro”. Muchos cristianos chinos creen que procedía de Mongolia, localizada entre China y Rusia. Representaba la etapa anciana del hombre. Portada incienso. 

Baltasar, también conocido como Barttshan, venía de la India, es el nombre con que se ha identificado tradicionalmente al otro Rey Mago. Las representaciones en las imágenes antiguas del Rey Baltasar, lo representan como una persona de raza negra y de espesa barba, quizás por cierto afán de igualdad del cristianismo de la época de representar la adoración de los “Reyes” de todos los continentes a Jesús. Tradicionalmente es el portador de la Mirra como regalo a Jesús Niño, como representación de su vertiente humana, ya que la mirra se utiliza en los entierros. 

Existe también la versión de la leyenda de Artabán, el cuarto rey mago según Alude un antiguo relato navideño parecida a la historia de Abdel, que tampoco llegó a ver al Niño Nacido porque se demoró y se perdió cuando iba solo hacia la ciudad de Belén llevando una gran cantidad de piedras preciosas (rubís, jades y diamantes) para ofrecérselas a Jesús, cuando se encontró con un anciano enfermo, cansado y sin dinero que necesitaba de sus cuidados, por lo que Artabán sin dudarlo le ofreció ayuda. Después de brindarle su apoyo, continuó sólo su camino hasta Belén, pero al llegar el Niño ya había nacido y sus padres habían huido a Egipto, escapando de la matanza de niños menores de dos años que había ordenado Herodes. Artabán siguió y en el camino encontró al ejército romano a quienes cuenta su historia siendo detenido y condenado a 30 años de prisión en las cárceles del Imperio Romano. 

Los Reyes Magos es el nombre por el que la tradición cristiana denomina a los “Magos”, denominación que recibían los sabios sacerdotes en el Antiguo Oriente. También eran conocidos Como Santos Reyes, Magos de Oriente, Sabios de Oriente, o Reyes Magos simplemente. 

En los evangelios canónicos, que son los que hacen referencia a todo este relato de la existencia, milagros de Cristo, de acuerdo a lo informado por el cura amigo, sólo el de Mateo, habla de magos, sin precisar sus nombres, ni que fueron reyes, ni que fueron tres. Sí que venían de Oriente, la dirección por donde sale el sol, siguiendo una estrella y que traían oro, incienso y mirra para el niño que acababa de nacer. Fue en el Siglo III cuando se estableció que pudieran ser reyes, ya que hasta entonces, por sus regalos y las pinturas e imágenes que los representaban, tan sólo se consideraba que eran personas pudientes. Fue también en ese siglo cuando se estableció su nombre en tres, uno por regalo.

Los nombres actuales de los tres Reyes Magos, Melchor, Gaspar y Baltasar, aparecen por primera vez en el famoso mosaico de San Apollinaire Nuovo, un templo cristiano al norte de la ciudad italiana de Rávena que data del Siglo VI, en el que se distingue a los tres magos ataviados a la usanza persa con sus nombres encima y representando distintas edades. Aún tendrían que pasar varios siglos, hasta el Siglo XV, para que el rey Baltasar aparezca con la tez negra y los tres reyes, además de representar las edades, representan las tres razas de la Edad Media, la que empieza con la caída del Imperio Romano, hacia el Siglo V, hasta el Siglo XV. Melchor encarnará a los europeos, Gaspar a los asiáticos y Baltasar a los africanos. 

La historia que llegó hasta nuestros días cuenta que los magos o sabios, llegaron a Belén, ciudad palestina en la región conocida como Cisjordania, al sur de Jerusalén, una de las ciudades más antiguas del mundo, guiados por una estrella que los condujo hasta el lugar de su destino. Antes de llegar los magos pasaron primero por Jerusalén donde fueron a ver a Herodes y preguntarle por el “Rey de los Judíos”, que acababa de nacer… “hemos visto su estrella en el oriente y venimos a adorarlo”, dijeron.

Esto alarmó a Herodes, que consultó a sus sacerdotes y fueron ellos los que le indicaron, según la profecía de Miqueas, profeta de finales del Siglo VII a.c., que sería en Belén donde nacería el Mesías. Herodes les pidió entonces que, una vez que hubiesen encontrado al niño, le avisaran, que de regreso hablaran con él para darle la noticia del sitio exacto donde se encontraba dicho niño, y así, poder ir también a “adorarle”. En realidad, según el relato bíblico, su intención era darle muerte, pero esto les fue “revelado en sueños” a los magos que entonces regresaron a Belén por otros caminos, evitando volver a pasar por Jerusalén, mientras Herodes se quedó furioso y sin poder saber dónde estaba el recién nacido. Pero antes, vieron al Niño, entraron en la casa, lo encontraron con María, su madre, y, venerándolo, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Parece ser que por el hecho de traer tres dones, se dio por sentado que eran tres los personajes que los traían. 

Advertidos entonces los Magos por un sueño de las intenciones del Monarca, no volvieron a Jerusalén. Herodes, al verse burlado y sentirse engañado por ellos que habían prometido decirle el lugar exacto del nacimiento de Jesús, se enfureció y dio la salvaje órden a sus soldados que mataran a todos los niños menores de 2 años en Belén y sus alrededores con el propósito de eliminar un “recién nacido a quien los Magos de Oriente designaron como Rey de los Judíos”, y buscaba acabar con esa amenaza política de un niño designado como tal eliminando de esta forma a todos los posibles aspirantes a arrebatarle el poder y por temor a perderlo, al enterarse que había nacido un nuevo rey, ordenó que le diera muerte inmediatamente. Ya un ángel, en tanto, avisaba a San José para que saliera huyendo hacia Egipto. Cuando llegaron los soldados de Herodes, el niño recién nacido había abandonado el lugar. Sin embargo, el ejército asesinó a todos los “Santos Inocentes” que habitaban la ciudad, episodio conocido como la “Matanza de los Inocentes”.

Y eso es todo lo que dice el Evangelio. El relato bíblico fue luego progresivamente adornado durante la Edad Media, el período histórico que comienza con la caída del Imperio Romano, hacia el Siglo V, hasta el Siglo XV. Poco a poco, los  Magos se convirtieron en Reyes y se les bautizó Gaspar, Melchor y Baltasar, nombres que llevan desde el Siglo VI y que hoy conocemos que los ha convertido en leyenda. El primero de ellos se llamaba Melchor, un soberano Persa, anciano de cabellos blancos y larga barba. Obsequió el oro al Señor como su rey porque el oro significaba la realeza de Cristo. El segundo, llamado Gaspar, rey de India, joven, sin barba, rojo de tez, llevó el incienso, a través de él, rindió a Jesús el homenaje a su divinidad. El tercero, de rostro negro, luciendo toda la barba, se llamaba Baltasar, era un Jeque Árabe. La mirra, una especie de goma y resina aromática y balsámica extraída de un árbol que llevaba en sus manos y se usaba en la conservación de los cuerpos, significa el sufrimiento y futura muerte de Jesús. 

De este modo quedó consagrada la interpretación del significado de los obsequios, símbolo de tres características de Jesús: Su realeza, su divinidad y su condición humana y mortal. 

De Magos a Reyes y Santos

Las representaciones más antiguas de los magos los mostraron en trajes persas, con pantalones ajustados en el tobillo y gorros frigios- una especie de capucha elegante de forma casi cónica curvada en la punta color rojo – ofrecen sus regalos también según el rito persa, sosteniendo las ofrendas con las manos cubiertas por sus mantas. Fue a partir del Siglo IX que se les empezó a representar como reyes, con las cabezas coronadas. 

Y, a partir del Siglo XIII, pasaron a representar las tres edades de la vida. Gaspar, adolescentes, joven e imberbe; Baltasar, hombre maduro con barba, y Melchor, un anciano calvo con barba blanca. 

Primero se los consideró árabes o persas; poco a poco pasaron a representar los tres continentes hasta entonces conocidos: Asia, Europa y África. A partir del Siglo XV, encarnan a toda la humanidad: Un asiático, un blanco y un negro. 

El título de Reyes se les empezó a dar a partir del Siglo III, pero alrededor de 1200 esa condición empezó a verse en las imágenes y pinturas que, además, poco a poco les fue agregando camellos y personas acompañantes. Más tarde fueron considerados Santos, y sus restos mortales estuvieron 300 años en Constantinopla, actual ciudad de Estambul; luego fueron llevados a Milán, al norte de Italia. En el año 1162, Federico I, conocido como Barbarroja por el color de su barba, saqueó a Milán y entregó los restos al Arzobispo Reinaldo de Dassel, quién decidió trasladarlo a la Catedral de Colonia, ciudad alemana a la orilla del Rin. En esta ciudad reposan en un cofre de oro y plata que pesa 350 kilogramos, depositados en una capilla que para tal fin hizo construir Carlomagno o Carlos I, Rey de Los Francos y Emperador de Occidente, una de las figuras más grandes de la Edad Media.

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