“El dinero y las maquinarias volvieron a jugar un rol”

Por: Cecilia Orozco Tascón.-

En las condiciones en que se desenvuelve la política electoral en Colombia, es un milagro que el historiador y analista Juan Carlos Flórez haya sido elegido concejal de Bogotá.

No gasta mucho dinero, se niega a poner afiches o vallas, no usa publicidad radial, no tiene clientelas ni maquinarias y jamás ha tenido una sede. Sus armas son la conversación y el conocimiento.

Cecilia Orozco Tascón.- ¿Cómo financia sus campañas en esta época en que muchos candidatos parecen tener millones para invertir?

Juan Carlos Flórez.- Mis campañas son modestas en materia económica. No tengo una cifra exacta pero no creo que haya invertido nunca más de $56 millones. Los recursos provienen de mi bolsillo y en esta última campaña hubo un aporte de la Fundación Democracia y Liderazgo.

C.O.T.- Con tan escasa inversión es difícil hacerse notar en medio del derroche de otros candidatos ¿Cómo hizo?

J.C.F.- Han sido campañas basadas en la imaginación, usando con creatividad, los espacios públicos permitidos. He eliminado la publicidad que requiere afiches adheridos a los muros de la ciudad. Me niego a hacerlo.

C.O.T.- ¿Por qué?

J.C.F.- Porque ensucian el espacio ¿Cuál ejercicio de buena ciudadanía hay ahí? En cambio de eso entrego semillas de flores, semillas de especies nativas para que la gente siembre, girasoles y en algunas ocasiones volantes. Nunca una valla y en las campañas al Concejo, ni siquiera publicidad radial. Jamás he tenido una sede. Lo que hago es caminar la ciudad y conversar. Mis zapatos son como los de un mormón, o sea con suelas gruesas de caucho para que resistan.

C.O.T.- Más difícil me parece que atiendan sus propuestas.

J.C.F.- Lo logro con intervenciones en espacio público. En la campaña que acaba de pasar, por ejemplo, llevé una escultura inflable que representaba el monstruo de la corrupción: tenía 4 metros y medio de alto y lo poníamos en sitios abiertos. Una vez allí, conversaba con la gente y le decía que el corrupto no nos roba con una pistola en la sien. Nos roba con el código en la mano. Además me ponía una corbata grande de plástico en mi cuello que decía “no más ladrones de cuello blanco”. El único volante que repartimos fue uno que tenía la forma de esa corbata. Estos símbolos atraían la curiosidad de los transeúntes. Entonces aprovechaba para hablar y para escuchar.

C.O.T.- ¿Cuántos votos obtuvo en esta elección?

J.C.F.- 34.392 es la cifra oficial entregada por la Comisión Escrutadora Distrital. En estos momentos el umbral requerido para ser concejal es de 34.152 votos. Significa que estoy cumpliendo el requisito.

C.O.T.- Es raro que todavía haya lugar a dudas porque hay concejales ya confirmados que solo obtuvieron algo más de 7 mil votos ¿El sistema de umbrales es injusto?

J.C.F.- Es parte del actual ordenamiento electoral y si uno se somete a él, debe trabajar para lograr sus exigencias. Esta vez lo logré.

C.O.T.- Salvo casos como el suyo, es casi imposible ser elegido sin invertir mucho dinero o sin el respaldo del clientelismo ¿Es cierto?

J.C.F.- Es cierto, en buena medida. La Constitución nos da el derecho de aspirar y a participar en teoría en igualdad de condiciones pero las modificaciones que se le han hecho a la Carta se han dirigido a privilegiar a quien participa dentro de las grandes agrupaciones partidistas. En el caso de Bogotá, además, los efectos combinados del clientelismo del uribismo y de las administraciones del Polo, el dinero y las maquinarias volvieron a jugar un rol que parecía haber disminuido hace unos años en la capital.

C.O.T.- ¿A qué se deben las quejas sobre aparición y desaparición de votos en Bogotá?

J.C.F.- Se han encontrado una serie de omisiones, errores y presuntas acciones fraudulentas que harían variar la votación de algunos candidatos, partidos y movimientos. En mi caso, el lunes siguiente a las elecciones personas muy informadas nos advirtieron sobre eventuales irregularidades ocurridas durante el conteo. Hoy se sabe, por ejemplo, que en algunos formularios E-14, (actas del jurado en la mesa) se le sumaron votos que habían sido depositados por el partido X, al último candidato de la lista. Y los contabilizaron como si fueran votos diferentes. Es decir, contaron dos veces el mismo voto. El efecto era que una mayor cifra de votación daba derecho a más curules y a mayor devolución de dinero del Estado, por concepto de reposición.

C.O.T.- Pero ¿Cómo puede ocurrir eso?

J.C.F.- Porque aún hay zonas grises en la entrega de información. Por ejemplo el conteo de votos en las mesas es todavía manual. Eso hace que la posibilidad de manipulación de los datos, o de simple error humano, sea muy alta.

C.O.T.- Al parecer una modalidad menos detectable de delito electoral es el fraccionamiento del fraude, o el uso de varios “fraudecitos” ¿Es verdad, según lo que ustedes han podido saber?

J.C.F.- En Bogotá no existe el gran fraude electoral. Pero sí hay tráfico de información, y la posibilidad de alterar algunos datos antes de que lleguen a la comisión auxiliar escrutadora. También se escucha que existe la modalidad de ‘tomar’ los votos de los candidatos que perdieron y quienes, por eso mismo, no reclaman. Son los llamados “votos huérfanos” que se los suman a otros. Como nadie impugna, se queda así.

C.O.T.- ¿Vale la pena hacer política en Colombia con un electorado poco conocedor y al parecer ingrato?

J.C.F.- Me parece que uno jamás debe renunciar a ejercer su condición de ciudadano. Debo decir con un enorme agradecimiento que no hubiera hecho varias campañas si no fuera por la enorme solidaridad de la gente. La mía fue la votación individual más alta después de la de Carlos Vicente de Roux. Mayor mérito porque fue conseguida recorriendo las calles.

C.O.T.- Usted fue entusiasta activista del partido Verde ¿Cómo califica esa experiencia después de las vueltas que ha dado esa agrupación?

J.C.F.- Al principio hubo una gran esperanza. Después, un sentimiento de traición a los ideales de la ola verde. La gente se movilizó por toda Colombia con la idea de renovar la política y de repente, se tomó la decisión de que había que aliarse hasta con el diablo con tal de ganar la alcaldía de Bogotá. Eso me dolió mucho. Preferí retirarme aunque quedaban en el partido figuras valiosas como Sergio Fajardo, Ángela Robledo y John Sudarsky.

C.O.T.- ¿De quién fue el error de la división: de Mockus, que parecía no acompañar la candidatura de Peñalosa desde el principio o de Peñalosa por aceptar adhesiones sin el permiso de todo el partido?

J.C.F.- la decisión de aliarse con Uribe la tomaron conjuntamente Peñalosa y Garzón. En consecuencia la responsabilidad política por la destrucción del partido Verde en Bogotá es de ellos dos.

C.O.T.- ¿No hay también una cuota de responsabilidad en Mockus?

J.C.F.- Mockus le dijo a Peñalosa: “usted escoge: Uribe o yo”. Peñalosa escogió a Uribe. Mockus no es un ser perfecto pero sí es un anticlientelista coherente. Un error del partido Verde de Peñalosa y Garzón fue pensar que el que peca y reza empata. La desilusión de la gente es evidente: se perdió la alcaldía mientras Fajardo, solo y sin apoyo de ninguno de los líderes de Bogotá, sacó un millón de votos.

C.O.T.- Mockus terminó apoyando a Parody, alguien con quien nunca había tenido nada que ver ¿Eso contribuyó a que Peñalosa perdiera la alcaldía?

J.C.F.- Mockus tuvo un gesto generoso al respaldar a Parody para que una mujer pudiera ser por primera vez alcaldesa de la ciudad. Y él no tiene la responsabilidad de lo que le pasó a Peñalosa. Quien se restó a sí mismo al abrazar una causa en declive como la de Uribe en Bogotá, fue el mismo Enrique Peñalosa.

C.O.T.- Usted y Peñalosa son quizás los hombres públicos más especializados en los temas de Bogotá ¿Por qué no son elegidos con facilidad? ¿Son ingratos los bogotanos?

J.C.F.- Me parece que si uno está en la vida pública tiene la obligación de comprender a la ciudadanía y debe saber explicar las propuestas que uno tiene para la ciudad.

C.O.T.- Respecto de Peñalosa ¿Bogotá no lo entiende a él o es él quien no entiende a los bogotanos?

J.C.F.- Peñalosa, que es un gran gestor urbano, tiene dificultades para hacer pedagogía de su gerencia pública. Al mismo tiempo, Peñalosa ha sido objeto desde hace varios años de una campaña negra propiciada por sus contrincantes políticos. Cuando sus adversarios fueron Lucho Garzón y Samuel Moreno, éstos contribuyeron a crear leyendas negras sobre Peñalosa. No fue J.J. Rendón quien se inventó la política del desprestigio del adversario en Colombia. Fueron otros. Y Peñalosa no supo desvirtuar esas mentiras sobre él. Fue así como perdió el apoyo de las clases populares y medias de la ciudad que se quedaron con los rumores.

C.O.T.- En contraste Petro es prácticamente un recién llegado a los temas de ciudad ¿Cómo explica su éxito aparte de que aprovechó su denuncia contra Samuel e Iván Moreno?

J.C.F.- Petro tuvo tres motores que lo impulsaron: 1. Su brillante trayectoria de parlamentario 2. La leyenda negra que afectaba a Peñalosa. 3.- Su extraordinaria habilidad para saltar del barco del Polo antes de que la corrupción lo hundiese a él, con partido y todo.

C.O.T.- ¿Petro es el alcalde que Bogotá necesita o será un nuevo error?

J.C.F.- Él tiene la oportunidad de demostrar que se puede gobernar desde la izquierda con eficacia y transparencia y no a punta de carreta y corrupción. Al mismo tiempo, no sabemos nada de él todavía como gerente y como gestor de equipos eficaces, honestos y capaces de producir resultados. Por el bien de la ciudad, ojalá le vaya muy bien. De lo contrario, Petro sería el definitivo sepulturero de las esperanzas de los sectores de izquierda del país.

La bicicleta en el pecho

Concejal exitoso de Bogotá a finales de los 90 y comienzos de la década del 2000, Juan Carlos Flórez no había vuelto a ejercer cargo público a pesar de ser uno de los profesionales más estudiosos de los temas de la capital, condición que comparte con Enrique Peñalosa. A Flórez se le recuerda por la originalidad de sus campañas en las que usa, en vez de los métodos tradicionales de la política electoral, la puesta en escena y los símbolos. Conoció a Mockus y a Peñalosa en una situación particular: cuando ellos eran candidatos a la alcaldía, Flórez llegó, junto con sus compañeros de los Andes, al sitio donde habría un debate televisado. Uno de los amigos de Flórez, estudiante de arte, le había pintado una bicicleta con flores en mitad del pecho para que durante la grabación se abriera la chaqueta y con el dibujo al descubierto, comprometiera a los candidatos en el uso de ese medio de transporte. Pero como él se arrepintió de hacer la representación por timidez, uno de sus acompañantes lo empujó al centro del estudio y los otros le quitaron el saco. Flórez no tuvo otra alternativa que hacer su propuesta. Peñalosa sonrió y Mockus reaccionó con un gesto de prevención. Desde entonces, la bicicleta y las ciclorrutas se convirtieron en un proyecto de los dos alcaldes más exitosos de Bogotá.

Ser austero, “casi una falla”

Cecilia Orozco.- Por menos tres candidatos a la alcaldía tuvieron aportes de campaña por encima de $1.000 millones cada uno ¿Puede tener oportunidad un aspirante de competir sin esos recursos?

Juan C Flórez.- Es casi imposible porque el clientelismo empuja la política hacia el despilfarro y casi se vuelve una falla ser austero. No olvide que hay 17 concejales llamados a interrogatorio por la Fiscalía. Y no precisamente por ser seguidores de Sor Teresa de Calcuta, que hizo votos de pobreza.

C.O.- Usted es recordado en el Concejo precisamente por su austeridad ¿En qué consistió?

J.C.F.- Cuando fui elegido renuncié al vehículo oficial, al conductor, al subsidio de gasolina, a los guardaespaldas y al auxilio para el celular.

C.O.- Usted era del partido Verde pero se mantuvo al lado de Mockus y de Gina. ¿Ellos lo acompañaron o le hicieron algún tipo de aporte

J.C.F.- Aportes económicos, no. Mockus nos acompañó a Jorge Torres, compañero de lista, y a mí por diversos sitios de la ciudad realizando talleres de cultura ciudadana. Gina también estuvo con nosotros en varias ocasiones.

 

Fuente: Elespectador .com

 

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