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Made in Aracataca

Por Alan Gutiérrez|

Alan Gutierrez
Alan Gutiérrez

Antes del ocaso de la bonanza bananera en manos de la imperial United Fruit Company, ningún ser que habitada las tierras desiertas por el calor de Aracataca imaginaba que a las 9:00 am de un 6 de marzo de 1927 un genio de las letras universales iba a nacer. En medio de una casa grande, adornada por artificios, historias de fantasmas y demás aspectos ligados al pensamiento mágico, el hoy inmortal Gabriel García Márquez se crió y se forjó como uno de los más grandes escritores de la lengua Castellana. Las eminentes explicaciones de su abuelo Don Nicolás Márquez y las conversaciones casi que misteriosas de sus tías, tiempo después, nos regalaron al más reconocido colombiano a nivel internacional de todos los tiempos.

 Gabo, sin duda, es fruto también de una prodigiosa memoria (algunas veces nublada de recuerdos –según él- nunca antes vividos) y un talento sobrenatural de fundir lo mágico y lo real en un solo punto, bajo la excusa perfecta de denunciar las más grandes injusticias sociales de América Latina y el Caribe colombiano. Su premio Nobel de Literatura, es una prueba fehaciente de que a pesar que todavía estamos inmersos en un conflicto ideológicamente ilógico, Colombia es un lugar en donde la superstición y lo mítico nos envuelve y nos condiciona a actuar de determinada manera.

 Aunque sea bastante arriesgado y tedioso tomarse el trabajo de escribir sobre la vida y obra de Gabriel García Márquez, es honroso para cualquiera hablar de uno o varios de sus tantos libros y llegar a la conclusión de que él sólo pudo haber transcendido en la literatura universal por el mero hecho de haber nacido en tierras como la del Caribe colombiano, más exactamente de Aracataca. Gabo es sinónimo de vallenatos clásicos, de infinitas parrandas y tertulias intelectuales, de experiencias únicas en prostíbulos en Cartagena y demás lugar circunvecinos y de amistad. Este último término, se encuentra más claramente reflejado en la íntima relación que tuvo con el eminente Grupo de Barranquilla.

 De Gabo acepto todo menos que digan que no hizo absolutamente nada por tierra natal. El haberla incluido como el epicentro en el que se desarrollan sus obras más notables, es más que suficiente. Aracataca, llamada Macondo en el mundo garcíamarquiano, se convirtió en la cuna del realismo mágico colombiano, lo que a su vez llegó a ser –y todavía lo es- un lugar atractivo para todos aquellos que son amantes de la literatura hispanoamericana. Y con respecto a la discusión que se libra por estos días por su exilio en el gobierno de Julio César Turbay, debo decir que fue una decisión que se originó por condiciones contrarias a su pensamiento liberal e izquierdista. No podemos desconocer que Colombia se portó muy mal y con la conciencia de que era una promesa en las letras universales y el periodismo. Su estancia en México jamás le impidió mantener en su retina toda la fantasía y el acervo cultural que tiene en su interior el hombre caribe. Cien años de soledad, es un tributo a ese cúmulo de expresiones jocosas y legendarias que tanto nos caracteriza a todos.

 Palabras más, palabras menos, Gabriel José de la Concordia es un producto made in Aracataca.

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