Trump abre una inesperada tensión con Duque por la fumigación de campos de coca

La superficie sembrada de coca creció desde que se prohibió la aspersión. Duque y Uribe responsabilizan a Santos.

Presidente Duque y Donald Trump, presidente de los Estados Unidos

“Hay un nuevo presidente en Colombia. Es buena persona, lo conocí. Dijo que iba a frenar el asunto de las drogas, pero ahora están saliendo más drogas de Colombia que antes de que fuera presidente. Es decir que no ha hecho nada por nosotros”. La frase de Donald Trump cayó como un misil en Bogotá y reaviva el debate sobre la posible continuación de la aspersión aérea de glifosato sobre cultivos clandestinos.

En la Casa de Nariño, la sede del gobierno colombiano, no sorprendió que el presidente de Estados Unidos saliera a plantear el tema. Es que Trump y el colombiano Iván Duque habían hablado sobre el aumento de los cultivos ilícitos en febrero pasado en la Casa Blanca. Allí, quizás Trump no fue tan duro como ahora y se limitó a decir que “estaban atrasados” con el tema.

Duque, muy atento, interrumpió para aclarar que desde su llegada al poder habían sido ya erradicadas 60 mil hectáreas y se esperaba destruir más de 100 mil este año.

La aspersión del ácido fue la columna principal del combate al narcotráfico pactado en 1999 por los presidentes Bill Clinton y Andrés Pastrana, conocido como Plan Colombia. La estrategia era sencilla: esparcir desde el aire el glifosato para quemar las miles de hectáreas con plantaciones ilícitas.

El plan marchó de manera continuada hasta 2015, cuando el gobierno de Juan Manuel Santos interrumpió esa práctica. El motivo fue que la Corte Constitucional aceptó, en tres sentencias, que el producto afectaba la salud de los humanos.

Pero el debate sobre las fumigaciones se revivió hace casi ocho meses con la llegada de Duque al poder. Es que al igual que su principal mentor, Álvaro Uribe, Duque forma parte de una línea dura en contra de los acuerdos de paz.

Por eso, desde que llegó a Nariño, el presidente de Colombia defendió la necesidad de retomar con urgencia las aspersiones. A menos de cumplirse el primer mes en el gobierno, el ministro de Defensa, Guillermo Botero, dijo en el Senado y frente a las cámaras de la televisión que “no conozco, ni existe en el mundo, un pesticida mejor que el glifosato. Hay que regresar a las fumigaciones aéreas con este plaguicida”.

El argumento principal del gobierno es que, como consecuencia de su suspensión, los cultivos ilegales de marihuana, amapola y, sobre todo, coca, registraron una expansión alarmante.

Lo curioso es que en ese punto no hay grieta en la polarizada sociedad colombiana. En ese diagnóstico coinciden incluso quienes están en contra de las fumigaciones y quienes defienden la decisión de Santos de interrumpirlo. Algunas cifras: El área sembrada de coca pasó de 50.000 hectáreas en 2015 a 206.000 a fines de 2018.

Su impacto sobre la paz

Con todo, el retorno del debate sobre las fumigaciones con glifosato no es un tema ajeno a los Acuerdos de Paz que permitió el fin de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) como grupo armado y su integración a la vida política democrática.

Uribe, un ex presidente omnipresente que gravita en cada uno de los ejes de la política colombiana, supone que se dejó de atacar la producción de coca para cumplir con una exigencia de las FARC en la negociación de los Acuerdos de Paz, a los que ambos se opusieron.

El rechazo de Uribe y Duque a ese acuerdo es archiconocido, por eso por estos días en Bogotá no descartan que la jugada de recuperar la discusión por el glifosato no sea una estrategia más para hacer caer el pacto con lo que supo ser la principal guerrilla de Colombia.

Existe otro punto en el que coinciden algunos analistas que conversaron con LPO. En las negociaciones para firmar la paz con las FARC el gobierno de Santos prometió subsidios para sustituir cultivos ilegales, sin embargo, desde entonces no hubo avance alguno.

Pero en el medio aparece también el conflicto con Venezuela, lo que deja en claro que el problema es geopolítico. En un artículo publicado en El País, el periodista argentino Carlos Pagni retoma el caso denunciado por disidentes del régimen de Nicolás Maduro. Se trata de el Cártel de los Soles, un grupo al frente del cual estaría Diosdado Cabello.

Según esa línea planteada por Pagni, disminuir el área sembrada de coca sería, entonces, debilitar más a Maduro.

Mientras tanto, el gobierno de Duque hizo una tímida defensa de los comentarios de Trump. El canciller Carlos Holmes Trujillo se limitó a decir que desde la llegada de Duque los esfuerzos para luchar contra el narcotráfico y los cultivos ilícitos “se intensificaron”.

Es que lejos de la tensión entre Estados Unidos y uno de sus principales aliados en Latinoamérica, las palabras de Trump sirvieron para reflotar el debate sobre las fumigaciones aéreas como herramienta para combatir el narcotráfico.

Fuente: www.lapoliticaonline.com

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