Columnistas

La Marcha del Hambre

Por: José Cervantes Bolaño

La Marcha del Hambre, gesta histórica realizada por casi un centenar de educadores y educadoras del Magdalena Grande, a partir del 24 de septiembre de 1966, no fue un hecho casual, folclórico o aventurero. Esta gesta se enmarca en el contexto de las luchas populares de los trabajadores colombianos y del magisterio en particular, contra las políticas educativas, económicas y sociales del sistema imperante. Hacia 1966, los planteles educativos públicos se dividían en nacionales y departamentales. A los nacionales les pagaba la Nación a través de pagadurías en cada plantel, y la cancelación de los salarios era más o menos oportuna. A los departamentales, les pagaba el departamento con recursos propios en cuantía de las dos terceras partes; la restante era cubierta por la Nación, a través de giros periódicos. La cancelación de los sueldos a los maestros (as), departamentales, no era oportuna, pues casi siempre se realizaban después de dos, tres, cuatro, cinco o hasta 10 meses de atraso. Era una situación desesperante, tal como lo expresó el ilustre maestro JOSE GARCIA GARCIA (q.e.p.d), presidente de EDUMAG, en ese entonces: “el magisterio aglutinaba a un gran número de maestros que no recibían emolumentos por la estrechez presupuestal del departamento y eso trajo como consecuencia  el lógico malestar general y se llegó a la situación de un paro que había decretado la Junta Directiva anterior a la Marcha del Hambre”.

Día a día la situación empeoraba para el Magisterio Magdalenense, fue así como una histórica Asamblea realizada en el Teatro Santa Marta, el 14 de septiembre de 1966, señalaría el camino: ese día todos los asistentes  a la Asamblea, gritaban con entusiasmo que irían a pie a Bogotá, todos los esfuerzos se concentraron en la preparación y organización de la Marcha hacia Bogotá era la única salida que quedaba al Magisterio Magdalenense, ante la negativa de la administración departamental de buscar solución a este problema de los educadores del Magdalena Grande la suerte estaba echada y no había paso atrás.

 La Marcha del Hambre se llevó a cabo en una coyuntura política Nacional en la cual el bipartidismo liberal –conservador a través del Frente Nacional, cerró todo espacio a la lucha de los trabajadores y sectores populares.

El dinero destinado al pago de los educadores se desviaba hacia el sostenimiento de una frondosa burocracia y del clientelismo bipartidista del Magdalena Grande.

La Marcha del Hambre fue la salida que encontraron los maestros, después de haber agotado los paros, las huelgas, movilizaciones, toma de oficinas públicas y bloqueos de sitios estratégicos. Se inscribió en la lucha de los educadores por la dignificación del gremio  y la profesión docente, así como en la conquista de reivindicaciones económicas, políticas, laborales y prestacionales.

Entre las principales reivindicaciones derivadas del Marcha del Hambre podemos destacar, la creación de los Fondos Educativos Regionales. FER y sentó las bases fundamentales para la expedición del Estatuto Docente, logro que se concretó 13 años después  con el Decreto Ley 2277 de 1979, norma que avanzó de manera enorme en las garantías de una estabilidad laboral para el gremio docente.

Las organizaciones sindicales del magisterio   y de los trabajadores colombianos se fortalecieron  a partir de la Marcha del Hambre, EDUMAG se convirtió en el faro que orientó las luchas de los educadores agrupados en FECODE.

La solidaridad sindical y política con la lucha de los educadores marchantes alcanzó niveles nunca antes vistos en el escenario laboral colombiano.

46 años después las conquistas alcanzadas por los educadores con la Marcha del Hambre han sido arrebatadas por las políticas neoliberales aplicada por los gobiernos de turno a través de reformas tributarias, laborales, prestacionales y educativas.

El heroico ejemplo de los educadores (as) del Magdalena Grande no debe perderse en la memoria del tiempo y en el olvido, en la memoria histórica del magisterio deben estar firmemente grabadas las proyecciones de la epopeya de los heroicos caminantes, es un compromiso histórico de todo educador colombiano seguir su ejemplo.

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omentarios

  1. el articulo contiene material dicho por otro autor y no está citado, es indispensable citar y mucho más cuando se va a publicar en Internet. El libro es La Marcha del Hambre, Epopeya de los maestros y maestras del Magdalena Grande de Carlos Rafael Estrada Pacheco. 2006

  2. Es correcta la apreciación de doña María Molano ante cualquier tema investigativo que se deba tratar, respetándose las citas y demás exigencias técnicas. Pero quiero comunicarle, que antes del libro citado por ella, está el del profesor y líder de la marcha: Rafael Roberto Hernández Pacheco, editado por mi persona en el año 2000 con el título “Marcha del hambre”con 271 páginas y más de 250 fotografías del reportero gráfico del diario El Espectador: Alfredo Pontón.El libro fue impreso por Armonías Impresores en la ciudad de Bucaramanga, con apoyo de Cooedumag.
    Este año 2014, para la feria Internacional del libro celebrada en la Capital de la República, se presentó una segunda edición corregida y con el mismo título más entrevista realizada al máximo líder de la marcha: Dr. Adalberto Carvajal Salcedo, entrevista y edición también realizada por mí, representando a la “Fundación El Macondo que soñamos”, patrocinada por Cooedumag y Fundacooedumag y autorizada por los hijos del fallecido autor, a quienes se le cancelaron sus derechos de autor. Conocí al profesor Carlos Rafael Estrada Pacheco, muy emprendedor en pro de las causas del magisterio y tengo su libro “La marcha del hambre ” , epopeya de los maestros y maestras del Magdalena Grande, dedicado por él y editado en el año 2006, con 199 páginas. Pero me apena decir, que es casi una fiel copia de la obra del profesor Rafael Roberto Hernández, si exceptuamos la presentación que de él hace más un curioso introito histórico antes de la Marcha. A partir de la página 17, el libro es exacto al del profe Harnández, con las mismas fotografías autorizadas para publicar por el reportero gráfico del famoso diario nacional. Sin embargo, el profe Hernández, tan educado y respetuoso de la amistad, no se atrevió a reclamar en público a su amigo Estrada de esta “fusilada”, como se diría en el argot periodístico, porque en el 2011, éste lo sorprendió con la edición de un libro de 72 páginas titulado: “Rafael Hernández Pacheco: el caminante heroico”. Sabían los dos, que La Marcha es un tema de todos los maestros y que ojalá todos se atrevieran a leer, empoderar y comunicar a los estudiantes del histórico hecho que por estos días cumplirá 48 años. Rafael Roberto Hernández Pacheco no está con nosotros y tampoco Carlos Rafael Estrada Pacheco, pero se fueron a la eternidad convencidos, que los jóvenes maestros conmemorarán cada año esa hazaña, sin olvidar los ideales que los motivaron. Ojalá esto lo tenga en cuenta el profesor José Cervantes Bolaño, autor del artículo cuestión, que crítica doña María Molano y que hoy ostenta el cargo de Presidente del Sindicato de Educadores del Magdalena, pero que no atiende mi llamado, cuando he ido en dos oportunidades a ofrecerle la compra del libro “Marcha del hambre”, porque mi deseo junto al de un puñado de jóvenes egresados del programa cine y audiovisuales de la Universidad del Magdalena, es realizar con la venta del libro, un gran documental para TV. que haga eco más allá de las fronteras, porque la Marcha del Hambre fue el primer experimento de huelga social, realizado en Latinoamérica, sin lanzar una piedra y sin derramar una gota de sangre. Fue la primera Marcha pacífica que se conozca, con resultados favorables a una comunidad, después de las realizadas por Mahatma Gandhi en la India. Espero haya quedado una buena ilustración y se haya despertado un buen interés de identidad por el tema. Cualquier interesado en adquirir el ejemplar, puede llamarme al cel: 301 7395697. Gracias.

  3. BUENOS DIAS, HE LEIDO CON DETENIMENTO CADA RELATO ACERCA DE LA GRAN EPOPEYA DEL MAGISTERIO MAGDALENENSE, LA MARCHA DEL HAMBRE, GESTO QUE NOS DEVOLVIO LA ESPERANZA Y COLOCO AL MAGISTERIO DEL MAGDALENA A LA VANGUARDIA EN EL PAIS.
    VIVI EN CARNE PROPIA LA ESCRITURA DEL LIBRO LA MARCHA DEL HAMBRE, ESCRITO POR MI PADRE RAFAEL HERNANDEZ, QUIEN SALIA POCO DE SU CUARTO EN LA CASA DEL BARRIO BASTIDAS EN SANTA MARTA.
    MI MADRE, AUNQUE NO NOMBRADA EN EL LIBRO, FUE GESTORA DE ESA EPOPEYA AL QUEDARSE CON NOSOTROS, CUATRO HERMANOS PEQUEÑITOS, SOLA EN LA CASA DEL BARRIO BASTIDAS.
    HOY LA RECUERDO MUCHO, A MI PADRE LO ADMIRO POR SU GESTA,
    OTRA COSA, EL PERIODISTA Y ESCRITOR RAFAEL DARIO JIMENEZ, GRAN AMIGO, LE CORRIJO: YO ALVARO, NUNCA RECIBI DINERO DE NADIE POR LO ESCRITO POR MI PADRE, POR ESO ME SIENTO MUY FELIZ. GRACIAS.

  4. Rindiendo honores y reconocimiento a los maestros protagonistas de la herónica marcha del hambre que desde Santa Marta caminaron a pie hasta Bogotá, en protesta por el desprecio que recibíamos los maestros por parte de los dirigentes políticos y todos los gobiernos que se sucedían unos a otros con la misma actitud hacia los educadores. Me tocó vivir y sufrir esas calamidades que los maestros teníamos que pasar diariamente. Sin sueldo hasta por 8 ,10 ,y más meses, nadie nos concedía un crédito, ni lográbanos conseguir un alquiler. Recuerdo que al compañero Rafael Hernández, presidente del sindicato de educadores, en ese momento, alcanzaron a desalojar a su familia,esposa y niños, porque no pagaba el arriendo o por deudas. Son demasiados los recuerdos que se agolpan en mi mente y que aún me hacen brotar lágrimas. Con mis dos niños de 4 y 3 años, mi señora madre, también maestra, y mi abuelita, nos tocó también pasar tragos muy amargos por ser maestras. Como consecuencia de la actividad sindical de mi mamá, Isabel Garzón de Avellaneda, fuimos votadas del Magisterio al año siguiente. Mi mamá era profesora en la Escuela Parroquial del Carmen, en el barrio Hola ya Herrera( Pescaíto)- y yo en el Instituto Laura Vicuña. Ambas fuimos trasladadas a unas escuelas que estaban a 8 horas a lomo de mula desde Chiriguaná. Nacía el Departamento del Cesar.Fue nuestro castigo por parte del gobierno de esa época y Secretario de Educación, Carlos Nery López. Nos tocó irnos para Cartagena, donde gracias a Dios, fuimos nombradas de inmediato.Qué delito cometimos? Ser activistas sindicales. Como yo no pude marchar hasta Bogotá, por el sarampión que le diagnosticaron a mis dos niños, al día siguiente de iniciada la marcha, mi señora madre y yo, que tocábamos tiple y bandola, acompañadas por el padre Wilches que tocaba guitarra, comenzamos a darle serenata a la gente más pudiente de Santa Marta. Después de las 3 canciones de rigor, dejábamos una tarjetita debajo de la puerta solicitándoles la colaboración para los maestros Marchantes. Y nos dio resultado. Las vocalistas eran Dora de Bernal y Clementina Sánchez, que tenían una voz maravillosa. Recuerdo que el Doctor Alfonso Campo Murcia salió esa noche a felicitarnos y darnos las gracias por esa hermosa serenata. Su aporte económico fue muy generoso, igual que los del Doctor Miguel Pinedo Vidal y Edgardo Vives, padre. Logramos que los más poderosos económica y políticamente, aportaran para la realización de esa marcha. Ellos, los más pudientes y los mismos que manejaban los hilos del poder político, también fueron partícipes de esa gesta gloriosa. Pero muy digno de destacar, era la honestidad y arrojo de los dirigentes. Recuerdo que al compañero Rafael Hernández, le ofrecieron cargos directivos en el gobierno para que desistiera de la marcha y para que traicionara al movimiento. Pero ante ese muro de dignidad que poseía el compañero Rafael, se estrellaron los corruptos de esa época.

  5. Quisiera saber sobre una anécdota de esa marcha del hambre, es sobre un perro que se unió a la marcha al cual le compusieron una canción, cómo se llamaba dicho perro y el nombre de la canción.

    1. EMIRO ANTONIO, Solidario, el perrito blanco que nos acompañó durante la marcha del hambre, era propiedad de una maestra de Chimichagua, cuando los maestro de ese municipio sureño del Magadalena, se devolvieron, el perrito continuo su marcha con nosotros, fuí uno de los primeros en percatarse del suceso, ya estábamos en San Alberto (todavía no era municipio) entonces lo adoptamos y lo bautizamos como SOLIDARIO

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