Magdalena

Gobernadora del Magdalena denuncia amenazas, presiones e insultos durante su gestión

“Hay momentos en la vida en los que el silencio deja de ser una muestra de prudencia y se convierte en una carga demasiado pesada para el alma” , así comienza su relato la Gobernadora del Magdalena, Margarita Guerra,  en su cuenta oficial de X, en donde denuncia ser victima de amenazas, presiones, descalificaciones, insultos e humillaciones de manera permanente.

Guerra afirma que el silencio dejó de ser prudencia y se convirtió en “una carga demasiado pesada para el alma”. Habla no solo como gobernadora, sino también como mujer, madre, hija y ciudadana que asumió la responsabilidad de servir “con honestidad y convicción”.

“Durante meses he soportado ataques permanentes, amenazas, presiones, descalificaciones, insultos, múltiples humillaciones y una injusta exposición pública que ha intentado de mil formas quebrantar mi carácter y mi voluntad”, escribió. Explicó que guardó silencio porque su energía debía destinarse a trabajar por el Magdalena y no a responder a quienes prefieren la confrontación, pero destacó que también tiene una familia cuya seguridad es “una prioridad irrenunciable”.

La mandataria reiteró que aceptó el cargo porque cree que el departamento merece “un modo distinto de gobernar”, lejos de intereses particulares. “El Magdalena no tiene dueño. No es de colores, no es de apellidos, ni es de sectores exclusivos”, subrayó, y aseguró que el territorio pertenece a sus mujeres, campesinos, pescadores, jóvenes, empresarios, productores, maestros, trabajadores y comunidades vulnerables.

Guerra señaló que el rumbo de un gobierno abierto, incluyente y transparente ha despertado resistencia de quienes “siguen pensando que la política debe alimentarse del enfrentamiento, del miedo y de las viejas prácticas”. Afirmó haber asumido con dignidad los costos de gobernar con autonomía, corregir lo que estaba mal y priorizar el interés general.

Mencionó específicamente que encontró oficinas y hospitales “al servicio de unos pocos, convertidas en verdaderos focos de corrupción y de negocios personales”, y sostuvo que la ética y la independencia no son negociables. Ante las amenazas, dijo confiar en “una protección superior” y en el acompañamiento de un departamento que se está dignificando con obras y acciones.

La gobernadora enfatizó que el Magdalena no tiene tiempo para “disputas estériles” mientras la gente espera soluciones: oportunidades para los jóvenes, bienestar para las familias, obras, apoyo a productores, seguridad y esperanza. Aseguró que continúan recorriendo el departamento, tejiendo alianzas y trabajando en equipo.

Cerró el mensaje con un llamado a la serenidad y la valentía: “Confío plenamente en Dios, en la fuerza de mi familia, y en el valioso apoyo del departamento del Magdalena… Continuaré trabajando con la conciencia tranquila… Seguiré siendo una Gobernadora alegre, pero también con carácter y mano fuerte para tomar las decisiones que se necesiten para corregir los errores del pasado”.

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