Columnas de opinión

El Gobierno De la Espriella necesita corregir el rumbo. Y rápido.

Por: Andrés Felipe Izquierdo

Balones con propaganda partidista en Buenaventura; un ministro de vacaciones apenas 8 días después de posesionarse y en medio de la mayor emergencia nacional de este siglo; instrucciones públicas por Twitter para sacar funcionarios por haber trabajado durante el gobierno anterior; y la decisión de prescindir de un perfil técnico para dirigir el DNP y sustituirlo por un activista de redes cuya trayectoria difícilmente guarda proporción con la responsabilidad del cargo. Por separado pueden parecer errores.

Juntos empiezan a revelar algo más preocupante: improvisación, sectarismo, falta de experiencia y confusión entre gobernar y hacer campaña.

El Estado no es un botín electoral. Las instituciones no pertenecen al partido que gana las elecciones. La Presidencia tampoco es una tarima ni las redes sociales pueden convertirse en el Consejo de Ministros. Quienes defendimos un cambio de rumbo para Colombia tenemos también la obligación republicana de exigir que ese cambio se gobierne con seriedad.

La emergencia que atraviesa el país exige funcionarios trabajando, técnicos tomando decisiones y un Presidente ejerciendo autoridad con serenidad, competencia y sentido de Estado. Gobernar una República exige mucho más que ganar elecciones, dominar la conversación digital o producir titulares.

Colombia necesita un estadista, no un showman. El Gobierno todavía está a tiempo de corregir. Pero gobernar bien comienza por entender que el Estado está por encima del partido y la República por encima del espectáculo.

Opinión publicada a través de X

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