Educación

Hito educativo: Primera cohorte de docentes Wayuu en Educación Infantil transforma la enseñanza en Colombia

Colombia es un país de enorme diversidad étnica. Esto conlleva entender que nuestro país está atravesado por grandes complejidades que nos desafían a comprenderlo no como un solo bloque, sino desde la multidimensionalidad. En Valledupar, por ejemplo, la educación infantil implica mucho más que aplicar teorías pedagógicas. En un territorio donde convergen distintas culturas y comunidades, también significa entender que no existe una única manera de concebir la infancia, la crianza, la familia, el aprendizaje o el territorio.

Esa perspectiva hace parte del trabajo de la Licenciatura en Educación Infantil de la Fundación Universitaria del Área Andina, donde la presencia de estudiantes indígenas se ha convertido en una oportunidad para fortalecer una formación docente pertinente, contextualizada e intercultural.

La mayoría de los estudiantes indígenas del programa pertenece al pueblo Wayuu, aunque también hay estudiantes Kankuamo, Wuiwa, Arhuaco y Kogui. Un elemento particular es que muchos de ellos ya ejercen como docentes en sus comunidades y territorios, y varios están vinculados al magisterio.

“Los estudiantes indígenas no solamente reciben conocimientos de la universidad: también aportan a la discusión académica sus experiencias sobre crianza, territorio, relaciones familiares, prácticas comunitarias y realidades concretas de la infancia indígena”, explica Karen Pionce, directora de la Licenciatura en Educación Infantil de la Fundación Universitaria del Área Andina de Valledupar.

El proceso tuvo un resultado significativo en el período académico 2026-10: la primera cohorte de graduados pertenecientes al pueblo Wayuu. En muchos casos, estos profesionales regresan o permanecen vinculados a sus comunidades como docentes, llevando herramientas pedagógicas, didácticas, investigativas y de gestión educativa que pueden fortalecer los procesos de formación de niñas y niños en sus territorios.

La experiencia también plantea una forma distinta de entender el conocimiento. El estudiante indígena es reconocido como portador de saberes construidos históricamente por su comunidad, generando un diálogo con el conocimiento académico alrededor de la infancia, el territorio, la cultura, la familia, la comunidad y la educación propia.

Esta mirada se refleja en la formación mediante temas como diversidad de familias y contextos de crianza, desarrollo infantil, educación inclusiva, prácticas pedagógicas contextualizadas, relación entre escuela, familia y comunidad, identidad cultural y reconocimiento de saberes propios.

El territorio, además, puede convertirse en un escenario de aprendizaje. Para muchos estudiantes indígenas, sus propias comunidades e instituciones educativas permiten conectar la formación universitaria con situaciones reales y problematizar las prácticas pedagógicas desde su contexto.

“Queremos que los futuros licenciados puedan trabajar con niños y niñas indígenas sin imponer modelos educativos descontextualizados, sino comprendiendo el territorio, respetando la identidad cultural y estableciendo un diálogo entre los referentes académicos de la educación infantil y los saberes propios de cada comunidad”, señala Pionce.

El desafío ahora es ampliar y sistematizar ese camino. El programa identifica como reto fortalecer mecanismos formales de participación de autoridades tradicionales, sabedores, docentes indígenas, egresados y representantes de las comunidades en procesos de actualización curricular, investigación, prácticas pedagógicas y proyección social.

La apuesta, en últimas, es que la interculturalidad no sea solamente una característica de los estudiantes indígenas, sino una competencia profesional para todos los licenciados que ejercerán en el territorio del Cesar y el Caribe colombiano.

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